Opinión

No es país para microempresas

Ramón Castro Pérez | Martes, 21 de Septiembre del 2021

Según la Dirección General de la PYME, en nuestra economía existen (cifras de agosto de 2021) algo más de 2,9 millones de empresas (2.911.553 para ser más exactos). De todas ellas, solamente 4.725 son grandes, es decir, cuentan con una plantilla superior a 249 personas. Haciendo una cabriola matemática, estamos en condiciones de afirmar que las empresas grandes suponen el 0,16% del total. 

—¿Y el resto? 

A lo que queda fuera de ese 0,16% se le denomina PYME (acrónimo de pequeña y mediana empresa) y engloba a medianas (0,85%), pequeñas (5,28%) y microempresas (93,71%). Cuando hablamos de microempresas, nos referimos a autónomos que trabajan solos (55,46%) y a empresas con plantillas no superiores a 9 personas (38,25%). 

Redondeando, para que ustedes lo tengan claro, por cada 1.000 empresas:

 

—¿Y qué hay del empleo? 

En términos de puestos de trabajo, los números cambian, si bien pueden aprenderse la siguiente combinación (aproximada): un tercio para microempresas, otro tercio para pequeñas y medianas y el restante para grandes. Exactamente, por cada 1.000 puestos de trabajo:

  

El que la mayoría de empresas de una economía sean catalogadas como microempresas no es, en sí, desfavorable. Calificar la situación de esta forma dependerá de factores tan diversos como la productividad, la capacidad de innovación, la formación de las plantillas, la calidad de los puestos directivos, el tipo de actividad económica, etcétera. Lo que si está claro es que, en la economía española, abundan las microempresas, así que conviene reflexionar sobre la relación de estas con la productividad. 

La microempresa y la Productividad Total de los Factores (PTF) 

Las economías crecen y se desarrollan a lo largo del tiempo. Más crecimiento (y más desarrollo) conducen a un mayor bienestar, por lo que este es siempre deseable. Ahora bien ¿qué nos hace crecer y ganar en calidad de vida? Los economistas han identificado las fuentes y cabe citar, entre ellas, el empleo, la cantidad de capital y la forma en la que los dos factores anteriores conviven (la PTF). Es decir, para crecer (primera condición -necesaria pero no suficiente- del desarrollo), necesitamos: empleo, capital y organización. 

—¿Vale cualquier empleo? 

No. Por ejemplo, el empleo temporal no es bueno. Encadenar contratos temporales no conduce más que al desasosiego de la persona asalariada y al aumento en la mortalidad empresarial. La motivación de la plantilla brilla por su ausencia, no existen incentivos para abordar un plan de formación dentro de la empresa, el salario suele ser más bajo y, a las primeras de cambio en una crisis, eres la primera persona en quedarte sin empleo. La temporalidad es un ácido para la productividad y, como podemos observar en la tabla siguiente, una lacra de nuestro mercado de trabajo. 

 

La tasa de temporalidad es insoportablemente alta para el total de la economía y su habitualidad es uno de los principales problemas de nuestro país. Tanto que es posible aseverar que existen dos clases sociales: las personas con trabajo fijo y las que no lo tienen. Adivinen quiénes salen perdiendo. 

Si la temporalidad obstruye el desarrollo de la productividad, para el caso de la microempresa es aún más grave. Competir con empresas de mayor tamaño requiere un extra de músculo que no parece existir (1 de cada 3 contratos es temporal). Las microempresas tienen un muy difícil acceso a financiación (créditos, confirming, etcétera), por lo que realizan menos inversiones, menos gasto en I+D y llevan a cabo una menor formación en el empleo. La alta temporalidad aún se lo pone más difícil. Como reflexión, les propongo que piensen si alguna de las microempresas que conocen podría sobrevivir sin recurrir a la contratación temporal. 

—¿Vale cualquier capital? 

Investigadores expertos en productividad coinciden en señalar a los activos intangibles como el capital idóneo para aumentar el crecimiento y desarrollo económico. Cuando hablamos de activos intangibles, nos referimos a patentes, marcas, software, concesiones administrativas, habilidades organizativas y de dirección, habilidades de la plantilla, valor de la empresa por encima de su valor en cuentas, carteras de clientes, etcétera. 

¿Y bien? ¿Cómo se consigue aumentar el capital intangible? Normalmente, a través de conocimiento y financiación, la cual exigirá unas garantías como respaldo, ya que las entidades financieras aplicarán una adecuada gestión de riesgos a este tipo de inversiones en las que no se conoce, a priori, el resultado aproximado. Es por eso por lo que este capital suele concentrarse en empresas de mayor tamaño, que cuentan con recursos suficientes para abordar estos procesos. De nuevo, no parece que este sea un territorio para las microempresas. 

—¿Y el papel de la organización, la dirección y la formación en el empleo? 

Organizar bien el trabajo conduce a sinergias (ya saben, el todo es mayor que la suma de las partes). Dirigir motivando es todo un arte (lograr que los demás hagan con entusiasmo lo que uno se propone). La formación en el empleo también juega su papel: instruye, capacita, motiva y otorga seguridad a las plantillas de trabajo. Un vistazo a los datos sobre formación, por tipos de empresa, en los últimos años, nos ofrece la siguiente panorámica: 

 

Malas noticias, pues las horas de formación por contrato han venido cayendo para todas las empresas, aunque el descenso es mucho más acusado en el caso de las microempresas (la ratio ha descendido desde las 8 horas por contrato de 2013 hasta las cuatro horas en 2019). De nuevo, la microempresa sale peor parada en un aspecto crucial para la productividad (la formación para el empleo), otro hándicap a añadir en su desigual batalla a la hora de competir con el resto de empresas, de mayor tamaño. Pueden visualizar los datos de la tabla anterior a continuación:

 

 

En resumen, no es país para microempresas o, al menos, el ambiente no es demasiado propicio. Un servidor no se atreve a pronunciarse sobre si el reducido tamaño empresarial es la fuente del resto de males del mercado de trabajo o si la dirección causal va en sentido contrario (es decir, tenemos un mercado de trabajo tan disfuncional que no queda otra). El caso es que, lo que cabría preguntarse, tal vez no sea por qué hay tantas microempresas, sino por qué no hay más empresas de mayor tamaño en nuestra economía. 

Para saber más:

Formación para el empleo. Balance de situación. 2020.

Cifras PYME.

Anuario de Estadísticas del Ministerio de Trabajo y Economía Social.

Intangibles y crecimiento económico. Universidad de Valencia e IVIE. 

 

Ramón Castro Pérez es profesor de Economía en el IES Fernando de Mena (Socuéllamos, Ciudad Real).

1529 usuarios han visto esta noticia
Comentarios

Debe Iniciar Sesión para comentar

{{userSocial.nombreUsuario}}
{{comentario.usuario.nombreUsuario}} - {{comentario.fechaAmigable}}

{{comentario.contenido}}

Eliminar Comentario

{{comentariohijo.usuario.nombreUsuario}} - {{comentariohijo.fechaAmigable}}

"{{comentariohijo.contenido}}"

Eliminar Comentario

En esta misma categoría...

TIC

Jueves, 21 de Octubre del 2021

Haga click para iniciar sesion con

facebook
Instagram
Google+
Twitter
}

Haga click para iniciar sesion con

facebook
Instagram
Google+
Twitter
  • {{obligatorio}}