Opinión

La vida vivida desde la esperanza

Fermín Gassol Peco | Sábado, 15 de Febrero del 2020

No creo equivocarme al decir que una parte de la humanidad hoy carece de alguna esperanza, que es como decir no esperar nada. Sumida en el conformismo y resignación de un nivel de vida más o menos favorable y un destino inevitable, hace de ella un bucle permanente cuya única salida es la muerte, la nada. Una manera catastrofista de existencia más o menos concienciada ante el ritmo frenético que hoy impone la vida y la imperiosa necesidad de ganársela cada día. La vida como un lugar donde hay que estar, se quiera o no, así sin más. 

 Estas líneas quieren apelar a esa esperanza desaparecida en el horizonte de tantas personas: La vida vivida desde la esperanza, es ahí donde creo, radica la importancia que tiene en sí misma para el hombre. Algo con origen sorprendente y que adquiere después sentido personal, algo tan simple como complejo que nos es tan natural y que en demasiadas ocasiones nos resulta también tan difícil de encajar, esto es, encontrarnos con un lugar donde experimentar la vida misma, no como un obligado lugar físico sino mental, afectivo y existencial, vital en suma.

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¿En qué consiste vivir?, ¿”quién” es la vida?, ¿quién es esa realidad que nos acompaña siempre y que unas veces nos convence y otras veces nos defrauda?, ¿quién es esa experiencia que unos días nos trasmite paz y otros inquietud?, ¿quién es esa parábola que siempre nos está interpelando y que no siempre entendemos lo que nos quiere decir?, ¿quién es ese regalo maravilloso que camina siempre a nuestro lado y en muchas ocasiones nos ayuda y consuela? Es la vida misma, la de cada uno, aquella que procura nuestros anhelos, errores y esperanzas. 

 Nuestra propia vida dentro de la vida, nuestras propias esperanzas puestas en la gran Esperanza. Y es que la vida, además de consistir en un viaje más o menos duradero en el que cada mañana emprendemos una nueva etapa no sabiendo que nos puede deparar, resulta ser también un misterio en ella misma. Un misterio donde las personas profundizamos de manera muy distinta…o ni siquiera lo hacemos. La suerte o el misterio de haber sido, de ser lo que somos y de vivir como vivimos. Porqué mi vida ha sido, está siendo y será como es y no de otra manera. Es el misterio de la vida y de nuestra existencia personal. Para quien escribe, un vitalista convencido de la dimensión transcendente del ser humano, la vida vivida desde la esperanza es lo único que importa.

 La mayor esperanza, el mayor anhelo de todo ser humano es vivir para siempre. Un afán más o menos confesado que tiene su origen en la creencia vital de que la muerte no es el final, en la experiencia existencial de creer que el hombre no es un ser para la muerte sino para la vida. Que al contrario, nacer para terminar enterrados en la nada, privándonos así del mayor valor de este regalo, seguir viviendo, supondría un mero juego de dados en el que cada uno de nosotros no habría sido más que un accidente dotado sin embargo de capacidad inteligente para querer ser mucho más que eso; la muerte aparecería así como un timo, una aberración mental, afectiva y vital, como un atentado a la propia naturaleza humana.

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