“Los
grandes pensamientos, brotan del corazón que es el que tiene deseos, mientras
la imaginación conserva sueños”.
El momento ha de ser más
contemplativo, para tomar este cambio de época en la dirección justa; puesto
que no es simplemente un tiempo más de reformas, sino de profunda
transformación, lo que requiere tomar la orientación debida, con la reflexión
necesaria, en nuestro modo de interactuar entre las diversas generaciones y de hallarse
en un mundo globalizado, que también ha de hermanarse, para poder armonizar sus
variados pulsos a sus pausas. Y, aunque las pugnas están ahí, dividiéndonos en
lugar de acercarnos, desvaneciendo la concepción integral e integradora del individuo;
su relación con el mundo y hasta consigo mismo, hay que bregarlo, ya que nadie
puede pensar por nosotros. Quizás sea el trabajo más difícil que impere, pero
quien vive sin meditar, no puede decir que existe.
Los
grandes pensamientos, brotan del corazón que es el que tiene deseos, mientras
la imaginación conserva sueños. En
consecuencia, precisamos querernos. Tomarlo como ilusión es lo que nos
sostiene, lo que nos alienta y alimenta el empeño, luego sólo la paciencia lo
concluye. De lo contrario, sería el final del género humano. Pongámonos, entonces,
a cargar las pilas sin perder la esperanza. Así, a poco que ahondemos en lo que
nos circunda, observaremos que la inteligencia artificial y otras innovaciones
están reformulando nuestra idea del trabajo, además de las relaciones, e
incluso planteando interrogatorios sobre la identidad humana. Por otra parte, nosotros
hemos aprendido a someter la naturaleza antes de someternos entre sí, deshumanizándonos
y degradándonos.
Por si fueran pocos los
desajustes, el populismo y la polarización ideológica agravan los
distanciamientos. Cada día son más los ciudadanos que se ven afectados por el
consumismo, el individualismo y la indiferencia. A ello, tenemos que sumar la
creciente brecha económica, que conduce a las manifiestas desigualdades y a la
desestabilización de comarcas enteras. Se trata, por tanto, de factores
generales que conllevan profundos cambios sociales. Está visto que, un estilo
de vida económicamente acomodado, contribuye a generar mentalidades
materialistas, realmente inhumanas. En el polo contrario, un estilo de vida
empobrecido e injusto, por los motivos que sean, también propician el fenómeno
de las migraciones, a menudo marcadas por aspectos dramáticos.
Esta ruptura humanitaria, a
pesar de la gran variedad de contextos ilusionantes, ha de hacernos repensar sobre
la creciente deformación ética, con un aumento del relativismo, que lo único
que ocasiona es una desorientación generalizada y que vivamos un periodo
peligroso, en un momento de engaño universal, donde decir la verdad es un hecho
revolucionario. Es evidente, que nuestro levantamiento tiene su mejor cura en
el amor, en la entrega generosa de amar sin medida; o sea, en la efectiva
pasión donante en la cual no manda nadie, considerándonos todos como parte de
sí, que no es otro que el poema viviente. Ahora bien, el vínculo que más nos
une como familia, no es la consanguinidad, sino la tolerancia y la alegría
recíproca de sentirnos unidos.
Justamente, bajo el contexto
democrático como influyente forma de gobierno, sustentado en el respeto a la persona
dentro de un Estado Social y de Derecho, se asegura nuestro futuro común; con
el consabido gozo, no de hacer lo que uno quiere, sino de querer lo que uno
hace. Sea como fuere, lo que cada cual debe forjar es la tarea de ayudarnos entre
sí, sabiendo que en este mundo hay sitio para todos, contribuyendo desde
nuestra misión a un mañana más seguro, a través de actividades de desarme,
control de armamentos y no proliferación. Además, junto con la parentela, una
amistad auténtica representa el tejido por excelencia de protección como
escuela de humanidad, donde cada mortal puede apoyarse en el rastreo de los
días. Dejemos la maldad, pues; ¡sí queremos vivir!
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Jueves, 29 de Octubre del 2026
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