¿ De qué huyes cuando llenas tu agenda, cuando dejas la tele encendida sin mirarla? No huyes del silencio. Huyes de ti. Y ahí empieza todo. Hay un miedo que no hace ruido. No es el del monstruo ni el de la caída. Es el que se sienta a tu lado en la tarde, cuando el móvil deja de vibrar y la casa se queda demasiado ordenada. Miedo a la soledad. No a estar solo, que aveces es un alivio . Sino a sentirse solo. A descubrir que el eco de nuestra propia voz en las habitaciones vacías es más fuerte de lo que creíamos.
Nos enseñaron a temerle como a un invierno perpetuo. Por eso llenamos agendas, dejamos la televisión encendida para que alguien hable aunque no escuchemos compañía con multitud y confundamos amor con ruido. Creemos que si estamos rodeados, estamos a salvo. Pero la soledad no es un castigo, es un espejo. Y eso es lo que aterra.
Cuando todo se apaga, nos obliga a mirarnos sin filtros, sin el aplauso prestado de los demás, no muestra las grietas que el ajetreo disimula. ¿Quién soy cuando nadie me nombra? ¿Qué queda de mí cuando no sirvo, no entretengo, no produzco ? El miedo a la soledad es, en el fondo, el miedo a no ser suficiente para nuestra propia compañía.
Y sin embargo, ahí, en ese cuarto vacío, ocurre el milagro. La soledad, si la dejamos quedarse, deja de ser un fantasma y se vuelve maestra. Nos enseña que el silencio no está vacío, está lleno de nosotros. Que la silla de enfrente no tiene por qué estar ocupada para que la tarde tenga sentido. Que aprender a habituarnos es el único modo de no abandonarnos nunca.
No cures tu soledad llenándola de cualquier cosa. Habítala. Ponle luz, sírvele un café, escucha lo que lleva años queriendo decirte. Porque cuando dejas de huir de ella, descubres que nunca estuviste solo: te tenías a ti. Y eso, créeme, es la compañía más fiel y la única que no se irá nunca.
Entre la gente, el alma está perdida, aunque mil voces llenen el camino, hay un silencio oscuro y repentino, que va apagando lentamente la vida. Se busca una mirada compartida, un gesto, una palabra, algún destino, se siente solo en medio de la vida. Y aunque la plaza se llene de alegría, hay quien camina si hallar consuelo, escondiendo su tristeza cada día.
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Sábado, 3 de Octubre del 2026
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