Opinión

Viva el carnaval y sus protagonistas

Joaquín Patón Pardina | Sábado, 9 de Marzo del 2019

Qué derroche de imaginación, inteligencia, buen gusto, ganas de superación, coloridos, textos agudos, elocuentes y mordaces. Vestidos impresionantes, carrozas espléndidas, miles de artistas, obreros, modistas, músicos...

Resumiendo: Grupos innumerables de personas desde Canarias a Cantabria pasando por Tomelloso involucradas en los carnavales. Incluyendo ¿cómo no? asociaciones culturales, de vecinos, de barrios, ampas, colegios, etc. 

Unos van de protagonistas, otros de espectadores. Aquellos trabajando y estos exhibiéndose para remarcar la labor más silenciosa de las noches precedentes y fines de semana sin el laboro obligatorio.

Niños, jóvenes, de mayor edad, mujeres, hombres... todo un cúmulo de personas viviendo alredor del carnaval.

Sin decretos-leyes, sin normativas ad hoc, sin boletines del estado. Sólo colaboración, mínimo imprescindible de orientación por parte de los poderes públicos y total responsabilidad de los participantes, lo cual no quita que algún "mete patas" patalee la brillantez de otros.

Todo lo cual demuestra la fuerza de un pueblo cuando actúa, vive y disfruta en sus individuos y en sus colectivos.

Con los últimos días de carnaval entramos en la cuaresma entrelazando los dos acontecimientos, el final de uno y el comienzo de la otra. Encontrándonos en unas horas con lo que podría ser la otra cara del folio. Aparentemente una "contraditio in re". Lo de todos los años, mismos colores, mismos sermones, mismos usos y costumbres con las imágenes y sus cofradías con los mismos ritos, similares pregones, pregoneros y temas pregonados de los religiosos y repetitivos años cincuenta. 

Celebraciones aburridas y homilías tediosas. Asistencia de personas añadas y de cabelleras blancas o canosas en su mayoría. Con lo cual queda muy poco atractivo para la mayor parte de los componentes de pueblos y no digamos para los humanos que gozan de una exuberante juventud. 

La mayor parte de las comunidades cristianas siguen orientadas en una religión que se trasnocha por momentos y dejan de lado lo esencial del Mensaje de Jesús. ¡Qué pena!. Hay muchos teólogos entre ellos Castillo que diferencian, con mucho acierto, a mi entender, entre el Mensaje de Jesús y lo que hemos hecho a lo largo de los siglos con la religión y sus celebraciones preñadas de ritos elocuentes en un tiempo, pero mudos en otros.

No se trata de hacer otro carnaval de la cuaresma, como pensará algún "aguililla" pensante de mente beatífica, que pretendo con estos comentarios.

La cosa se convierte en sencilla desde el mismo momento que se abandona el púlpito, se deja de mirar por encima de las cabezas a los demás,  poniéndose  a la altura de los ojos de los hermanos.  Proclamando desde el corazón y los sentimientos, limpios de teologías de Edad Media, de flagelos, disciplinas y cilicios, dejamos las cenizas del Viejo Testamento de sus reyes y profetas que pensaban en un  Dios cuyo favor se  gana con sacrificios ofrendas y holocaustos, que Yahweh se hacía favorable con el olor de la grasa quemada en los altares de los templos.

Con poco que se sienta, que se tengan los sentimientos funcionando, se descubre la alegría de que te perdonen, no los pecados en abstracto, si no las personas a las que has ofendido, porque te quieren, no por cumplir una normativa.

La alegría que  siente el ofendido, al recibir la petición de perdón con palabras sinceras salidas del corazón y abrazo cercano de brazos abiertos.

Saltar de gozo, porque cada año eres un poco mejor; impulsarte el ánimo para continuar progresando como persona paciente y amante.

Notar el gusto de reconocer que todavía hay cosas que no hago bien, que son muchas, pero con la esperanza de nuevas oportunidades que me regalan Dios y mis hermanos.

¿Cuándo cambiarán la ceniza por colonia? Olvidando lo poco que somos y valorando lo mucho que podemos perfumar con nuestras actitudes.

¿Cuándo cambiarán los colores tristes (morados y negros) de sufrimientos y tristezas por los de primavera resucitada en la naturaleza y en las personas. A la vez que resucitadora en Cristo.

Seguro que algún día, tristemente aún en el horizonte lejano.


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