Navidad

Navidad singular

María Teresa Lozano López | Martes, 15 de Diciembre del 2020

El tiempo no espera ni acompasa el dolor o las dificultades, sigue su camino inexorable, sin prisa pero sin pausa. Esa fue la sensación que convertida en emoción pasó por mi mente al ver por primera vez el encendido navideño de esta atípica y extraña Navidad. Me sacaron de mis cavilaciones las risas de los niños que posaban junto al gran árbol, siguiendo las instrucciones de sus padres para las consabidas fotos. Los niños son siempre los salvadores de las circunstancias más adversas, pues con su alegría natural y sentido del momento, son ajenos a cualquier contrariedad, y encuentran siempre un motivo para aferrarse al presente y poner color a la vida. 

Han transcurrido muchos meses desde el comienzo de esta pesadilla llamada coronavirus que asola nuestras vidas. El sufrimiento, el miedo de todo lo acontecido y de sus consecuencias en todos los ámbitos, aún están por determinar. Por otra parte, este virus ha puesto también el foco con toda su luz (una vez más) en las muchas carencias que tenemos en cuanto a personal y servicios en nuestro hospital. Dotarlo con los medios necesarios para su buen funcionamiento, es de justicia. 

A nivel estatal vemos con tristeza unas coordinadas engañosas y cortoplacistas,  en un ambiente de tensión continua. Hoy por hoy el PIB per cápita de España es un 30% inferior al de la Eurozona. Desde la anterior crisis, fecha en la que emergieron todos los desequilibrios acumulados, España ha ido aumentando lentamente esa brecha, disparada en los últimos meses. Nuestra pérdida constante en industria y la poca inversión en investigación y desarrollo, ha ido mermando nuestra capacidad de empleo de calidad convirtiendo nuestro mercado de trabajo en temporal  y precario. Esta pandemia nos lo ha puesto de manifiesto una vez más mandando al paro a miles de personas y aumentando las desigualdades. 

Vamos a necesitar tiempo para pasar página, aún duelen mucho aquellos primeros meses de la pandemia. La muerte de un ser querido siempre produce un fuerte impacto que puede ser terrible bajo determinadas circunstancias. Aquella sensación indescriptible de abismo, de presente extraño y atemporal unido al desconocimiento y terror de lo que estábamos viviendo, aún flotan en el ambiente. Las reacciones emocionales y físicas de rabia y frustración de no saber, de no poder hacer un duelo, una despedida en condiciones, suma dificultad  y baja nuestra resiliencia a la hora de enfrentar tan dolorosa situación.

Quizá nuestro mejor regalo estos Reyes sea la añorada vacuna con su PCR negativo y permanente.  Vivamos las fiestas con responsabilidad y encendamos hoy más que nunca el verdadero espíritu de la Navidad.


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