Opinión

Muerte de la religiosa Josefina Villena Álvarez

Andrés del Campo | Jueves, 29 de Octubre del 2026
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El mes pasado falleció en Montevideo (Uruguay) Josefina Villena Álvarez, nacida en Tomelloso y residente en la ciudad hasta el momento de tomar la decisión de hacerse monja. Seguramente, solo los más mayores de nuestra ciudad podrán recordar a esta persona, ya que su presencia fue haciéndose cada vez más espaciada, conforme los vínculos familiares de mayor cercanía se perdían con el paso de los años. Por otra parte, en las últimas décadas solo tomaba un permiso cada 6 años para regresar a España y entonces se quedaba en su comunidad religiosa y con familiares  próximos en Madrid. 

Su muerte, como su vida, ha sido muy discreta y se ha conocido unicamente entre quienes formaban parte, en la capital uruguaya, de la comunidad estudiantil del Colegio y liceo Divina Pastora, en su barrio de Piedras Blancas y en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Pompeya. 

Atrás han quedado 58 años de labor religiosa, la mayor parte de ellos como misionera en América. De joven fue enviada al colegio Fe y Alegría, en Cúcuta (Colombia) donde permaneció un tiempo. Luego, fue destinada a Uruguay donde se asentó muchas décadas en la comunidad religiosa que ha tenido hasta su muerte. Allí estuvo, salvo algún intervalo por problemas de salud en que regresó a España. 

Su vida anónima y discreta se volcó a la enseñanza, a la formación religiosa y al trabajo en barrios pobres donde trató de poner humildes granos de arena en esos mares de pobreza. El barrio de Piedras Blancas donde se asienta el colegio de la Divina Pastora se ubica en el extrarradio de Montevideo y es conocido por contar con una zona marginal, donde la pobreza muchas veces conduce a la marginación e incluso a la violencia. 

En ese contexto aparecía su trabajo modesto, pero persistente, en un reportaje de Misioneros por el mundo, un programa emitido en 2020 por 13TV.  Ella y otra monja explicaban como su colegio ofrecía becas estudiantiles a unos cuantos alumnos condenados a la pobreza. También ofrecían 30 cestas de comida al mes, en una tarea de pequeño banco de alimentos. 

En el reportaje Josefina y su compañera concluían que la pobreza es un caldo de cultivo que suele generar situaciones violentas y peligrosas, pero que en esa vida tan dura,  si se puede ayudar a dos o tres familias a arreglarse o levantar una casita, son tres menos que sufren. 

Quizá sea este el mejor testimonio que puede quedar sobre la trayectoria vital de Josefina Villena Álvarez.

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