Opinión

Recordando la ‘venía’ de 1947 en Tomelloso

Ismael Morales | Martes, 7 de Agosto del 2018

En las pasadas semanas se ha recordado en Tomelloso la importante respuesta social que se produjo en 1947 para evitar la inundación de la ciudad como consecuencia de una crecida extraordinaria del Guadiana Alto. Efectivamente, la provincia de Ciudad Real, rica en recursos naturales, alberga uno de los ríos peninsulares más conocidos y renombrados: el Guadiana, cuyo origen es el resultado de la interrelación de la escorrentía superficial y subterránea. En este sistema fluvial, el Guadiana Alto juega un papel importante y sus aguas actúan como afluente principal por el sur, articulando uno de los espacios geográficos más importantes de la cabecera hidrográfica. El río ha formado con el paso del tiempo un extenso valle que comunica la altiplanicie de Montiel con la llanura manchega, desde el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera hasta la confluencia con las vegas del Záncara y del Cigüela.

La presencia de agua permitió el poblamiento de este territorio y generó durante siglos una industria fluvial asociada a molinos y batanes. De hecho, la necesidad de  gestionar este recurso hídrico provocó que la mayor parte de las actuaciones llevadas a cabo sobre el Guadiana Alto estuvieran vinculadas con el control de sus aguas superficiales para el cultivo y el desarrollo económico. En este contexto, encontramos el municipio de Argamasilla de Alba, refundado hasta en tres ocasiones durante el siglo XVI por su cercanía al río y las enfermedades derivadas del mismo (paludismo).

Debido a esta circunstancia, la Orden de San Juan decidió llevar a cabo la primera obra hidráulica de gran importancia en su cauce, ordenando la construcción de una acequia que permitiera drenar la superficie encharcada. Para ello, se construyó un represamiento denominado “Atajadero” (aguas abajo del actual embalse de Peñarroya) y se creó un canal sobre el que posteriormente Juan de Villanueva desarrolló su Canal del Gran Prior a finales del XVIII.

Otro de los ejemplos más importantes de transformación del cauce es el derivado de la construcción de infraestructuras de desvío artificial de las crecidas del Guadiana Alto, afectando a Tomelloso y Argamasilla de Alba. Estas crecidas eran una constante durante los años más húmedos y están documentadas desde el siglo XVI, asociando a ellas conflictos por los cortes y regulaciones de su caudal. De hecho, en 1786 tuvo lugar el primer pleito entre ambos municipios por el corte de las “Corrientes de Guadiana”.

Las causas de estas inundaciones se debían a factores naturales (precipitaciones abundantes, un terreno llano y cauce poco definido) pero sobre todo humanos. La alteración histórica de las barreras tobáceas de Ruidera para el funcionamiento de la industria fluvial, el represamiento molinero que generaba incrementos y descensos súbitos de los caudales y la mala conservación del Canal del Gran Prior y del Malecón, plagados de vegetación, provocaban que las aguas discurrieran sin control por el fondo del valle. Por ello se dispusieron dos infraestructuras de contención y desvío, creados con materiales locales y ubicados en el paraje de “El Cordón”, a escasos kilómetros de Argamasilla de Alba. La más conocida era la “viga”, que dirigía el caudal hacia áreas topográficamente más bajas, aprovechando una vaguada natural del terreno denominada “Corriente”.  A partir de este momento, aprovechando la microtopografía local, las aguas confluían en la Vereda de los Serranos, desde donde se dirigía hacia la entrada de Tomelloso por la conocida localmente como “Calle el Charco” (actual calle García Pavón).

La última gran crecida

La última gran crecida de este río se produjo entre los meses de febrero y marzo de 1947, alcanzando su punto álgido entre los días 6 y 8 de marzo, y gracias a la hemeroteca digital del Diario Lanza hemos podido recordar la gran respuesta social que tuvo lugar para reducir los cuantiosos daños que hubiera provocado.

Tras un invierno muy lluvioso, durante el mes de febrero de 1947 los titulares reflejaban la posibilidad de inundación de Tomelloso tras la rotura de la barrera tobácea de la Laguna del Rey: “Las aguas del Guadiana han inundado cientos de hectáreas en Tomelloso” (Lanza, 28-2-1947); “En Ruidera se desborda la laguna del Rey y las aguas amenazan a Tomelloso” (Lanza, 6-3-1947), obligando a la población a levantar murallas de contención en un corto espacio de tiempo para frenar la entrada del agua en la ciudad: “Se ha conjurado de momento el peligro de inundación en Tomelloso y Argamasilla de Alba” (Lanza, 7-3-1947); “El vecindario de Tomelloso sigue realizando intensos trabajos para evitar la entrada del agua en sus bodegas” (Lanza, 8-3-1947).

Las actuaciones llevadas a cabo durante siglos en el río y la actuación de la población ante las constantes inundaciones generaron un sentimiento identitario y cultural de actuación conjunta frente a un hecho común, combinando elementos naturales, sociales e incluso emocionales.

El recuerdo en estos días de aquella actuación social nos sugiere la siguiente pregunta: ¿Existe una identidad territorial y una memoria colectiva vinculada con el Guadiana Alto o está desapareciendo durante las últimas décadas?  La inundación de 1947 puso de manifiesto la demanda de soluciones definitivas, en especial la creación de proyectos de defensa de ambos municipios (Proyecto de 1948) y la finalización de las obras de la Presa de Peñarroya. Su puesta en funcionamiento acabó con el problema endémico de las inundaciones, pero también, desgraciadamente, transformó radicalmente el espacio de la vega de Argamasilla de Alba y desapareció uno de los paisajes tradicionales fluviales más hermosos de La Mancha.

La desaparición de estos paisajes fluviales está provocando la desaparición de la memoria colectiva respecto del patrimonio y por tanto su identidad y arraigo al territorio. Los testimonios orales y las encuestas de percepción local ratifican el olvido de estos paisajes y modos de vida tradicional y el desconocimiento de  las inundaciones (especialmente entre la población más joven). Por tanto, podemos entender la vega de Argamasilla de Alba como un paisaje cultural, donde el legado inmaterial mantiene el recuerdo de aquel patrimonio fluvial a través de la literatura de viajes, textos geográficos e históricos y especialmente los relatos de la población local. En definitiva, la recuperación del paisaje fluvial del Guadiana Alto entre las poblaciones de Tomelloso y Argamasilla de Alba y la conservación de su memoria es una necesidad para mantener el arraigo e identidad territorial que necesita el desarrollo de nuestra comarca.

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