Opinión

Pozo Tomilloso, Bronce Manchego y Cooperación.

José Roselló | Martes, 15 de Septiembre del 2020
Foto de la Plaza de Tomelloso aparecida en "Vida Manchega" el 12 de diciembre de 1912 Foto de la Plaza de Tomelloso aparecida en "Vida Manchega" el 12 de diciembre de 1912

El proceso de conformación definitiva de la ciudad de Tomelloso, se inició en los primeros años 30 del siglo XVI, así queda registrado en las Relaciones histórico-geográficas de los pueblos de España, hechas de orden de Felipe II, cuyos códices originales se conservan en la Biblioteca del Monasterio del Escorial (1). 

Las respuestas a los distintos capítulos aportadas por los vecinos que el ayuntamiento del lugar comisionó para ello: Martín del Campillo el Viejo, Aparicio Quiralte y Andrés López Carretero, como  personas antiguas y de buena memoria y noticia, describen con fecha 29/X/1578 la situación del Tomelloso originario y en particular dicen: que cuando vinieron a este lugar, cuarenta y siete años antes poco mas o menos, no había casa alguna, sino solamente un pozo muy hondo y alrededor de él grandes tomillares. 

El Pozo Tomilloso fue el origen del nombre de la ciudad,  lo lógico es que de tomillo en un principio fuera Tomilloso, pero pronto por un fenómeno de asimilación atenuado, quedó en Tomelloso, en palabras del admirado García-Pavón.

Para el hispanista francés Nöel Salomon, el nacimiento de Tomelloso -hoy en día principal “Agrociudad  Mediterránea” en función de su número de habitantes y del liderazgo en el sector europeo vitivinícola de la Cooperativa Virgen de las Viñas (2) - al lado de un pozo, que el autor señala como paradigma en su obra La vida rural castellana en tiempos de Felipe II y caso frecuente en poblaciones y quinterías manchegas. Recordemos que Ciudad Real fue establecida por Alfonso X El Sabio en las cercanías del Pozo de D. Gil a mediados del siglo XIII. La existencia y disponibilidad de un pozo en la Llanura Manchega fue y sigue siendo cuestión de necesidad vital para la mayoría de su población, aquí se relata como los primeros pozos conocidos proceden del 3º milenio a.C., adscritos a la Cultura de las Motillas dentro del Bronce Manchego

La Cultura de las Motillas y el Bronce Manchego. 

Hervás y Buendía párroco de Tomelloso entre 1892 y 1898, autor de la emblemática obra Diccionario histórico y geográfico de la provincia de Ciudad Real y natural de Torralba de Calatrava, dice haber visitado las Motas sitas en la ribera del alto Guadiana, aguas abajo de Peñarroya, en las inmediaciones de Tomelloso y Argamasilla de Alba a cuyo término municipal pertenecen conocidas como Motillas del Retamar y  Sta. María del Guadiana

Hasta los años 80 del pasado siglo la historiografía consideraba a La Mancha como un territorio despoblado y marginal y aunque las gentes de las provincias de Ciudad Real y Albacete conocían de antiguo estas construcciones de piedra seca, solo eran conocidos superficialmente por la academia. El año 1963 fue publicado el artículo Prospección en Manzanares sobre las motillas “Pedro Alonso” y “Los Romeros” situadas en las cercanías de la carretera de Tomelloso a Villarta de San Juan en el término de Alcázar de San Juan, artículo que aún las interpretaba como monumentos funerarios relacionados con las construcciones talayóticas de Baleares (3).

Los estudios científicos para su conocimiento sistemático mediante prospecciones y excavaciones arqueológicas fueron iniciados avanzada la década de los años 70 en las motillas de Los Palacios en  Almagro y El Azuer en Daimiel que contribuyeron a determinar la existencia en La Mancha de un complejo arqueológico formado por construcciones de arquitectura fortificada y compleja de carácter agrícola, denominada Cultura de las Motillas a propuesta de la profesora Trinidad Nájera de la Universidad de Granada en el 1984.

En ese mismo año tuvieron lugar nuevas campañas arqueológicas mediante el convenio establecido entre la Junta de Comunidades y la Universidad Autónoma de Madrid para la prospección arqueológica sobre las actividades económicas de los primitivos pobladores de la motilla del Retamar antes citada. El Cerro de la Encantada en Granátula de Calatrava como yacimiento arqueológico de altura, también había sido investigado por el mismo equipo (4). 


En el I Congreso de Historia de Castilla La Mancha cuyas actas fueron publicadas en 1988 fueron expuestos los trabajos de estudio de los distintos tipos de yacimientos “hábitats o facies” culturales de la región denominadas: Fondos de Cabaña o Silos y Motillas como asentamientos en llano y Morras, Castillejos, Cuevas y Abrigos como asentamientos en altura -Castillejo del Bonete, Terrinches, La Rendija, Herencia-. 

La variedad de yacimientos arqueológicos investigados en el terreno, además de las Motillas, identificaron un horizonte cultural nuevo y diverso, con distintas manifestaciones de carácter simbólico, lo que supone la constatación empírica de la existencia de comunidades sedentarias en la llanura manchega y sus bordes montañosos. Por tanto el territorio correspondiente a gran parte de las actuales provincias de Ciudad Real y Albacete, así como a extensas zonas de Cuenca y Toledo se encontraba poblado por grupos humanos con dinámicas económicas y socioculturales agropecuarias durante la Edad del Bronce a partir del  3º milenio a. C. Grupos que pertenecían a un sustrato étnico origen de la Cultura Ibérica -Cerro de las Cabeza-. Valdepeñas. La historiografía académica española clasificó al referido contexto espacio/temporal con la denominación de Bronce Manchego.   

Pozos y Motillas.

En el año 2000, en función de su tamaño y de la ausencia de edificaciones superpuestas, dio comienzo una segunda campaña de investigación en la motilla del Azuer, actualmente es la única motilla que puede ser visitada.

En su torre interior fue descubierta la perforación de la terraza aluvial por un pozo de gran tamaño, más de 20 m. hasta alcanzar el nivel freático, hallazgo que, junto a la canalización exterior y a registros etnográficos de prácticas agrícolas de regadío, confirma la existencia de un sistema compuesto de factores económicos, socioculturales y medioambientales. 

Los posteriores estudios multidisciplinares de carácter arqueológico, hidrológico, geofísico, paleoclimático y antropológico, llevados a cabo por científicos del Instituto, Geológico y Minero de España y del Centro Superior de Investigaciones Científicas(5) confirman que las 32 motillas construidas en el entorno de  cauces fluviales de baja salinidad, buscando la proximidad del nivel freático a la superficie, es la actuación más antigua de Europa en materia de abastecimientos de aguas subterráneas mediante pozos construidos con medios y tecnología prehistórica. 

La hidrología dictamina que la mayor parte de las motillas se encuentran sobre las Masas de aguas subterráneas I y II de La Mancha Occidental y la del Campo de Montiel, antiguos acuíferos 23 y 24, en la provincia de Ciudad Real. Los estudios geofísicos confirman que las motillas fueron levantadas en torno a pozos excavados sobre el terreno, que buscaban agua en una época mucho más árida que la actual, durante las edades del Cobre y del Bronce, por tanto nos encontramos ante el precedente de la existencia de los posteriores pozos de La Mancha. Entre ellos el Pozo Tomilloso y Pozo de Dº Gil, así como de tantos otros, que cuatro mil años después continúan resultando imprescindibles en base a las singularidades económicas, sociales y medioambientales de la región castellano-manchega. 

Cambios climáticos en la Llanura Manchega.

Es generalmente aceptado por la ciencia que el suceso climático que causó la desaparición de ciertas sociedades prehistóricas fue el conocido como “evento 4200 cal BP” consistente en un crisis de aridez extrema en el 3º milenio a.C. “De origen incierto, se relaciona con la colisión de un meteorito en el próximo oriente que a escala planetaria coincide con el colapso del Imperio Akadio y otros en regiones adyacentes a Mesopotamia y en el antiguo Imperio Egipcio, así como el de la civilización del valle del Indo y la de Hilmand en Afganistán” (6).

Los estudios paleobotánicas y paleoambientales de las Motillas con tecnologías de actual aplicación, analizando isótopos del Carbono 14, en granos de polen, esporas y otros microfósiles, tanto de depósitos naturales como de los obtenidos mediante perforaciones para lograr muestras cilíndricas estructuradas, han permitido reconstruir la historia de la vegetación y elaborar modelos de “paisajes culturales” como escenarios de la actividad humana desde la prehistoria.

De estas investigaciones paleoclimáticas se deduce una clara relación entre el evento 4200 cal BP de extrema aridez, con los registros arqueológicos relativos al origen y desaparición de las Motillas de la llanura manchega. 

El progresivo aumento de la aridez en la Edad del Bronce ocasionó en la naturaleza gravemente estresada un cambio consustancial y por tanto nuevas condiciones de vida para los pobladores de La Mancha, que tuvieron que concebir nuevos conceptos en sus relaciones con el paisaje, con el medio físico e innovar sus actividades económicas y socioculturales para superar la vulnerabilidad extrema inducida por la grave crisis medioambiental. 

Organización social en el Bronce Manchego.  

Las formas de vida y la organización social de los pobladores del Bronce Manchego también han sido estudiadas(7) a través de los restos óseos hallados en la Motilla del Azuer y el Cerro de la Encantada, analizando marcadores de actividad dentro del ámbito científico de la antropología biofísica, así como ajuares hallados en los yacimientos, que fueron comparados con marcadores de la conocida cultura del Argar como región cercana en el espacio y en el tiempo situada en el sudeste peninsular durante Edad del Bronce. 

Los resultados sobre la organización social del Argar indican que se trata de una sociedad fuertemente jerarquizada o al menos con unas divisiones sociales muy rígidas, ello implica la existencia de una organización política donde tendría lugar, un trabajo dirigido, un control de los recursos y un estatus heredado por nacimiento, así mismo también queda documentado que tanto la población femenina como masculina de la cultura argárica, padecería una vida de duro esfuerzo físico con notables diferencias entre sus individuos tanto en el plano biológico como social.  

Los datos antropológicos proporcionados por indicadores de actividad y esfuerzo físico de las mujeres y hombres del Bronce Manchego señalan ocupaciones y actividades compartidas por toda la población, con una organización distinta a la estratificada cultura argárica, el estudio del registro funerario también indica que las poblaciones argáricas son especialmente ostentosas con sus ajuares funerarios, incluso en elementos como los metálicos y en sectores de la población con individuos no adultos. 

En las sociedades del Bronce de La Mancha no se han encontrado elementos notorios de ostentación de  riqueza, ni utilizaciones sistemáticas de componentes de ajuar tan específicas como en la cultura argárica, tampoco se han encontrado armas propias de alguna identidad social relacionada con el ejercicio del poder y la autoridad.

Los análisis indican que la sociedad del Bronce de La Mancha no estuvo fuertemente jerarquizada sino todo lo contrario, dedicándose de forma generalizada a la agricultura y al pastoreo, sin que existan bases sólidas para que pueda ser afirmado con certeza que estuviera dirigida por una élite social que pudiera diferenciarse ostentosamente del resto de la población, así mismo, los estudios avalan la idea de que las Motillas son adaptaciones al medio y no reductos amurallados de una clase dominante dentro de la dialéctica de la lucha de clases o del paradigma de un paisaje fortificado.

El trabajo de investigación antropológica propone la existencia de un sistema de organización sociocultural en el Bronce Manchego que aunque posiblemente tuviera unas élites, estas no dispondrían de poderes para condicionar excesiva o intensamente a la sociedad en su conjunto, élites cuya composición pudiera tener más que ver con las aptitudes personales de cada individuo, con las creencias o con otras formas de organización que hoy en día no conocemos. 

El perfil sociocultural proclive a la mutualidad, solidaridad y práctica de valores humanos de colaboración y cooperación, en este caso necesarios para el logro de la edificación de las motillas como soporte de los pozos que permitieron a estas sociedades sobrevivir sin colapsar por medio de estrategias que al día de hoy se encuentran recogidas en el modelo de la Sostenibilidad caracterizado por  la planificación conjunta de los tres objetivos, triple bottom line o línea de triple de resultados conformada por las tres dimensiones de naturaleza: económica, social y medioambiental, consideradas de forma conjunta y con igual preferencia. Objetivos de desarrollo sostenible ODS que a nivel planetario fueron refrendados por la ONU en el 2015 y están siendo implementados por las organizaciones y corporaciones globales, entre ellas el Foro de Davos.  

Cooperación.

Además del  Bronce Manchego, otras evidencias paleoantropológicas, también atestiguan  la práctica del altruismo mediante la ayuda mutua y la cooperación en anteriores tiempos prehistóricos. La literatura científica recoge numerosos casos, un ejemplo representativo es el estudio de la pelvis de Homo heildebergensis de cerca de 500.000 años de antigüedad hallada en Atapuerca, España, perteneciente a un anciano con graves problemas para la locomoción, lo que exigiría su permanente cuidado, incluso el transporte por otros miembros del grupo. Bonmatia, Gómez –Olivenza, Arsuaga y otros 2010.

La cooperación, la ayuda mutua, el altruismo, la asociación, la reciprocidad son comportamientos socioculturales, cognitivos y emocionales -escasamente explicados por el neodarwinismo- considerados atributos de intrínseca humanidad. 

Para el investigador de antropología evolutiva el norteamericano Michael Tomasello autor de la obra ¿Porqué cooperamos? el fenómeno de la cooperación es la principal característica de nuestra especie y puede ser visualizado por la actual extensión multitudinaria de las redes sociales para el intercambio de información, es admitido por la ciencia que la práctica de la cooperación es motor de la evolución humana, superando el anticuado criterio del individualismo como ideario único que Hobbes justifica en el siglo XVII del que se vienen sirviendo ideologías políticas tales como el “reaganismo”.

Ya en la antigüedad Aristóteles, en sus escritos éticos y políticos afirmaba la virtud de la cooperación mediante la amistad cívica, la concordia y la responsabilidad como elementos necesarios para la “buena vida” según la concepción aristotélica del término.

Mas allá de la filosofía griega  el cristianismo paulino y agustiniano promueve la convicción doctrinal de que las personas se reconozcan como semejantes conformando la hermandad universal de todos los humanos y Tomás de Aquino considerado por el catolicismo como Doctor de la Humanidad de quién el filosofo francés Maritain, afirma que nadie como el ha puesto de relieve la primacía básica siguiente: “El bien común supera al bien particular”.

 

Madrid 12 de Septiembre de 2020

 

 

1.- La edición de la Diputación de Ciudad Real del año 2009 “Los pueblos de Ciudad Real en las Relaciones Topográficas de Felipe II” fue transcrita por J. Javier Campos y Fernández de Sevilla, a ella  puede accederse libremente

 http://publicaciones.dipucr.es/puebloscrealrelacionestopograficas.pdf.

 

2.- “Agrociudad mediterránea” categoría de entes locales en el que “los mundos rural y urbano se enfrentan y amalgaman, confunden y clarifican terminando por constituir algo especifico e irreductible a categorías previamente establecidas”  situados territorio que se extiende entre las capitales de provincia Albacete y Ciudad Real, como ejes este y oeste y el rio Tajo y las estribaciones de Sierra Morena como ejes norte y sur, criterio del economista y antropólogo criptanense López-Casero Olmedo.

3.- Schuler W. y Pellicer M. 1965  Prospección en Manzanares. Noticiario Arqueológico Hispánico, VII.

4.-  Profesores: Colmenarejo Hernández, Galán Saunier, Martínez Peñarroya, Sánchez Meseguer. 

5.-Arqueología, Hidrología  y Medio Ambiente en la Edad del Bronce de La Mancha: La Cultura de las Motillas” / Editores: Miguel Mejías Moreno, Luís Benítez de Lugo Enrich, José Antonio López Salazar, Cesar Esteban López- Madrid Instituto Geológico y Minero de España. 2015.   

6.- Obra anterior, Página 101 

7.- “Las comunidades de la Edad del Bronce de La Mancha desde la Arqueología y la Antropología Física” publicado en MENGA Revista de Prehistoria  de Andalucía, núm. 5 año 2014, Autores. Monsalve Romera, Sánchez Romero, González Martín. 

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