Vuelves, J. J. Guardia Polaino, a deleitarnos con tu
creación poética. Ayer vio la luz tu nuevo poemario, Desahuciado Ángel
(Ediciones C&G), arropado por ese numeroso público amigo que te acompaña
siempre que lo necesitas. Este nuevo libro es el colofón de una obra que has
dado en llamar la Trilogía de los exilios.
Después de nueve poemarios publicados, puedo decir que has
hecho de la creación literaria casi una forma de vida. Para ti, la escritura es
la conexión con todo lo que te rodea a través de una empatía casi biológica, que
te impulsa a plasmarla en este nuevo libro.
Y yo, que te conozco bien, sé que escribes ambicionando
siempre la forma más perfecta de llegar al corazón de tus lectores. Corriges
continuamente textos que para otros poetas ya serían definitivos.
Si quisiera pecar de adulador, diría que eres solo poesía,
solo lírica definida; pero sé que no es así. Sé que eres y has sido muchas más
cosas: buen padre, buen esposo y un gran amigo mío. Y, aun así, las palabras
también te necesitan, poeta. Necesitan el baluarte de tu divulgación; has de
llevarlas siempre a tu lado. Consecuentemente, se sienten protegidas, no
olvidadas ni despreciadas, como por desgracia es costumbre escucharlas. Eres tú
su cuidador, su protector solemne, porque mucha de esa gravedad y de ese boato
se lo has ido regalando en todos tus libros publicados. Libros que son un
homenaje a ellas, a su procedencia y a su identidad. Así, construyendo tu obra
sin descanso, has ido calmando tu alma y cultivando tu espíritu, pero también tu
persona. Alma y cuerpo laborando juntos en la misma dirección: el recorrido
poético de tu vida.
Y qué bien lo dices (pág. 53): qué culpables somos al
negarnos a cargar las balas de palabras; cuánto mejor le hubiera ido al mundo.
Cuánta sangre se habría ahorrado durante siglos y siglos de contiendas. Y es
que en este libro hay mucho de sangre. Ya lo hubo en los anteriores de fuego y
de ceniza. Sangre heredera y súbdita del mundo y sus locuras. Sangre injusta
que te devora por dentro, poeta.
Por el dolor notamos que vivimos. Por el tuyo, yo sé lo
mucho que has sufrido y cuán intensa es tu vida (pág. 64).
Quiere el tiempo desbordar tu memoria, poeta (pág. 93). Ese
tiempo que ha de sujetar el presente, pues no hay remedio para el alma agotada.
Ya no cotizan en tu interior los acontecimientos pasados. Este viaje está casi
concluso; pero no desfallezcas, amigo, que días felices aún te aguardan. Nadie
debe, ni puede, volver atrás. La nieve que impregnó nuestros pasos ya se ha
fundido, y el camino ahora es vario y entrelazado. Convéncete, siéntete
orgulloso. No te arrumbes, has de llegar invicto al último ceremonial.
Larga vida para este Desahuciado
Ángel. Larga vida para ti, amigo.
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Domingo, 11 de Octubre del 2026
Lunes, 12 de Octubre del 2026