Opinión

Juan Alcaide y Francisco García Pavón: dos emblemas para dos ciudades hermanas, Valdepeñas y Tomelloso

Tomás López Fernández-Sacristán | Domingo, 12 de Julio del 2020

Es indudable que ciudades y escritores permanecen unidos y anclados indisolublemente a la historia y al recuerdo que de ellos tenemos. Es más, cualquier escritor que se precie de serlo, se equivocaría si tratara de renunciar a su origen, excluyendo todo lo relacionado con las raíces del corpus de su obra literaria. Hoy hablamos de Francisco Gª Pavón y de Juan Alcaide. Los dos escritores han cumplido con creces las expectativas identitarias, pues ambos han basado mayoritariamente su obra literaria, en relación a su pueblo: Alcaide a Valdepeñas y Gª Pavón a Tomelloso. A la inversa, ninguna de las dos ciudades se podría desprender jamás de la sombra creadora de ambos. 

Ellos dos tuvieron a gala no solo escribir de su pueblo, sino para su pueblo, por eso los entendemos tan bien en las dos ciudades. En las páginas de sus libros habitamos como en sus propias calles. Tomelloso y Valdepeñas son dos ciudades con identidades muy marcadas y muy similares entre ellas en muchos aspectos. En el anclaje de esta identidad tiene mucho que ver el lenguaje popular, sus costumbres. Ambos escritores supieron aunar todo esto en sus obras; lenguaje, identidad, cultura popular, todo ello unido por la expresión literaria.

Vistos por separado, Alcaide era mayor en edad que el de Tomelloso. No en vano había una diferencia de 12 años. Cuando el segundo empezaba, ya el primero era considerado un emblema lírico manchego. Para el valdepeñero, Gª Pavón era, sobre todo a raíz de escribir Cerca de Oviedo, un escritor de altura y en sus cartas lo expresa:

 “Escriba, escriba Vd., mi amigo. Y publique. Está Vd. obligado a hacer por poco, La Regenta de nuestra tierra, de nuestra “zona”. Es usted nuestro “Clarín”, "Clarín”, -¡clarín!- en todos los sentidos más cimeros”, aplicando en esta ingeniosa comparación con el autor de La Regenta y su apodo, el sentido literario de escritor y de vocero escandaloso. 

Para Gª Pavón:

“Alcaide era aquel maestro que se quedó arrecio en Valdepeñas, con su voz ronca, la boina volera y la copa de tinto en el "cercao", ¡qué poetas entonces!, qué acento tan seguro y diferente, qué modo de sacar las palabras con son nuevo y viso dominguero”. 

La primera obra que tuvo en sus manos de Juan Alcaide fue “La noria del agua muerta”. Se la aconsejó uno de aquellos viejos libreros de Ciudad Real, Enrique Lérida para más señas, en un viaje recorriendo La Mancha que luego daría para escribir Notas de un Viaje Apresurado: -“Lleve usted esto que es de un poeta de Valdepeñas buenísimo”-. Con él me inicié en la obra de Juan, reconoce el tomellosero. 

Una vez fallecido Alcaide, cuenta Félix Grande una anécdota hermosísima que honra la personalidad del entonces bibliotecario Fco Gª Pavón: “Me dijo que se había editado en Valdepeñas una colección antológica de la poesía de Juan Alcaide y que había recibido la súplica de que vendiera cuantos ejemplares pudiera. El fin de la venta era recaudar fondos para ofrecérselos a la madre del poeta, ella había dado a la Mancha algo de lo cual La Mancha estaba muy necesitada: un poeta manchego. Ahora la madre del poeta se había quedado sin su hijo y casi sin medios para poder vivir y recordarlo. Seguro que se esforzó en vender gran cantidad de ellos, dada su gran humanidad con todos sus paisanos a los que ayudó siempre allí donde estuviera. 

Ambos escritores labraron su obra de forma independiente, pero también coincidieron como colaboradores asiduos de revistas y periódicos (Lanza, Albores de Espíritu, Clavileño etc…) Y es posiblemente en la revista literaria Albores de Espíritu, donde se canaliza más interconexión entre los escritores y los pueblos. A las colaboraciones de Alcaide y Gª Pavón, se unen otros escritores como Emilio Ruiz Parra, Julián Creis o fotógrafos como, Antonio Merlo Delgado, todos ellos de Valdepeñas, por lo que ambos grupos literarios, con Pavón, Torres Grueso etc., por Tomelloso, marcan la pauta y el trabajo más participativo de la revista. 

Aparte de la relación profesional en prensa, también mantuvieron intercambio de correspondencia personal. Tengo la suerte de haber tenido acceso a parte de esa correspondencia; la de Pavón facilitada por su hija Sonia, a la que doy públicamente las gracias y la de Alcaide, por los amables trabajadores de la biblioteca valdepeñera.

Gª Pavón más acostumbrado a saborear las mieles del éxito literario, era consciente de la indolencia con que se trataba la cultura en nuestra tierra manchega. Testigo de ello fue este párrafo durísimo enviado al valdepeñero:

 “¿Cómo va tu vida? Por mí, se puede decir que me voy haciendo viejo y me veo crecer poco. En esta silenciosa llanura todo lo que hacemos dura menos que chaparrón de verano. Ni nos pagan, ni nos estiman… ni nos conocen. Entre tanto terrón, tanto vino,… y tanto deporte, ser escritor en la Mancha es ser margarita de cementerio. Parodiando a Larra, escribir en la Mancha es estar ya enterrado”. Demoledor el sentimiento de abandono y falta de reconocimiento, hacia un escritor que vendía miles de ejemplares. 

Lejos queda la indolencia cultural de la que se quejaba Pavón y valga como ejemplo la prolija celebración de su nacimiento el pasado año 2019. Quizás nos falte a los valdepeñeros un aniversario redondo para rememorar abundantemente el valdepeñerismo y la calidad literaria de Juan alcaide, al igual que lo hicieron ellos durante el pasado año. Envidia sana...



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