Opinión

El patrimonio perdido de Tomelloso

Enrique Rodrigo Ortiz | Jueves, 9 de Agosto del 2018

Si hay que buscar alguna cualidad que nos pueda caracterizar a los tomelloseros a lo largo de nuestra historia como sociedad, a diferencia de otras de nuestro entorno y dejando aparte los típicos tópicos a los que solemos recurrir, esta podría ser la curiosa manía que tenemos  de cargarnos lo viejo porque ya no sirve. Dicho de otra manera: En Tomelloso, a lo largo del tiempo, bien por su rápido crecimiento durante el último siglo y medio de su historia, bien por nuestra practicidad o bien por nuestra ignorancia, se han perdido multitud de vestigios físicos del pueblo que fue. Muchos de estos vestigios que fueron testigos de la vida de Tomelloso son ya irrecuperables, habiendo sido condenado al pudridero de la memoria una gran parte del patrimonio histórico de la ciudad. Monumentos religiosos, edificaciones civiles y viejas infraestructuras agrícolas o militares también formaron parte del trazado urbano de la población aunque ya casi nadie se acuerde. Algunos de estos elementos históricos han sido rescatados del olvido colectivo con la intención de reivindicar su pasada existencia, para que de esta manera al menos tratemos de recuperarlos en nuestra ínfima memoria. De esta manera, en honor de las personas que los erigieron y que vivieron junto a ellos, se muestran en este artículo a continuación de estas líneas.

 

La vieja columna que impartió justicia 

 

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El rollo o picota de Tomelloso en 1904.

 

Al final de la calle Socuéllamos, aproximadamente a la altura de la actual estación de autobuses de la ciudad, se ubicaba el rollo o la picota de Tomelloso. Consistía en una columna erigida sobre un pedestal escalonado de casi 4 metros por cada lado. Se construyó a mediados del siglo XVIII y se utilizaba para exhibir a los reos, así como las cabezas y los cuerpos de los ejecutados por el poder civil. Construido originalmente en las afueras de la villa, el rollo de Tomelloso se demolió definitivamente durante el primer tercio del siglo pasado, después de permanecer en pie durante años en que los gobiernos liberales del siglo XIX mantuvieron restringida su función.

Los molinos de viento 

En Tomelloso hubo molinos de viento como en muchos otros lugares de La Mancha: Concretamente existieron al menos dos molinos cuyas aspas giraron al son de los aires al menos durante el siglo XIX, que es cuando se tiene constancia de su existencia, siendo cartografiado en varios planos antiguos de la población. Es bastante probable que en el momento de su demolición estas construcciones tuvieran cientos de años de antigüedad. De momento no se tiene constancia de la fecha exacta de construcción de cada uno de estos molinos, pero es factible que fueran levantados durante los siglos XVII o XVIII, para complementar la molienda de los antiguos batanes del río Guadiana, que era a donde solían acudir nuestros antepasados a moler el grano. Los dos molinos estaban situados fuera del casco urbano de la antigua población, uno a cada extremo de ella: El primero estaba cerca del actual cruce de la calle Zahorí con la avenida Príncipe Alfonso; el otro en el cruce de la avenida Antonio Huertas con la calle Doña Crisanta, más o menos en el entorno de la actual parroquia de la Sagrada Familia. Seguramente con la generalización del uso de la electricidad, estos molinos de viento dejaron de tener utilidad y, como de costumbre y debido al crecimiento del casco urbano, en lugar de conservar estos históricos edificios los tomelloseros procedieron a su demolición. 

El ancho y hondo pozo de las nieves 

 

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Detalle del interior del pozo de las nieves de Campo de Criptana. 

También antes de existir la electricidad en las casas de Tomelloso siempre se tuvo la necesidad de almacenar el hielo procedente de las nevadas con la intención de consumirlo durante el resto del año. Para ello se horadó un ancho pozo de unos siete metros de profundidad en cuyo interior se conservarían las nieves caídas en invierno. De esta manera este hielo se podía utilizar en cualquier momento del año para conservar alimentos o para fines terapéuticos. 

Estas construcciones, originarias en su mayoría del siglo XVIII, aún se pueden visitar en muchas ciudades de España. No así en Tomelloso, cuyo pozo de las nieves probablemente se cegó tras la llegada de los aparatos frigoríficos a las viviendas de la población el siglo pasado. Del pozo de las nieves de Tomelloso solo queda el nombre de la calle donde estuvo: Antaño en las afueras de la población, hoy en la calle Pozo de las Nieves, lindera con la de Doña Crisanta. 

La muralla cristina que protegió al pueblo en guerra 

 

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Detalle de los restos de la muralla cristina de la ciudad de Sueca, en la provincia de Valencia 

Los tomelloseros pensamos que nuestro pueblo, al no tener mucha historia por ser de fundación moderna, siempre estuvo abierto y nunca tuvo murallas. Esto no es exactamente cierto, ya que en casco urbano de Tomelloso existió una fortificación durante la primera guerra carlista, la cual se desarrolló en España entre 1833 y 1840. Estas murallas se fabricaron muy probablemente de tierra y piedra, como muchas otras que existen de esta época por toda la geografía española. Aparte de estos nuevos muros, la fortificación también aprovechaba los tapiales existentes de las casas y fabricas del pueblo. Estas murallas sirvieron de parapeto contra los numerosos ataques de las facciones carlistas a la villa durante la guerra, e intentaron, a veces sin éxito, evitar la entrada de estas en la población. Se ordenaron construir alrededor del año 1836, dado el peligro que sufrían los moradores de Tomelloso por la actividad armada de los ejércitos carlistas en sus contornos. La construcción no se concluyó completamente hasta bien entrado 1838 ya que, en varias ocasiones durante la guerra, las partidas enemigas la destruyeron parcialmente. Las murallas cristinas de Tomelloso desaparecieron tras el fin de la guerra, probablemente a mediados del siglo XIX con el crecimiento del casco urbano. 

El mítico pozo que estaba en la plaza 

 

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Iglesia de Tomelloso a mediados del siglo XIX. En la parte inferior de la fotografía, algo descentrada hacia la derecha, se distingue una figura que podría corresponder con el antiguo pozo que existió en la actual plaza de España. 

Desde tiempos inmemoriales se tiene constancia de la existencia de un pozo al costado de la cañada de ganados que pasaba por Tomelloso, justo en la plaza del pueblo. Este pozo, destinado a dar de beber a ganados y gentes, estaría localizado en la perpendicular del casino de San Fernando y del antiguo edificio de Claudio y podría haber sido la construcción más antigua de la población, ya que se tiene por cierta la fundación de Tomelloso junto a un pozo muy hondo y rodeado de tomillo, siendo la construcción de este al menos de origen medieval. El posible pozo primigenio, se que convirtió en sumidero de la antigua fuente que existía en la plaza a principios del siglo XX, acabó desapareciendo sin dejar rastro bajo la rotonda actual. Quizás nuestra ciudad tiene en la actualidad una buena oportunidad de recuperar este histórico pozo como elemento ornamental, teniendo en cuenta que aún no han comenzado las tan anunciadas obras de remodelación de la plaza. 

El pozo de la plaza es uno más de los elementos etnográficos con importancia histórica que desgraciadamente ya no existen. Aparte de las construcciones anteriormente expuestas, hubo muchas más que caracterizaron a nuestro pueblo a lo largo de sus siglos de existencia que acabaron desapareciendo por el cambio de usos y costumbres, como lo hicieron las norias de las huertas, las antiguas ermitas y los humilladeros que existían en las entradas del pueblo, entre otros monumentos. Todas estas huellas ya hace tiempo que se borraron, porque al contrario de lo que pasó en muchos otros pueblos vecinos, en Tomelloso se perdió una gran parte del patrimonio histórico, que de no haberse esfumado podría haber aportado mucho más atractivo turístico a nuestra ciudad. Sin embargo debemos ser optimistas, porque también es cierto que todavía quedan edificios y lugares dignos de proteger, conservar y potenciar con el objetivo de ponerlos en valor: Tomelloso aún alberga en sus entrañas miles de cuevas cerradas a cal y canto que han logrado resistir la última fiebre del ladrillo, así como decenas de chimeneas y hermosas torres de destilación. Muchas de estas últimas están totalmente abandonadas. Por ejemplo así está la torre de las antiguas bodegas de Casajuana, cuyo edificio centenario, situado en las proximidades del parque Urbano Martínez, se encuentra totalmente descuidado y plagado de pintadas. 

El patrimonio histórico de Tomelloso ha sido muy maltratado por sus habitantes. Quizás por ello los resquicios que quedan de nuestra historia deban protegerse contra nosotros mismos: Es importante poner en valor las casas centenarias de la ciudad como la del Gallego, que habiendo estado amenazada con la demolición actualmente se está recuperando con mucho acierto. También sería interesante potenciar la Posada de los Portales como el símbolo que es. Y la Iglesia de la Asunción por ser el edificio en pie más antiguo de la ciudad, por haber sufrido el expolio y la amenaza de destrucción en la última de las guerras civiles y también porque en la primera de ellas, justo cien años antes y desde su torre, los exaltados liberales tomelloseros recibieron a balazos a cierto ejército invasor que intentaba tomar el poder del pueblo. Los detalles de ese evento dan para otra historia digna de contar.

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