Opinión

No-sí

Joaquín Patón Pardina | Sábado, 19 de Septiembre del 2020

- “Hola Josefran te invito a una no-comida que vamos a tener en mi no-casa. Se trata de una no-reunión de los no-amigos y sus no-mujeres, aunque traerán a sus no-hijos para que jueguen en el no-jardín que tenemos. Eso sí no olvides las no-cervezas, para tomar un no-aperitivo. De los no-chorizos y no-morcillas se encargará Sinfo, y Tato llevará unas no-bolsas de no-patatas y no-cortezas. No te preocupes por no-venir, tampoco los demás no-iremos”.

- “De acuerdo, pues no-allí estaré y cuando llegue te enviaré un no-whatsapp, para que me abras la no-puerta. Vamos disfrutar de lo no-lindo el no-rato que estemos sentados en las no-sillas tan cómodas que tienes en la no-mesa del no-jardín”.

Querido lector, el que estés en esta línea es señal de que has aguantado, como héroe inmune al desaliento, el diálogo tan plasma, en cursiva, del inicio. Debo asegurarte y te aseguro, que no lo he copiado de ninguna intervención del ilustre José Mota.  Es mío desde el primer guión hasta el último punto.

Unas preguntas  indispensables para continuar con el desarrollo de este texto, con la excusa de que quiero inmiscuirte en su desarrollo: ¿Has oído alguna vez que alguien ha estado en una “no-fiesta” que han organizado? ¿Has ido a la “no-feria” que estamos celebrando? O quizás ¿te has presentado en la “no-romería” del pueblo vecino?

Yo llevo un tiempo oyendo expresiones de estas que te comento. El primer instante de oír la tal expresión se me hizo eterno, porque no llegaba a comprender lo que querían decirme, de modo que concluía o en no haber escuchado bien, o me había despistado en el relato que me hacían. Pero no, no me había despistado  y sí había oído bien. Más que nada, porque expresiones de ese tipo las he visto escritas y ahí ya no hay duda.

Ahora me viene el temor de si mi mente estará quedándose obsoleta por tales oleadas de intelectualidad suma.  En medio de mi inquietud existencial martillean los interrogantes, de modo que apenas me dejan dormir, ni siquiera la siesta, y eso comienza a ser grave. En el confín de mis vigilias siempre concluyo, quizás jugando a mi favor, con la siguiente incógnita: Ese modo de expresarse ¿se deberá a cabezas cultas o a testas vacías de seso?

Me decanto por la  segunda parte de la disyunción sistemáticamente.

Pertenezco al grupo de personas que además de estudiar Filosofía en los años de universidad, intenta practicarla, ejercicio que recomiendo a cualquier ser humano sin distinguir edad, sexo, creencia o procedencia. Llega a formar parte de la identidad individual y grupal. Incluso da visiones de la vida altamente sugestivas. Es más, ayuda a descubrir  las artes sofistas de políticos y mangoneantes callejeros sentados en despachos. Incluso, afirmo, que destapa en múltiples ocasiones las falsas verdades, que santifican ciertas religiones, incluyendo sus jerarquías.

Es por lo anterior que aprendí el principio de identidad. Como sabes,  puede  formularse del siguiente modo: “Toda entidad es idéntica a sí misma”.  Incluso se paralela con el principio de no contradicción “Una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto”.  Ambos paradigmas pertenecen a la lógica tan clásica como actual,  claros en sí mismos, de tal modo que hacen innecesaria una explicación.

Ahora comprenderás por qué me soliviantan tanto mis circunstancias.

Me dirás que son fórmulas o expresiones para definir una situación, acto, evento (palabra que tanto eleva la aparente intelectualidad de quien la pronuncia).

Sí, claro… Pero insisto en mi terquería. Pongamos por ejemplo que necesito explicar qué es una mesa. No puedo comenzar enumerando negaciones: -no es una cabra, no es un bolígrafo, no es un botijo. Tendré que utilizar afirmaciones que me lleven a detallar la mesa, para que mi interlocutor llegue a comprender lo que realmente quiero comunicarle.

De todos modos no hay que dar más importancia al asunto, al fin y al cabo son modas de expresiones lingüísticas inventadas por algún influencer (para mí, mejor influyente), que  hace su agosto entre el vulgo, muy dado siempre a las modernerías y retracto a temas de calado transcendental.

Tal invento de la negación de una acción no tendría mayor importancia por ser un hecho pasajero; sin embargo se convierte en trágico cuando se une en la actualidad con la expansión de la pandemia. Con un vistazo a los medios de información nos damos cuenta de que:

-En reuniones de no-cumpleaños se han contagiado con la covid-19 unos amiguetes y familiares de éstos.

-En no-romerías ha llegado la pandemia a ciertos pueblos de la Mancha, que habían conseguido mantener aislados sus habitantes en la primera oleada.

-En no-ferias del verano se han puesto en riesgo de muerte a muchos familiares de los disfrutantes de los encuentros cerveceros.

En fin, será que el panorama que contemplamos nos hace crearnos espejismos lumínicos  personales y lingüísticos. 

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