Tomelloso

Ángela Blanco Jareño encuentra en la poesía su propia luz: «El faro que se tiene que encender es el de dentro»

Entrevistamos a la autora e ilustradora tomellosera que presenta este viernes en la Biblioteca García Pavón “Hay faros que nunca se apagan”, su primer poemario, en el que aborda el duelo y la búsqueda de la propia luz a través de la poesía y la ilustración

Francisco Navarro | Jueves, 22 de Octubre del 2026
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Ángela Blanco Jareño está nerviosa. Y no es para menos, este viernes le toca la puesta de largo de su primera incursión literaria, Hay faros que nunca se apagan, un poemario ilustrado en el que ha volcado emociones, vivencias y sentimientos que durante mucho tiempo le costó expresar. Delante de un café, Ángela habla de su libro con ilusión, aunque no oculta los nervios ante una presentación que la sacará de su zona de confort. Hasta ahora, muchas de las cosas que ha escrito pertenecían a ese territorio íntimo que uno no siempre se atreve a mostrar a los demás.

Con ella, como con tantos jóvenes que hemos conocido a lo largo de los años en esta profesión, vuelve a desmontarse el tópico de una generación a la que tantas veces se juzga sin escucharla. Nacida en Tomelloso en 1998, diseñadora e ilustradora, ha encontrado en la poesía y el dibujo dos formas de contar lo que lleva dentro. Este viernes, en la Biblioteca Municipal Francisco García Pavón, dará el paso de compartirlo con los lectores. A esa cita llega también con otra satisfacción, es la autora del cartel del Mes de las Bibliotecas de Tomelloso.

— Acaba de publicar Hay faros que nunca se apagan. ¿Qué supone para usted dar este paso?

— Es la primera vez que publico y estoy bastante ilusionada. El libro es un recorrido emocional que cuenta una historia de duelo y mi manera de expresar lo que sentía, tanto por escrito como a través de las ilustraciones.

— ¿Cómo empezó a tomar forma?

— Estaba pasando un año difícil y pensé que quizá podía sacar algo de aquella experiencia dolorosa y transmitirlo en un libro. Al principio tenía los poemas sueltos, guardados en el ordenador, casi escondidos. Poco a poco fui reuniéndolos y buscando la manera de que formaran un todo. Me llevó más de un año.

— ¿Le costó decidirse a compartir algo tan personal?

— Sí, porque es difícil mostrar lo que uno lleva dentro sin filtros. Escribía sobre sentimientos que en su momento no había podido expresar a nadie. Al principio me preguntaba si aquellos textos estaban bien, si tenían sentido o si alguien pensaría que no eran suficientemente buenos.

— ¿Llegó a sentir el síndrome del impostor?

— Sí, me sentía un poco impostora. No terminaba de creerme capaz de escribir aquellos textos. Con el tiempo, esas inseguridades se fueron diluyendo. No es lo mismo tener 20 años que acercarse a los 30. Vas madurando, te abres más y te importa menos lo que puedan decir los demás. Creo que también aprendes a ser más honesta contigo misma.

— ¿Por qué eligió la poesía para expresar lo que estaba viviendo?

— Me gusta desde que era adolescente. Siempre me han atraído las rimas, las metáforas y el simbolismo. También me han inspirado autores como Federico García Lorca. La poesía me permite desatar más mi creatividad; creo que, si escribiera en prosa, quizá no sería tan imaginativa.

— ¿Cómo es ese proceso creativo?

— Hay muchos bocetos, textos que borras y vuelves a escribir. También te emocionas por el camino, porque no es fácil enseñar lo que llevas dentro sin filtros. En mi caso, esa parte emocional está muy presente. Soy una ilustradora a la que le gusta transmitir sentimientos en cada trazo.


— ¿Las ilustraciones nacieron para acompañar los poemas o fueron surgiendo al mismo tiempo?

— Muchas veces, cuando necesitaba expresar un sentimiento, primero lo escribía. Después pensaba que podía convertirlo en una ilustración. Pero el dibujo no tenía por qué limitarse a acompañar al texto: también podía tener su propio significado y dialogar con él. Hay cosas en mis ilustraciones que no están directamente relacionadas con lo que dice el poema. Me gusta que tengan cierta independencia, que cada una aporte algo diferente.

— Ha estudiado Diseño de Producto e Ilustración. ¿De qué manera conviven esas dos disciplinas en su trabajo?

— Estudiar en la Escuela de Arte me ha ayudado muchísimo. Primero hice Diseño de Producto y después Ilustración. Me gustó mucho esa segunda etapa y acabé mezclando los dos ámbitos. En mis trabajos se unen el diseño y una ilustración muy emocional.

— ¿Cómo definiría su estilo?

— Es un estilo un poco surrealista. Me gusta mezclar fantasía, descomponer los objetos y jugar con sus formas. Salvador Dalí me interesa mucho, y también me atrae la introspección, tanto la mía como la de los demás.

Me inspiran elementos de la naturaleza, como los árboles, las mariposas y los insectos. Y hay lugares de Tomelloso que también han terminado formando parte de ese universo.

— ¿Hay alguno especialmente ligado al libro?

— Sí. Cerca del barrio Nuevo Tomelloso hay un olivo muy grande al que iba cuando necesitaba un rato para reflexionar. Me sentaba allí y pensaba sobre mi vida y mis procesos internos. Cuando me sentía sola o estaba pasando por un momento complicado, aquel árbol era un lugar especial para mí.

— El título del poemario remite a una luz que permanece encendida incluso en la oscuridad. ¿De dónde surgió la idea?

— Me gusta mucho escuchar música y hubo una canción que me inspiró especialmente: Headlights, de Alan Walker. Habla de alguien que intenta encontrarse en la oscuridad y pude llevar esa idea al universo del libro.

Después me hice un tatuaje relacionado con el título y, más adelante, empecé a enviar el poemario a editoriales.

— ¿Qué significa ese faro para usted?

— Para mí no representa tanto una luz externa como una luz interior. Quiero transmitir que el faro que tiene que encenderse es el de dentro. El camino debe ir de dentro hacia fuera, no de fuera hacia dentro.

Las personas pueden ayudarte, claro, pero hay momentos en los que no pueden salvarte. Entonces tienes que salvarte a ti mismo.


— Encontrar una editorial tampoco debió de ser sencillo. ¿Cómo vivió ese proceso?

— Me dio bastantes dolores de cabeza. Envié el libro a varias editoriales y recibí alguna respuesta negativa. Una me dijo que los textos eran demasiado breves y que tenía que ampliar el libro, así que me puse a trabajar en ello.

La tercera vez lo envié a Editorial Loto Azul. Me dijeron que encajaba en su catálogo y que podíamos empezar el proceso editorial. Me emocioné muchísimo, aunque también sentí incredulidad. Era como si no terminara de creérmelo.

— ¿Y cuándo empezó a compartirlo con las personas cercanas?

— Tardé un poco en darles ejemplares a mis amigos. Me daba cierta vergüenza porque en el poemario me desnudo prácticamente el alma. Pero me dijeron que había hecho bien en mostrarlo al mundo y que siguiera escribiendo. Me animaron mucho.

— ¿Qué escritores e ilustradores le sirven de referencia?

— En literatura me gusta mucho Chris Pueyo. Hay un libro suyo que me inspiró bastante por la manera tan bonita y tan desnuda que tiene de expresar las cosas.

En ilustración me gusta Naranjalidad, por sus colores tan saturados, los tonos naranjas y su manera de trabajar con cabezas y elementos naturales. Son artistas de los que aprendo y tomo referencias, aunque después intento llevarlas a mi propio lenguaje.

— La poesía suele tener menos espacio en las conversaciones sobre libros que otros géneros. ¿Cómo le gustaría acercarla a nuevos lectores?

— Es verdad que tiene un nicho un poco complicado. Hay gente que prefiere otros tipos de lectura, como la ciencia ficción. Pero mi libro también tiene algo de ficción, así que invito a la gente a leerlo y a reflexionar.

— ¿Qué espera que encuentre cada lector?

— Me gustaría que reflexionara conmigo, pero también que sacara sus propias conclusiones a partir de sus experiencias. Yo tengo mi interpretación del libro, pero espero que cada persona encuentre la suya.

— Su poesía apuesta por un lenguaje cotidiano, sin demasiados adornos. ¿Busca precisamente esa cercanía?

— Sí. Mi poesía no es muy ornamental. Puede haber algún verso más elaborado, pero me gusta decir las cosas de una forma que entienda todo el mundo, con mi manera cotidiana de hablar. Quiero que sea cercana y que no necesite demasiados adornos para transmitir lo que siento.

Creo que puede empezar a leerse a partir de los 15 o 16 años. Me gustaría que llegara a personas diferentes y que cada una encontrara algo propio.

— Este viernes presenta el libro en la Biblioteca Municipal Francisco García Pavón. ¿Cómo afronta ese encuentro con los lectores?

— Estoy contenta y muy nerviosa al mismo tiempo. Casi nunca he hablado en público y me cuesta bastante, aunque es algo que estoy trabajando y que voy mejorando día a día. Seguramente me suden las manos durante la presentación, pero intentaré hacerlo lo mejor que pueda.

— Además, ha creado el cartel del Mes de las Bibliotecas 2026. ¿Qué ha supuesto participar también en ese proyecto?

— Ha sido especial poder hacer el cartel al mismo tiempo que publico mi primer libro. En mi trabajo me gusta jugar con la fantasía, el simbolismo y la introspección, así que he podido llevar parte de mi universo creativo a esa imagen.

— Tomelloso cuenta con una larga tradición literaria y artística. ¿Cómo ve el panorama creativo de la localidad?

— Es peculiar que aquí se concentre tanta gente artista. Pero también hay muchas personas con talento que no tienen suficiente visibilidad y que deberían tenerla un poco más.

— ¿Qué proyectos tiene ahora entre manos?

— Estoy desarrollando un proyecto propio que se llama Pirovian, un estudio creativo que todavía no es una empresa como tal. Trabajo con pirografía y pirograbado para eventos, especialmente bodas y detalles personalizados.

También estoy preparando una colección relacionada con el universo del libro y otra línea que sigue mi estilo, con elementos como cabezas abiertas y estructuras fragmentadas, que puedo adaptar a los clientes.

La artesanía siempre me ha gustado. Disfruto trabajando con las manos y también estoy practicando con la arcilla.

— Después de todo lo que ha supuesto este primer libro, ¿se imagina escribiendo otro?

— Me gustaría seguir desarrollando mi trabajo creativo. Mis amigos me han animado a continuar y ahora estoy centrada en estos proyectos, la ilustración y la artesanía, que son ámbitos que también se relacionan entre sí.

— Si el lector se queda con una sola idea después de leer Hay faros que nunca se apagan, ¿cuál le gustaría que fuera?

— Que el faro que tiene que encenderse es el de dentro. Que, aunque haya momentos en los que te sientas perdido, tienes que intentar encontrarte a ti mismo y descubrir tu propia luz. Y que cada lector pueda hacerlo a su manera, desde lo que haya vivido.



Hay faros que nunca se apagan, de Ángela Blanco Jareño, se presenta el viernes 23 de octubre, a las 19:30 horas, en la Biblioteca Municipal Francisco García Pavón de Tomelloso, dentro de la programación del Mes de las Bibliotecas 2026. Publicado por Editorial Loto Azul, el poemario puede adquirirse a través de la editorial, en librerías y en plataformas de venta de libros.

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