Hace diez años, un
grupo de organizaciones sociales de Castilla-La Mancha tomó una decisión
sencilla y a la vez valiente: dejar de caminar cada una por su lado y empezar a
hacerlo juntas. Así nació la Mesa del Tercer Sector. Nadie nos regaló nada. Nos
lo ganamos a base de reuniones interminables, de paciencia, de mucha escucha y
de una convicción compartida: que una sociedad se mide por cómo trata a quienes
más apoyo necesitan. Hoy, al cumplir una década, toca mirar atrás con orgullo.
Y toca mirar adelante con exigencia.
Hemos pasado, o estamos
en proceso, de ser una suma de voces a ser un interlocutor reconocido. La Ley
1/2020 del Tercer Sector Social de Castilla-La Mancha es el mejor ejemplo: un
marco que reconoce lo que siempre supimos, que las entidades sociales no somos
un apéndice del sistema, sino una parte esencial de él. Hemos construido
espacios de diálogo civil, hemos llevado a los despachos donde se toman las
decisiones la experiencia real de miles de profesionales, voluntarias y
voluntarios, y hemos puesto rostro y nombre a realidades que antes quedaban
invisibles en las estadísticas.
Hemos aprendido también
a ser un sector crítico pero leal. Críticos, porque callar ante lo injusto no
es lealtad, es complicidad. Leales, porque creemos en las instituciones y en la
fuerza de lo público cuando se trabaja codo con codo con quienes están cada día
en el territorio. Esa combinación, a veces incómoda, es precisamente la que nos
hace útiles.
Pero sería un error
confundir diez años de camino con una meta alcanzada. Quedan retos en varios
ámbitos que no admiten más demora.
En gobernanza necesitamos
que el diálogo civil deje de depender de la voluntad de cada momento y se
convierta en una práctica estable, estructurada y exigible. Participar no es
ser informado a última hora ni opinar sobre textos ya cerrados. Participar es
estar desde el principio, con capacidad real de influir en las decisiones que
afectan a las personas a las que representamos.
Otro reto es la participación.
Un tercer sector fuerte necesita que las propias personas protagonistas, con
discapacidad, mayores, infancia, personas migrantes, familias en situación de
pobreza, tengan voz propia, y no solo representada. Nada sobre ellas sin ellas
no es un eslogan, es un método de trabajo.
Pedimos una mayor sostenibilidad.
No se puede sostener la atención a las personas más vulnerables con entidades
financieramente al límite. Hablamos de estabilidad en la financiación, de
plazos de pago razonables, de convocatorias que no condenen a la incertidumbre
anual a quienes prestan servicios esenciales, y de condiciones dignas para las
profesionales que sostienen, con su vocación, buena parte del sistema de
cuidados. Las entidades no pedimos favores: pedimos las condiciones necesarias
para seguir cumpliendo una función que la sociedad nos encomienda.
Y, por último, diálogo
civil ya que esta es nuestra seña de identidad y nuestra mayor reivindicación.
Entre administraciones y sociedad civil organizada debe existir una relación de
respeto mutuo, con reglas claras, interlocución permanente y evaluación
compartida de los resultados.
Pero estamos en un
momento que exige altura de miras. Celebramos este aniversario en un contexto
complicado. Con unas elecciones generales recién convocadas, el ruido va a
crecer y la tentación de la confrontación permanente también. Conviene decirlo
con claridad desde el principio: la Mesa del Tercer Sector mantiene y mantendrá
una neutralidad firme. No pertenecemos a ningún partido ni pedimos el voto para
ninguno.
Neutralidad que, hay
que decirlo, no es equidistancia, y no vamos a confundir ambas cosas. Somos
neutrales ante las siglas, no ante los derechos humanos. No lo somos ante la
pobreza, la exclusión, la discriminación o la vulneración de derechos de
cualquier persona. Ahí estamos, y ahí estaremos, con quien lo necesite,
gobierne quien gobierne. Nuestra vara de medir no es el color político, sino la
justicia social y la dignidad de las personas.
Por eso pedimos a todas
las fuerzas políticas que bajen el tono y suban la responsabilidad. La gente
que acude cada día a nuestras entidades no vive en la polarización: vive en la
lista de espera, en la vivienda inaccesible, en el trabajo precario, en la
soledad no deseada, en la barrera que le impide entrar en un edificio o acceder
a un servicio. Sus problemas son reales y urgentes, y no se resuelven con
gritos, sino con acuerdos. Pedimos pactos de Estado y de región para lo
esencial, diálogo sincero con quien piensa distinto y la humildad de reconocer
que ningún problema social se arregla en una sola legislatura ni desde un solo punto
de vista.
Seguiremos aquí diez
años después. la Mesa del Tercer Sector sigue teniendo la misma razón de ser:
sumar voces para construir derechos. Lo haremos con la cercanía de quien conoce
el territorio, con la firmeza de quien defiende lo que es justo y con la mano
tendida de quien sabe que los avances duraderos nacen del encuentro y no de la
trinchera.
A las organizaciones, a
los equipos profesionales, al voluntariado y a las personas que dan sentido a
todo esto: gracias. A quienes tienen responsabilidades públicas: aquí estamos,
con propuestas, con experiencia y con ganas de trabajar. Y a la sociedad
castellanomanchega: cuenten con nosotros, como nosotros contamos con ustedes. Porque
si algo hemos aprendido en estos diez años es que cuando las voces se suman,
los derechos avanzan.
José Antonio Romero Manzanares
Presidente de la Mesa del Tercer Sector de Castilla-La Mancha
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