Opinión

La edición en Argamasilla del Quijote de Rivadeneira en 1862-63

Juan José Sánchez Ondal | Martes, 14 de Septiembre del 2021

Parece ser que en 1862 tres editores iban a dar a la luz tres lujosas ediciones del Quijote. El ya nombrado de Gorch en Barcelona; el de Dorregaray en Madrid, en la imprenta nacional, y el de Rivadeneira que se imprimiría en Argamasilla, en la casa de Medrano, recientemente adquirida por el infante don Sebastián.[1]

No tenemos claro de quién partió la idea de imprimir en dicha casa en Argamasilla, el Quijote, o, mejor,  los dos ejemplares del Quijote, que llevaría a cabo Rivadeneira. Según unos del infante, según otros, del editor, según alguno, de Hartzembusch, según otro, del argamasillero don Ramón de Antequera. Lo cierto es que se decidió realizar la referida impresión, a cuyo efecto Rivadeneira, contando con la debida autorización del nuevo propietario y la colaboración de D. Juan Eugenio Hartzenbusch, al que confió la dirección de ambas ediciones, se traslado a Argamasilla con todo lo necesario para montar la imprenta que lo llevara a cabo. En cuanto a medios técnicos, “El Contemporáneo”[2] daba cuenta de haber llegado a Argamasilla don Manuel Rivadeneira “con la imprenta y demás necesario para la edición…el papel es muy superior; la máquina es nueva, traída esprofeso de París, y los tipos muy lindos. Todo el material…pesa 350 arrobas, por lo que se han necesitado seis carros para trasladarlo desde la estación a la villa.” Además, Rivadeneira desplazó a los operarios procedentes de diferentes ciudades y países: D. Ramón Simón y Badía, Regente (de Barcelona); Miguel Claros (de Alicante); Pascual Canal (de Vich); Antonio Briones y Maximiliano Palomino (de Argamasilla de Alba); Luis Godron (de París) y Césareo Fernández (de Madrid).

Mientras tanto, el Sr. Dorregaray viajó también a Argamasilla, con personas del país para adquirir noticias que ilustren su Quijote y con fotógrafo y dibujante reputados con el fin de sacar reproducciones de la casa y del pueblo para regalar a sus suscriptores.[3]

Todo preparado, va a ser el 23 de octubre de 1862, cuando con la mayor solemnidad, se celebre el acto de tirar el primer pliego del Quijote revisado por don Juan Eugenio Hartzenbusch, “en la casa en que fue escrita la inmortal obra”. De dicho acto se levantó acta de la que dan textual noticia diversos medios de comunicación. Por su interés reproducimos la publicada por La Época[4]:

               ACTA. «En la villa de Argamasilla de Alba a veinte y tres de octubre de mil ochocientos sesenta y dos, a la una de la tarde; convocados por el señor alcalde D. Antonio Millán, se reunieron en la casa de Ayuntamiento el primer teniente de alcalde D. Vicente Parra, los regidores D. Manuel Añover, D. Antonio González, D. José María Briones, D. Ramón Antequera y D. Polonio Lucendo; el síndico D. Marcelino Montalbao y el secretario D. Joaquín Palomino y Salillas, el señor cura párroco D. Juan Pedro Parra, don Manuel Sanz y Barrilla, comandante graduado capitán de infantería retirado y D. Pablo Garrido y Osorio, maestro de primera enseñanza. El señor alcalde manifestó á los concurrentes que habiendo venido de Madrid el señor impresor editor D. Manuel Rivadeneira, como era notorio, a imprimir en esta villa dos ediciones de la insigne obra de Cervantes titulada el Ingenioso Hidalgo D. Quijote, la una en tamaño pequeño y de dos mil ejemplares, y la otra en octavo mayor y de solo doscientos, se había dirigido el Sr. Rivadeneira al señor alcalde pidiéndole se sirviese autorizar con su presencia y la de las personas que tuviere por conveniente invitar, la tirada del primer pliego del Quijote, que en el día de hoy debía verificarse, y considerando el señor alcalde ser conveniente y justo que por acto y acta formal y fehaciente se hiciere constar el día en que se imprimió por primera vez en esta villa, había dispuesto reunir á las personas que se hallaban presentes para que lo viesen y diesen fe de ello. Adhiriéndose todos unánimes a lo dispuesto y manifestado por el señor alcalde pasaron en seguida á la calle de Cervantes, casa señalada con el número siete, llamada de Medrano, propia hoy del Sermo. señor infante D. Sebastián, en la cual, por concesión de S. A., tiene establecida su imprenta D. Manuel Rivadeneira, donde hallaron al dicho D. Manuel, a D. Juan Eugenio Hartzenbusch, que en el mismo día había llegado de Madrid, y a los operarios de la imprenta D. Luis Godon y D. Cesáreo Fernandez, prensistas; D. Manuel Lardies y a D. Miguel Glayo, cajistas; D. Eleuterío Navascue y Capdet, mecánico, y D. Ramón Simó Badía, regente. Vistos por el señor alcalde y demás personas que le acompañaban la forma dispuesta y preparada para la tirada del pliego y la prensa en que había de tirarse, D. Manuel Rivadeneira rogó al señor alcalde y al regidor D. José María Briones se sirviesen tirar por sus propias manos un pliego, y enterados brevemente de la operación, don José María Briones dio tinta y el señor alcalde dio pliego a la prensa y resultó tirado el primer pliego de la obra, el cual comprendía treinta y dos páginas en tamaño pequeño, conservado el pliego fue puesto aparte para unirlo a esta acta. Dadas espresivamete las gracias por D. Manuel Rivadeneira al señor alcalde y demás señores que con él habían presenciado el acto, salieron todos de la pieza donde estaba la imprenta al patio de la casa, y colocados bajo el corredor de la mano derecha dando frente a la entrada de la pieza donde, según tradición constante en esta villa, estuvo preso Cervantes e ideó el Quijote, el regidor D. Ramón Antequera, a instancia del señor alcalde y varios concurrentes, leyó un sencillo escrito, en el cual, principalmente, aparecen anunciados los puntos siguientes: Que el alcalde de Argamasilla, por influencia de D. Rodrigo Pacheco, había tenido preso a Cervantes en aquella casa porque no había entonces otra cárcel en Argamasilla. Que el dicho D. Rodrigo era el caballero cuyo retrato y el de una joven sobrina suya se ven en la iglesia parroquial de esta villa, en el cuadro que ocupa el centro del retablo de Nuestra Señora de la Salud. Que de la inscripción puesta en dicho retablo debajo del cuadro se debe inferir que el D. Rodrigo Pacheco tendría la razón perturbada; por lo cual pudo haber poco o ningún motivo para la prisión de Cervantes; y así, ni él debe ser considerado como delincuente, ni D. Rodrigo como responsable de una manía o acto accidental de demencia. Que por lo mismo tampoco se debe considerar El Quijote como una venganza que tomó Cervantes en D. Rodrigo, porque ningún cuerdo se venga de un loco. Por último, que debiendo considerarse la prisión de Cervantes como una desgracia irremediable que le dio ocasión para escribir una obra inmortal, la villa de Argamasilla, completamente agena a aquel contratiempo, aunque debía mirar con respeto y compasión el lugar donde estuvo encarcelado nuestro gran escritor, podrá digna y desapasionadamente solemnizar el momento en que se reproducía por medio de la prensa la obra cuyo pensamiento había nacido en la incómoda mansión cuya entrada tenían á la vista los concurrentes. Con esto, el señor alcalde dio por terminado el acto, advirtiendo que todas las personas que habían asistido a él podían, si tenían gusto en ello, firmar este documento, de todo lo cual yo el secretario certifico.»

Juan Eugenio Hartzenbusch

Con tal motivo y para despedirse de Argamasilla de Alba, de su ayuntamiento y vecindario, D. Juan Eugenio Hartzenbusch leyó las siguientes redondillas compuestas para la ocasión:

“Ha cabídome por lote/ un Quijote revisar, / y he venido a saludar/ la cuna de don Quijote. / Mal lo pasó en esta villa / el autor de aquella historia, / que no quiso hacer memoria / del nombre de Argamasilla. / Por fortuna para mí, / muy otra mi suerte fue / yo siempre recordaré/ la acogida que hallo aquí. / Dábase aquí a Barrabás / Cervantes cada momento; / yo me voy con sentimiento / de no detenerme más./ Cervantes, por un descuido, / puesto en la trena se vio;/ tan solo estoy preso yo/ de un afecto agradecido. / Mas de uno y otro viajero/ tengamos el fin en cuenta: / yo vine a ver una imprenta, / y el vino a sacar dinero./ Y si dar crédito es bien/ a lo que dice el lugar, / de camino que a sacar / probó a sonsacar también. / Que, según razón se da / de sus prendas y sus tachas, / le gustaban las muchachas / al Manquito de Alcalá. / Y claro aparece ahora / que era excelente su gusto, / según el retrato en busto / que hay de la linda Melchora; /pues cualquiera que lo vea, / dirá del Miguel travieso: /”Si estuvo por ésta preso, / ¡caramba! Que no era fea.”/ Mas fuese la causa tal, /o fuese otra la ocasión, / Cervantes en su prisión/ creó su libro inmortal. / Y a repetirlo anhelantes / vinimos al aposento/ que engendró el gran pensamiento / de la mente de Cervantes. / Por esto, favor honroso / espera nuestra venida / de la patria esclarecida,/ del buen hidalgo ingenioso; / Y bailará la muñeira/ de gusto con el favor/ el animoso editor/ don Manuel Rivadeneira, / que quiso, porque esta villa / toda la tierra alborote, / estrenar con el Quijote / la imprenta en Argamasilla.  J. E. H.”

Un año, aproximadamente, había pasado desde que el infante adquirió la casa de Medrano y acogió la idea de Rivadeneira de imprimir en ella dos ediciones del Quijote, una de lujo y otra económica, cuando se desplazó a Argamasilla para ver la casa y participar en el final de la edición del Quijote que se estaba imprimiendo. De su visita se levantó también acta de la que sacamos que «A las seis de la mañana del sábado 9 del corriente, [mayo de 1863]… llegó á la villa de Argamasilla de Alba, con el noble objeto de visitar la casa llamada de Medrano, que, según tradición constante, sirvió de prisión á Miguel de Cervantes Saavedra. Acompañaban á S. A. R. en su coche los señores don Ramón Serrano y Serrano, gobernador de esta provincia de Ciudad-Real, [el señor Cisneros había pasado a desempeñar el Gobierno civil de Alicante], el Excmo. señor don Gabriel de Aristizabal, jefe de la casa de S. A., y don José Montalban, alcalde constitucional de la mencionada villa. En otros carruajes venían también los señores don Juan Eugenio Hartzenbusch, individuo de número de la real Academia española y director de la Biblioteca Nacional; don Manuel Cañete, individuo también de número de la misma real Academia; don Narciso Colomer y don Luis Ferrant, de la de san Fernando; don Víctor Manzano y don Basilio Sebastián Castellanos, bibliotecario de S. A. y director de la Escuela normal central de primera enseñanza. La población entera, que esperaba ansiosa la llegada de S. A., se agolpó á recibirle á la entrada de la villa, vitoreándole con el mayor entusiasmo… Después de unos breves instantes de descanso en la casa de don Manuel Añover, administrador de S. A., el Sermo. señor infante, con todo su acompañamiento, al que se unió el numeroso concurso presente, pasó á la iglesia parroquial de la villa, donde oyó misa mayor… Desde la iglesia se trasladó… á la casa dicha de Medrano,… El impresor don Manuel Rivadeneira suplicó á S. A. le dispensase la honra de tirar por su augusta mano el primer pliego de la edición mayor, reservado al efecto. Accediendo bondadosamente S. A., tiró uno, declarando en seguida que se proponía presentárselo á S. M. la reina. Otros tres, además, tiró S. A., uno para la real Academia española, otro para sí y otro para el editor… La prensa estaba adornada de flores y el suelo cubierto de yerbas olorosas. …don Juan Eugenio Hartzenbusch, pidió… permiso, y después los señores don Manuel Cañete y don Basilio Sebastián Castellanos, para leer unos versos alusivos al acto. S. A., en un breve y sentido discurso, declaró que el pensamiento de adquirir la casa donde en aquel momento se hallaba se le había ofrecido muchas veces, y que había aprovechado solícito la primera ocasión de realizarlo; cabiéndole la mayor complacencia de que hubiese servido para dar una muestra de su amor á las letras españolas, y señaladamente al mayor ingenio que ellas reconocen. S. A. recorrió en seguida toda la casa y sus dependencias, consultando con los artistas don Narciso Colomer, don Luis Ferrant, don Víctor Manzano y otras personas los reparos y reformas que se proponía mandar ejecutar en ella. Manifestó su deseo de que se estendiese una sencilla relación del acto, ofreciendo para ella su firma, e invitando a los presentes a que también pusieran las suyas. Esta circunstancia nos impide detenernos en espresar el vivo interés y gozo con que todos los vecinos de Argamasilla habían visto y acompañado a todas partes a S. A. Argamasilla de Alba 9 de mayo de 1863. » [5]

He aquí algunos versos de que se hace mérito en el acta que antecede, dados a conocer en “Escenas Contemporáneas” y en “La Epoca” citadas.

 El señor Hartzenbusch, leyó las siguientes redondillas:

A la visita hecha por el Sermo. señor infante don Sebastián a la casa, llamada antes de Medrano, donde estuvo preso Cervantes en Argamasilla, casa que es hoy propiedad de S. A. y en la cual se imprimen actualmente dos ediciones del Don Quijote.”

La voz de la tradición, / Ya por siglos venerada, / Cuenta que en esta morada/ sufrió un ingenio prisión. / Fue un soldado aventurero, / A quien hizo astro sañudo / Manco sobre tartamudo, /Cautivo y alcabalero. /Adornado con las galas/ De un talento singular, / Apenas supo sumar/ ¡Buen cobrador de alcabalas!/ No la noticia dudéis/ Mas de una crítica pluma /Le notó al manco una suma, / Donde uno y medio son seis. / Hay tareas, que no son/ Para un aliento gallardo: / Un pollino lleva un fardo, / Y no lo lleva un león. / A esa prisión, aquí dan/ Por causa hombres y mujeres / Cierta falta de poderes, /Con licencias de galán. / A la historia se demande, / Si esta opinión se desdeña: / Cosa quizá bien pequeña/ Una produjo muy grande. / Instó á la prisión sonada/ Quijada, un hidalgo, loco:  /El preso Miguel , á poco/ Hizo Quijote al Quijada. / No sé si al loco le vote/ Gracias por su instigación: / El dio nombre y ocasión/ Al libro de Don Quijote. / Libro que, en parte verdad, /Y en parte cuento festivo, /Pasmo cada vez más vivo/ Infunde á la humanidad, / Y por donde alumbra el sol/ Seres á Dios semejantes, / Hace aclamar á Cervantes/ Rey del ingenio español. / Donde echó hierros al sabio/ Un alcalde de lugar, / Hoy le viene á visitar/ Un príncipe en desagravio. / A ciegas  debió escribir/ Su libro el genio gigante, / Donde hoy Apolo anhelante/ Se asoma á verlo imprimir. / El nombre que su desmán /Le atrajo al manchego insano/ Se lo estampa de su mano/ Un gran prior de San Juan, / Por quien en plácida unión/ Letras y artes convocadas/ Saludan entusiasmadas/ Esta mísera mansión. / Resucitarán ufanos/ Modernos Fidias y Apeles/ Al prisionero de infieles/ Y cautivo de cristianos, /Y ofrecerán por do quier /Las paredes tan desnudas/ Telas que celebren mudas/ La desgracia y el saber. /En letras insigne tanto/ Miguel, de infortunio ejemplo, / Vendrá á ser la cárcel templo/ Del malherido en Lepanto. / Rápidas corriendo el mundo/ Las hojas de gracia inmensa, / Donde ha fijado esta prensa/ La voz de aquel sin segundo, /Traerá de país lejano/ La fama viejos y mozos/ A los negros calabozos/ De la Casa de Medrano. / Preguntarán como yo, / Y alguno responderá: /«Aquí el manco de Alcalá/ Su cabeza reclinó.»/ ¡Gloria al Señor, cuya vara/ Todo en ley justa lo mide!/ Si hay generación que olvide, / Llega en pos la que repara. / ¡Honor y gloria incesantes/ Al gran ingenio se den! / ¡Honor y gloria también/ Al que honra tanto a Cervantes! “

A continuación leyeron sus composiciones los señores Manuel Cañete y D. Basilio Sebastián Castellanos:

Al Sermo. señor infante D. Sebastián Gabriel de Barbón, con motivo de su visita a la casa donde Cervantes imaginó y se cree que empezó a escribir en Argamasilla de Alba la primera parte de su historia del ingenioso hidalgo D. Quijote de la Mancha. Improvisación.

Bien vengáis, príncipe augusto. / Bien vengáis á esta morada/ Que adquiristeis generoso, / Rindiendo al ingenio parias. / En el humilde recinto/ Que hoy recibe honra tan alta, / Sufrió Cervantes un día/ Rigores de la desgracia. / Cárcel fue la que hoy es templo/ Que consagráis á su fama; /Pero cárcel que dio cuna/ Al Hidalgo de la Mancha. / ¡Dichosa edad, y dichoso /Siglo para nuestra patria/ El que ve lo que ahora vemos/ Llena de placer el alma! /Aquí engendró el manco-sano/ La Historia que al mundo pasma, / Donde resume y compendia/ Toda la existencia humana; /Y aquí, de agenos errores/ Con primor purificada, / La estampa el émulo insigne/ De Aldos, Bodonis e Ibarras./ ¡Feliz quien sus altos timbres/ Cual vos, príncipe, realza. /Quien da aliento al entusiasmo/ Y rinde al ingenio parias!  Manuel Cañete.”

Y D. Basilio Sebastián Castellanos dedicó la siguiente “Al príncipe de los ingenios españoles, el inmortal Cervantes en el solemne acto de tirar el primer pliego de la edición del Quijote S. A. R. el Sermo. Señor infante D. Sebastián de Borbón, en Argamasilla de Alba, en la misma sala que sirvió de prisión al famoso manco de Lepanto (y en la que escribió este su citada obra), propiedad hoy de S. A. “

Levanta la cabeza. / Genio inmortal de la nación hispana, / Y admira tu grandeza, / Cuyo brillo y pureza/ El mundo siempre en aumentar se afana. / Aquí donde yaciste/ Enfermo, pobre, preso y desgraciado, / Y en situación tan triste /A escribir te pusiste/ Ese libro inmortal tan admirado; /Aquí, donde a ti un día/ Se quiso hacer del crimen escarmiento/ Con infame osadía, / Y tú con valentía/ Te labraste un eterno monumento. / Hoy un príncipe augusto, /Protector de las letras,/ Con su ejemplo/ Viene, en tributo justo,/ A convertir con gusto / Esta pobre mansión del genio en templo. /Levanta la cabeza, /Vencedor de Lepanto, / cuya gloria/ Siempre de nuevo empieza,  Y admira tu grandeza/ Que hoy regia mano escribirá en la historia. /A tu nombre otro nombre/ Eternamente irá desde hoy unido; / Y tu inmortal renombre/ De Príncipe, no de hombre, /Con el suyo será ya repetido.”

S. A. contestó con un corto discurso en elogio de Cervantes. Pasó después con el arquitecto Sr. Colomer a acordar las obras que han de hacerse para embellecer y conservar aquella célebre casa, y encargó al Sr. Ferrant pintar un cuadro de una escena del Quijote. De todo lo cual levantó acta el secretario del ayuntamiento. Entretanto el excelentísimo señor D. Gabriel Aristizabal entregó de orden de S. A. 3.000 reales para que se distribuyesen entre los pobres de Argamasilla; satisfizo los gastos de la iglesia y gratificó a los operarios de la Imprenta del Sr. Rivadeneira, recompensó a los guardas del campo y a todos los que habían prestado algún servicio. S. A. dio una opípara comida-almuerzo a los vocales del ayuntamiento, gobernador civil y personas distinguidas de la población y salió de Argamasilla entre las bendiciones y aclamaciones del pueblo, á la una de la tarde, dejando gratos recuerdos a los argamasilleros.

La edición de este Quijote, recibida con expectación, fue luego bastante criticada, no solamente por la Pardo Bazan de la que dijo que “se han de cuidar ligerezas como la edición especial del “Quijote” que en dicha casa de Argasmasilla se hizo en 1863…”, sino por los cervantistas. Véase, por todos, la realizada por Nicolás Díaz Benjumea en “La Libertad” de los días 28.11.1863 y 2.12.1863, en la que por lo que a la labor de Hartzenbusch se refiere, la considera como  una reconstrucción de la inmortal obra, hasta el extremo de calificar como  apócrifo al mencionado Quijote.

Madrid, septiembre de 2021


[1] “El museo universal”: periódico de ciencias, literatura, artes, industria y conocimientos útiles 1862 mayo 25, pp. 1,2.

[2] “El Contemporáneo”, 18 de  septiembre 1862, p. 4.

[3] “La Correspondencia de España”: diario universal de noticias: 1862 junio 1, p. 2.

[4] “La Época” (Madrid. 1849), 4/11/1862, página 4.

[5] “Escenas Contemporáneas”. Revista política, literaria y de ciencias, artes, comercio, agricultura y teatros. Tomo I. Madrid. Imprenta del colegio de sordo-mudos y de ciegos. 1863, pp. 134 y ss. y “La Época” (Madrid. 1849). 13/5/1863, nº 4.667, página 4.

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