Opinión

Las creencias y devociones despistan a Ciri

Joaquín Patón Pardina | Sábado, 26 de Septiembre del 2026
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Desde ayer disfrutando del otoño. Durante el día temperaturas agradables, para algunos gustos demasiado altas. En la madrugada hay que bajar la persiana del dormitorio, para que no entre tanto fresco.

Con una rebeca doblada en el antebrazo aparece mi compañero de cafés, prevé que al final de nuestra tertulia habrá bajado varios grados el ambiente, es escrupuloso con su vestimenta; su refrán para estos casos: “Es mejor prevenir que curar”. Así evita las visitas al galeno y medicación pertinente. Al fin y al cabo creo que peca de hipocondríaco.

Cómo se agradece la tonificación producida por el café y la fragancia de las magdalenas tiernas. En medio de este ambiente descubro que Ciri sufre algo que le inquieta. Cuando se le ausenta la oratoria acostumbrada, “algo trae en el buche”.

—Cuando quieras, amigo del alma, cuenta qué te corroe esa mente lúcida de la que haces gala en tus intervenciones inteligentes y juiciosas.

Aparentemente no le ha hecho mucha gracia mi invitación, su cara de reproche lo delata. Pasados unos segundos cambia el semblate y hasta intenta dibujar una sonrisa de acatamiento. Sabe que por encima de todo está nuestro cariño, respeto y comprensión en ambos sentidos.

Toma su tiempo, que utiliza en probar un bocado de su gollería remojado posteriormente con un incipiente trago de café.

—Me preguntas qué corroe mi mente… Te respondo: algo muy importante. Te explico: el último viernes hablamos de la necesidad de ser críticos, de saber escuchar, analizar y aceptar o rechazar según aconsejaran nuestros principios.

—Sí, así fue.

—Hablaste de un ámbito en el que la gente no utilizamos el pensamiento crítico por el que abogábamos. Ese terreno lo concretabas en las parroquias católicas y comunidades luteranas, además de otras devociones, credos o convicciones. Sus adictos admitían lo dicho por las jerarquías como algo intocable.

—Lo recuerdo perfectamente incluso los ejemplos que te puse para concretar en algo tangible y admitido sin pestañeo.

—Cuando llegué a casa comentando el tema con mi señora me di cuenta de que yo era uno de esos. Mi ejercicio crítico se detenía ante las vallas de estos temas. Pero debe ser la influencia de los años y la experiencia de vida que no me han dejado parar. Incluso pensé en telefonear  a fray Lucas, el hermano de mi cuñado con el que hemos coincido.

—Pero no lo hiciste.  Pues tengo un sustituto de tu fraile. Hay un señor que muchas tardes desde el rincón de la cafetería sigue nuestros discursos y conversaciones, incluso hemos compartido café y magdalenas con él en algún momento.  Es sacerdote secularizado ya hace bastantes años y me consta que tiene muy buena formación teológica, acompañada de un criterio admirable e imparcial, para mi opinión.

Dicho y hecho. En un santiamén Julián es invitado, acompañado y acoplado en nuestra tertulia, todo por obra y gracia del inefable Ciri y su nerviosismo activo. Encantados los tres de intercambiar opiniones y conocimientos.

—Os agradezco mucho vuestra invitación a compartir tertulia y café —comenta Julián con voz aterciopelada a la que acompaña su sonrisa perenne; disfruta de un buen puñado de años de vida junto a ricas  experiencias humana, cristiana y teológica.

—Hemos requerido tu presencia, para que nos orientes en un tema de los innumerables que tengo apuntados, de religión, filosofía o ética, no sé a qué disciplina pertenecerá cada uno.

—Es que Ciri, se toma las cosas muy a pecho, si no las entiende, se inquieta. El último día tuvimos un tema escabroso que le ha producido inquietud —aclaro al invitado—. Se ha organizado y trae algunos puntos sobre los que necesita opiniones contrastadas.

—Vamos a ello, te escucho.

—Para empezar quiero que me aclaréis tres conceptos que para mí son sinónimos o de difícil diferenciación, habiéndome pasado la semana pensando por dónde enhebrar: Fe, Devoción y Creencias. Los tres conceptos están entrelazados con la religión.

—Yo puedo aclarar la idea que tengas, amado Ciri, sobre creencia, porque roza la filosofía y la ética. Debo comenzar diciéndote que José Ortega y Gasset tiene un libro que titula “Ideas y creencias”, te aclararía totalmente tus dudas sobre el tema. Resumiendo te digo que se entiende por creencias el conjunto de hechos, ideas, convicciones o incluso previsiones, que las personas aceptamos sin exigir base científica ni contrastación lógica. Evidentemente influyen de modo decisivo en el comportamiento de las personas al ser totalmente subjetivas.

—La devoción creo que es lo más fácil y lo sé —interviene Ciri—, es un afecto que una persona tiene hacia algo que considera sagrado como imágenes de santos, de la Virgen María, objetos religiosos, se manifiesta con oraciones, actos de culto, ofrendas, etc.

—Bien aclarado, Ciri —responde Julián— ahora le toca el turno a la fe. Su definición es muy discutida. Su concepto difiere si se habla desde la filosofía o de la teología. Como estamos charlando  desde la religión nos quedamos en este campo. Yo la defino como la actitud de total confianza de una persona en otra persona, aquí añadiríamos también en Dios, es como poner el corazón o  nuestro ser verdadero en alguien. Esta acción es también una actitud subjetiva.

—Se parece mucho la fe a las creencias —duda mi compañero— ¿Cómo distingo una de las otras?

—Solo se asemejan en que son actitudes personales subjetivas. La fe radica en la confianza entre personas, mientras que las creencias admiten como válidas afirmaciones sin contrastar. Un ejemplo puede aclarar: La relación auténtica entre en una situación de noviazgo o matrimonio se fundamente en la confianza, en la fe entre ellos. Creer que me va a tocar la lotería porque tengo un pálpito entraría en las creencias.

—Julián es muy profunda la explicación que estás dando, pero no estoy seguro de haberte entendido bien del todo. ¿Podríamos continuar otro día aclarando las dudas que me surjan, porque te aseguro que me van a saltar como palomitas en sartén?

Nos reímos con esta última salido de Ciri. Coincidimos en que hay mucha gente buena, creyentes incluso que desconocen mucho de estos temas.

Terminamos con unas copas de mistela, cómo no. A la salida de la cafetería Ciri se empeña en invitarnos a unos helados. Para ir despidiéndonos, dice, hasta la temporada próxima.

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