Opinión

Generaciones de agua templada

| Sábado, 10 de Noviembre del 2018

Siempre que me encuentro con algunos conocidos de la infancia que a base de sacrificio y esfuerzo, (en sus casas no andaban sobrados de recursos), fueron aventajados estudiantes de Bachillerato y luego excelentes profesionales tras pasar por la Universidad, no puedo por más que retrotraerme a esos años y llegar a esta conclusión: existe hoy una generación que yo llamo del agua templada. Explícate, dirán ustedes y naturalmente voy a hacerlo.

Soy padre de tres hijos, de edades comprendidas entre los veinticinco y treinta años, para mí los mejores del mundo, claro, y en una conversación mantenida con ellos hace algún tiempo, me salió esta aseveración: Vuestras generaciones no han tenido la ocasión de conocer lo que es el “agua fría de la vida” para poder apreciar lo que supone el placer de su “agua templada” porque nacisteis en ella y no conocéis otra. ¿Qué culpa tenemos nosotros? Me dijeron. Por supuesto que ninguna, contesté rotundo.

Si algo ha caracterizado a los años precedentes (creo que su filosofía subyacente continua vigente a pesar de la crisis), ha sido la identificación del desarrollo con la consecución de un exclusivo estado de sobre-bienestar material. El eje en torno al que se movía la sociedad desde no hace más de veinte años era poder disfrutar de abundancia de bienes y su frenético consumo. Podríamos decir que era una sociedad en la que sobraba de todo y no faltaba de nada. Nada que fueran bienes de consumo. Pues bien, en estos años y en estas condiciones han crecido unas generaciones que nacieron con todas esas necesidades cubiertas; nacieron en el agua templada.

La ideología que subyace después de observar el comportamiento en buena parte de los jóvenes y ante todo en las cómodas posturas de muchos padres que vuelan complacientes a satisfacer todas las demandas, deseos y caprichos de sus hijos es esa que dice: Bastantes dificultades y privaciones hemos pasado nosotros. Esta es la “humana”, emotiva y cuestionable justificación.

La ley del péndulo también se cumple en este caso. El desarrollo social ha propiciado un justo avance, rompiendo una estructura a la que más tarde me referiré; sin embargo como sucede muy a menudo, en ese afán de cubrir las carencias…hemos dejado al descubierto otras hasta ahora desconocidas por inusuales, pero a la postre necesarias para el futuro.

Hasta hace unos años se había identificado la alegría de conseguir algo con el triunfo sobre las dificultades que constituían un impedimento para lograr algún fin, alguna meta, algo que suponía un esfuerzo para alcanzar un bien que deseábamos y no teníamos. Fue así como crecimos, evolucionamos, maduramos y conseguimos estar más satisfechos de nosotros mismos al tiempo que de una manera natural activábamos el  ingenio y reivindicábamos día a día un futuro mejor.

No han transcurrido muchos años desde aquellos en los que la estructura social estaba compuesta por dos tipos de ciudadanos con posiciones muy distintas; los unos, que tenían casi todo, normalmente por herencias familiares, eran los menos, los privilegiados y aquellos que atesorando capacidad para conquistar un estamento mejor tenían que vencer muchas dificultades de tipo económico y social ya que la tendencia era establecer círculos cerrados muy difíciles de romper. La ruptura de esos “círculos malditos” ha sido una de las conquistas de los últimos treinta años. La posibilidad de acceder todos a disfrutar del agua templada.

Sin embargo hoy, independientemente de las dificultades que conlleva la masificación y la gravísima crisis económica para conseguir un puesto de trabajo, los jóvenes que se han educado en un mundo lleno de cosas a su alcance tienen el inverosímil inconveniente de que han de vencer además y por si lo primero fuera poco, las facilidades en las que se han educado y no las carencias, el “agua fría de la vida”; es el ambiente de excesiva bonanza en que han crecido la mayor dificultad para lograr lo que no tienen. Hoy el curioso déficit para los que se inician en la vida adulta consiste en ”haber tenido de todo sin haber comenzado nada”.

Me parece que en este esfuerzo por conseguir y ahora mantener un justo y humano nivel de vida confortable…hemos descuidado sin querer el aspecto del esfuerzo para caer en la superprotección. Haciendo de nuevo referencia a la ley del péndulo existencial…nos hemos preocupado demasiado en evitar a nuestros descendientes el duro trago de las escaseces; ¿Qué padres han tenido y tienen hoy la “dureza de corazón” para consentir que sus hijos se bañen en aguas de temperaturas parecidas a las que ellos tuvieron, siquiera un momento? Haber nacido con todas las necesidades más que cubiertas, nos ha impedido apreciar la conquista de lo que siempre hemos tenido. 

Más vale así, dirán y estoy de acuerdo. Pero el problema es que hemos creado una generación educada a “bollos”, incapaz de reivindicar y protestar ante las muchas injusticias que hoy existen todavía…ajenas desde luego a esa filosofía que han mamado. Sobre todo porque la época de las vacas gordas ya ha pasado y la amenaza de vivir en agua fría de nuevo no es gratuita. Y será entonces cuando todos, padres e hijos echemos de menos esa “falta de aclimatación que necesitan las plantas para crecer en ambiente desapacible”. Cuando quizá nos arrepintamos de no haber educado a nuestros hijos de una manera menos tibia para saber solventar el frío futuro que ya estamos viendo les espera.

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