Ángela Blanco Jareño está nerviosa. Y no es para menos, este viernes le toca
la puesta de largo de su primera incursión literaria, Hay
faros que nunca se apagan, un poemario ilustrado en el que ha volcado
emociones, vivencias y sentimientos que durante mucho tiempo le costó expresar.
Delante de un café, Ángela habla de su libro con ilusión, aunque no oculta los
nervios ante una presentación que la sacará de su zona de confort. Hasta ahora,
muchas de las cosas que ha escrito pertenecían a ese territorio íntimo que uno
no siempre se atreve a mostrar a los demás.
Con ella, como con tantos jóvenes que hemos conocido a lo largo de los años
en esta profesión, vuelve a desmontarse el tópico de una generación a
la que tantas veces se juzga sin escucharla. Nacida en Tomelloso en
1998, diseñadora e ilustradora, ha encontrado en la poesía y el dibujo dos
formas de contar lo que lleva dentro. Este viernes, en la Biblioteca
Municipal Francisco García Pavón, dará el paso de compartirlo con los
lectores. A esa cita llega también con otra satisfacción, es la autora del
cartel del Mes de las Bibliotecas de Tomelloso.
— Acaba
de publicar Hay faros que nunca se apagan. ¿Qué supone para usted dar
este paso?
— Es la
primera vez que publico y estoy bastante ilusionada. El libro es un recorrido
emocional que cuenta una historia de duelo y mi manera de expresar lo que
sentía, tanto por escrito como a través de las ilustraciones.
— ¿Cómo
empezó a tomar forma?
— Estaba
pasando un año difícil y pensé que quizá podía sacar algo de aquella experiencia
dolorosa y transmitirlo en un libro. Al principio tenía los poemas sueltos,
guardados en el ordenador, casi escondidos. Poco a poco fui reuniéndolos y
buscando la manera de que formaran un todo. Me llevó más de un año.
— ¿Le
costó decidirse a compartir algo tan personal?
— Sí, porque
es difícil mostrar lo que uno lleva dentro sin filtros. Escribía sobre
sentimientos que en su momento no había podido expresar a nadie. Al principio
me preguntaba si aquellos textos estaban bien, si tenían sentido o si alguien
pensaría que no eran suficientemente buenos.
— ¿Llegó
a sentir el síndrome del impostor?
— Sí, me
sentía un poco impostora. No terminaba de creerme capaz de escribir aquellos
textos. Con el tiempo, esas inseguridades se fueron diluyendo. No es lo mismo
tener 20 años que acercarse a los 30. Vas madurando, te abres más y te importa
menos lo que puedan decir los demás. Creo que también aprendes a ser más
honesta contigo misma.
— ¿Por
qué eligió la poesía para expresar lo que estaba viviendo?
— Me gusta
desde que era adolescente. Siempre me han atraído las rimas, las metáforas y el
simbolismo. También me han inspirado autores como Federico García Lorca. La
poesía me permite desatar más mi creatividad; creo que, si escribiera en prosa,
quizá no sería tan imaginativa.
— ¿Cómo
es ese proceso creativo?
— Hay muchos bocetos, textos que borras y vuelves a escribir. También te emocionas por el camino, porque no es fácil enseñar lo que llevas dentro sin filtros. En mi caso, esa parte emocional está muy presente. Soy una ilustradora a la que le gusta transmitir sentimientos en cada trazo.
— ¿Las
ilustraciones nacieron para acompañar los poemas o fueron surgiendo al mismo
tiempo?
— Muchas
veces, cuando necesitaba expresar un sentimiento, primero lo escribía. Después
pensaba que podía convertirlo en una ilustración. Pero el dibujo no tenía por
qué limitarse a acompañar al texto: también podía tener su propio significado y
dialogar con él. Hay cosas en mis ilustraciones que no están directamente
relacionadas con lo que dice el poema. Me gusta que tengan cierta
independencia, que cada una aporte algo diferente.
— Ha
estudiado Diseño de Producto e Ilustración. ¿De qué manera conviven esas dos
disciplinas en su trabajo?
— Estudiar
en la Escuela de Arte me ha ayudado muchísimo. Primero hice Diseño de Producto
y después Ilustración. Me gustó mucho esa segunda etapa y acabé mezclando los
dos ámbitos. En mis trabajos se unen el diseño y una ilustración muy emocional.
— ¿Cómo
definiría su estilo?
— Es un
estilo un poco surrealista. Me gusta mezclar fantasía, descomponer los objetos
y jugar con sus formas. Salvador Dalí me interesa mucho, y también me atrae la
introspección, tanto la mía como la de los demás.
Me inspiran
elementos de la naturaleza, como los árboles, las mariposas y los insectos. Y
hay lugares de Tomelloso que también han terminado formando parte de ese
universo.
— ¿Hay
alguno especialmente ligado al libro?
— Sí. Cerca
del barrio Nuevo Tomelloso hay un olivo muy grande al que iba cuando necesitaba
un rato para reflexionar. Me sentaba allí y pensaba sobre mi vida y mis
procesos internos. Cuando me sentía sola o estaba pasando por un momento
complicado, aquel árbol era un lugar especial para mí.
— El
título del poemario remite a una luz que permanece encendida incluso en la
oscuridad. ¿De dónde surgió la idea?
— Me gusta
mucho escuchar música y hubo una canción que me inspiró especialmente: Headlights,
de Alan Walker. Habla de alguien que intenta encontrarse en la oscuridad y pude
llevar esa idea al universo del libro.
Después me
hice un tatuaje relacionado con el título y, más adelante, empecé a enviar el
poemario a editoriales.
— ¿Qué
significa ese faro para usted?
— Para mí no
representa tanto una luz externa como una luz interior. Quiero transmitir que
el faro que tiene que encenderse es el de dentro. El camino debe ir de dentro
hacia fuera, no de fuera hacia dentro.
Las personas pueden ayudarte, claro, pero hay momentos en los que no pueden salvarte. Entonces tienes que salvarte a ti mismo.
— Encontrar
una editorial tampoco debió de ser sencillo. ¿Cómo vivió ese proceso?
— Me dio
bastantes dolores de cabeza. Envié el libro a varias editoriales y recibí
alguna respuesta negativa. Una me dijo que los textos eran demasiado breves y
que tenía que ampliar el libro, así que me puse a trabajar en ello.
La tercera
vez lo envié a Editorial Loto Azul. Me dijeron que encajaba en su catálogo y
que podíamos empezar el proceso editorial. Me emocioné muchísimo, aunque
también sentí incredulidad. Era como si no terminara de creérmelo.
— ¿Y
cuándo empezó a compartirlo con las personas cercanas?
— Tardé un
poco en darles ejemplares a mis amigos. Me daba cierta vergüenza porque en el
poemario me desnudo prácticamente el alma. Pero me dijeron que había hecho bien
en mostrarlo al mundo y que siguiera escribiendo. Me animaron mucho.
— ¿Qué
escritores e ilustradores le sirven de referencia?
— En
literatura me gusta mucho Chris Pueyo. Hay un libro suyo que me inspiró
bastante por la manera tan bonita y tan desnuda que tiene de expresar las
cosas.
En
ilustración me gusta Naranjalidad, por sus colores tan saturados, los tonos
naranjas y su manera de trabajar con cabezas y elementos naturales. Son
artistas de los que aprendo y tomo referencias, aunque después intento
llevarlas a mi propio lenguaje.
— La
poesía suele tener menos espacio en las conversaciones sobre libros que otros
géneros. ¿Cómo le gustaría acercarla a nuevos lectores?
— Es verdad
que tiene un nicho un poco complicado. Hay gente que prefiere otros tipos de
lectura, como la ciencia ficción. Pero mi libro también tiene algo de ficción,
así que invito a la gente a leerlo y a reflexionar.
— ¿Qué
espera que encuentre cada lector?
— Me
gustaría que reflexionara conmigo, pero también que sacara sus propias
conclusiones a partir de sus experiencias. Yo tengo mi interpretación del
libro, pero espero que cada persona encuentre la suya.
— Su
poesía apuesta por un lenguaje cotidiano, sin demasiados adornos. ¿Busca
precisamente esa cercanía?
— Sí. Mi
poesía no es muy ornamental. Puede haber algún verso más elaborado, pero me
gusta decir las cosas de una forma que entienda todo el mundo, con mi manera
cotidiana de hablar. Quiero que sea cercana y que no necesite demasiados
adornos para transmitir lo que siento.
Creo que
puede empezar a leerse a partir de los 15 o 16 años. Me gustaría que llegara a
personas diferentes y que cada una encontrara algo propio.
— Este
viernes presenta el libro en la Biblioteca Municipal Francisco García Pavón.
¿Cómo afronta ese encuentro con los lectores?
— Estoy
contenta y muy nerviosa al mismo tiempo. Casi nunca he hablado en público y me
cuesta bastante, aunque es algo que estoy trabajando y que voy mejorando día a
día. Seguramente me suden las manos durante la presentación, pero intentaré
hacerlo lo mejor que pueda.
— Además,
ha creado el cartel del Mes de las Bibliotecas 2026. ¿Qué ha supuesto
participar también en ese proyecto?
— Ha sido
especial poder hacer el cartel al mismo tiempo que publico mi primer libro. En
mi trabajo me gusta jugar con la fantasía, el simbolismo y la introspección,
así que he podido llevar parte de mi universo creativo a esa imagen.
— Tomelloso
cuenta con una larga tradición literaria y artística. ¿Cómo ve el panorama
creativo de la localidad?
— Es
peculiar que aquí se concentre tanta gente artista. Pero también hay muchas
personas con talento que no tienen suficiente visibilidad y que deberían
tenerla un poco más.
— ¿Qué
proyectos tiene ahora entre manos?
— Estoy
desarrollando un proyecto propio que se llama Pirovian, un estudio creativo que
todavía no es una empresa como tal. Trabajo con pirografía y pirograbado para
eventos, especialmente bodas y detalles personalizados.
También
estoy preparando una colección relacionada con el universo del libro y otra
línea que sigue mi estilo, con elementos como cabezas abiertas y estructuras
fragmentadas, que puedo adaptar a los clientes.
La artesanía
siempre me ha gustado. Disfruto trabajando con las manos y también estoy
practicando con la arcilla.
— Después
de todo lo que ha supuesto este primer libro, ¿se imagina escribiendo otro?
— Me
gustaría seguir desarrollando mi trabajo creativo. Mis amigos me han animado a
continuar y ahora estoy centrada en estos proyectos, la ilustración y la
artesanía, que son ámbitos que también se relacionan entre sí.
— Si el
lector se queda con una sola idea después de leer Hay faros que nunca se
apagan, ¿cuál le gustaría que fuera?
— Que el faro que tiene que encenderse es el de dentro. Que, aunque haya momentos en los que te sientas perdido, tienes que intentar encontrarte a ti mismo y descubrir tu propia luz. Y que cada lector pueda hacerlo a su manera, desde lo que haya vivido.
Hay faros
que nunca se apagan, de Ángela
Blanco Jareño, se presenta el viernes 23 de octubre, a las 19:30 horas, en la
Biblioteca Municipal Francisco García Pavón de Tomelloso, dentro de la
programación del Mes de las Bibliotecas 2026. Publicado por Editorial Loto
Azul, el poemario puede adquirirse a través de la editorial, en librerías y en
plataformas de venta de libros.
{{comentario.contenido}}
Eliminar Comentario
"{{comentariohijo.contenido}}"
Eliminar Comentario
Jueves, 22 de Octubre del 2026
Jueves, 22 de Octubre del 2026
Miércoles, 21 de Octubre del 2026
Jueves, 22 de Octubre del 2026