Mantener abierto un
consultorio en un pueblo de la Serranía de Cuenca, trasladar a un paciente
desde la comarca de La Jara hasta un hospital o llevar cada mañana a los niños
de varias pedanías a su colegio no cuesta lo mismo que prestar esos servicios
en una gran ciudad. Lo sabe cualquier gestor sanitario o educativo, y lo
confirman los datos: en la provincia de Guadalajara, el coste de la atención primaria
por habitante fue en 2017 de 432 euros fuera del Corredor del Henares, frente a
168 euros dentro de él. Sin embargo, el sistema con el que el Estado reparte
los recursos entre las comunidades autónomas apenas lo tiene en cuenta.
Ese reparto se basa en la
llamada población ajustada, un indicador que pondera a los habitantes de cada
comunidad según su edad y algunos factores territoriales para aproximar lo que
cuesta atender su sanidad, su educación y sus servicios sociales. La fórmula se
fijó en 2009 y no se ha revisado desde entonces. En ella, la superficie pesa un
1,8 %, aunque Castilla-La Mancha ocupa casi una sexta parte del territorio de
las comunidades de régimen común. El resultado es conocido: nuestra región está
entre las peor financiadas de España. En 2024 recibió por habitante ajustado
casi un 3 % menos que la media, y entre 2009 y 2023, en los once años en que
quedó por debajo de ella, dejó de percibir 1.142 millones de euros respecto a
la financiación media.
Conviene subrayarlo,
porque con frecuencia se atribuye la infrafinanciación a problemas de gestión.
Los datos apuntan a otra explicación: una capacidad tributaria por habitante
ajustado más de veinte puntos inferior a la media, que el sistema no compensa
del todo, y una medición deficiente de las necesidades. La investigación que
hemos desarrollado en la Universidad de Castilla-La Mancha aplica a la fórmula
las recomendaciones de la Comisión de Expertos que en 2017 estudió la reforma
del sistema, entre ellas reconocer el coste del territorio dentro del gasto
sanitario. Castilla-La Mancha es la comunidad que más saldría ganando: su
población ajustada aumentaría en unos 94.000 habitantes, lo que con el sistema
vigente supondría unos 263 millones de euros más al año, sin que el Estado
tuviera que aportar un euro adicional.
¿Corrige esta situación
la reforma en curso? Solo en parte. El Ministerio de Hacienda presentó en enero
de 2026 una propuesta de nuevo modelo que incorpora recursos adicionales. Según
nuestras estimaciones, con datos de 2024 habría aportado a Castilla-La Mancha
unos 784 millones más. Es una mejora real, pero la región seguiría siendo la
segunda peor financiada de las quince comunidades de régimen común. Una parte
de los nuevos recursos se reparte con criterios ajenos al coste de los
servicios: el mecanismo vinculado al IVA de las pymes beneficiaría sobre todo a
Cataluña, que recibiría unos 1.500 de sus casi 2.000 millones; el Fondo
Climático se destina principalmente a las comunidades mediterráneas; y una
cláusula de garantía protege a comunidades que ya están mejor financiadas que
la media. La propuesta, además, mantiene la fórmula de 2009 e incluso reduce el
peso de la superficie.
¿Qué debería esperar
Castilla-La Mancha de la negociación? A nuestro juicio, un buen acuerdo no se
mide solo por los millones adicionales, porque cualquier reforma que aumente
los recursos del sistema los traerá. Se mide por tres cosas. La primera, que la
región deje de estar a la cola y su financiación por habitante ajustado se
aproxime a la media, porque sus ciudadanos tienen derecho a unos servicios
equiparables a los de cualquier otro territorio. La segunda, que el sistema
reconozca por fin lo que cuesta prestar servicios en una región extensa y poco
poblada. La tercera, que el dinero nuevo se reparta según las necesidades de
cada comunidad y no mediante fondos que favorecen a las que ya están mejor
financiadas.
Que es posible lo
demuestran los propios números de la reforma. Si esos mismos recursos se
distribuyeran a través de un único fondo que repartiera todos los ingresos
tributarios autonómicos según las necesidades de cada comunidad, y con una
población ajustada actualizada, Castilla-La Mancha obtendría alrededor de 1.474
millones de euros más al año que con el sistema actual, unos 690 millones más
que con la propuesta del Ministerio. Y sin un coste adicional para el Estado,
porque se trata de recursos que el diseño de la reforma asigna a otras
comunidades. Incluso con un reparto algo menos ambicioso, que nivelara el 90 %
de los ingresos tributarios, la ganancia superaría los 1.250 millones.
No se trata de pedir un privilegio ni de enfrentar a unas regiones con otras. La Constitución recoge la garantía de un nivel mínimo de prestación de los servicios públicos fundamentales en todo el territorio, y es ese principio el que está en juego. El debate suele plantearse como una pugna entre territorios, pero es también una cuestión técnica sobre cuánto cuesta un mismo servicio en lugares distintos, y en ella Castilla-La Mancha tiene buenos argumentos. Cuando se conozca el acuerdo, la pregunta que deberíamos hacernos los castellanomanchegos no es solo cuánto dinero llega, sino si, por fin, el sistema nos trata como a los demás.
Juan
José Rubio Guerrero y José Guillermo Rodríguez Sánchez de la Nieta
Juan José Rubio Guerrero es catedrático de Hacienda
Pública y José Guillermo Rodríguez Sánchez de la Nieta es investigador y
profesor del Área de Hacienda Pública de la Universidad de Castilla-La Mancha.
Las cifras son estimaciones de los autores con datos de la liquidación del
sistema de financiación de 2024 y deben entenderse como órdenes de magnitud.
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