Opinión

Ciri desconoce a Nietzsche

Joaquín Patón Pardina | Sábado, 24 de Octubre del 2026
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Entre los comentarios que venimos contándonos sobresale, a opinión de Ciri, el asunto de la utilización de la IA de la que hablábamos el viernes pasado.

—Hasta las cencerretas, como decimos en Villahermosa, estoy ya del asunto de las elecciones, compañero del alma; aunque para que me entiendas mejor, usaré otra expresión sinónima que utilizamos en Tomelloso estoy hasta  el corcho. Qué paliza continua en los informativos. Y hasta ahora no me he enterado nada más que de los insultos, las críticas y descalificaciones de unos para con otros. De lo que importa a los ciudadanos “ni mú”, promesas vacías que ni ellos las creen.

—Pues ya somos dos, pero, amigo Joaquín hemos venido a solazarnos con nuestra amistad, los cafés con magdalenas y nuestros comentarios. Así pues cambiamos de dirección.

—¡Estoy contigo! ¡Ni quinientas palabras más!

—La otra noche, serían sobre las cuatro,  me desvelé, cosa que ocurre a los que somos entrados en años; me contaba mi abuela que cuando le pasaba eso comenzaba a rezar el rosario y se dormía enseguida. Se me agolpaban recuerdos de infinidad de géneros, hubo una frase que en su tiempo me impactó sobremanera y no pude quitármela de la cabeza: “Dios ha muerto”. Como para ponerme a rezar con esa frase en la mente.

—Ciri esa afirmación es famosísima. La escribió Friedrich Nietzsche en uno de sus libros como “Así habló Zaratustra” y me quiere sonar también en “La gaya ciencia” .

—Es propia de una persona atea, que no quiere relación con Dios y prefiere afirmar que ha muerto. Y que conste que yo soy cristiano y católico.

—Cero en filosofía, compañero. Los tiros van por otro lado. Pensándolo mejor, te podría un sufi raspado en contraprestación, porque durante algún tiempo calificaron esta expresión como ateísmo activo.

Queridos lectora y lector, los ojos de Ciri no llegan a comprender mi cambio de sentencia aunque sea jocosa, mueve la cabeza en varios sentidos como diciendo “estás ido de la azotea”. Se encierra en saborear los manjares que tiene delante y durante unos momentos me ignora.

—Perdona, compañero, si me atiendes, te explico, pero abre los oídos bien.

—Explica los tengo de par en par —argumenta el camarada con poca alegría.

—Cuando Nietzsche habla de la muerte de Dios no se refiere al Dios en el que tú y yo creemos. Desde ahora cada palabra tiene un significado muy específico. Ese Dios para la sociedad occidental ha sido el sostén del comportamiento humano y social, es decir de la moral. Las normas de convivencia se apoyaban en mandatos, que según los creyentes, había dado el Dios del Antiguo Testamento. Te recuerdo los Diez Mandamiento y su definitiva influencia para judíos y cristianos.

—Así lo creo yo —asegura Ciri muy serio.

—Cuando tiene lugar el avance científico (siglos XVI-XVII) y posteriormente La Ilustración o El Siglo de las Luces, se pasa a dar explicación científica y razonada de todo lo que rodea al hombre, desde el universo hasta su propia existencia, de modo que se dejan de lado las interpretaciones que hasta el momento había dado la religión. Yo opino que fueron los clérigos dirigentes  los que más influyeron, apoyándose en la religión, aportaban las conclusiones, ahora desechadas: dogmas, creencias, supersticiones…

—O sea que las explicaciones del  mundo y el hombre fundamentadas en la fe se apartan para dar paso a las de la  ciencia y la razón.

—Así es. Te recuerdo que no hace mucho estuvimos hablando de creencias, fe, devociones. Algo que deberíamos comentar es la diferencia entre Dios como Ser en sí mismo y el concepto que las personas tenemos de Dios. Utilizando el antropomorfismo hemos creado un dios a imagen nuestra que nada tiene en común con el de verdad.

—Es algo que me hace pensar y me crea muchos problemas de cabeza —añade Ciri con mucha preocupación en la cara.

—La última aclaración, compañero: En la mente de Nietzsche no está la figura de Dios muerto e incluso ni se imagina un catafalco con el cadáver de Dios fulminado por la razón; sino la afirmación de que las personas hemos desarrollado la mente y la razón intelectual y el nivel científico por lo que ya no necesitamos un dios que nos de la solución de los problemas matemáticos  o humanos. A este dios solucionador de los problemas se le llama comúnmente y de modo vulgar “dios fontanero”; nos resuelve las “averías” que surgen en el  vivir común.

—Demasiado sesuda vuestra reunión de hoy, ahí está que cada quien repiense y concluya —es Julián que se ha acercado hasta nosotros— os invito a una copita de esa mistela tan rica que tenéis por aquí.

No nos oponemos ni a la opinión del amigo ni a su invitación. Descorremos el telón y sonreímos con la petición de que nos cuente el último chiste que haya oído.

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