Cuevas

Grandes tinajas en la pequeña cueva de Pilar Paraíso

Carlos Moreno | Sábado, 18 de Febrero del 2023
{{Imagen.Descripcion}} Reportaje fotográfico de Ana Palacios y Carlos Moreno Reportaje fotográfico de Ana Palacios y Carlos Moreno

Curioso contraste en la cueva de Pilar Paraíso  ubicada en el número 29 de la calle Alcázar. La cueva es pequeña, muy recogida, pero alberga grandes tinajas. Pilar y su marido, Fermín López,  adquirieron la vivienda hace más de treinta años y decidieron conservarla. A ella se accede por una escalera de peldaños altos, hay un largo descansillo en mitad de trayecto y sigue hasta llegar a la parte más baja de la cueva. Contiene nueve tinajas de cemento de unas 550 arrobas de capacidad cada una. Haciendo la multiplicación sale una cantidad muy decente de litros de vino. De hecho la Cooperativa Virgen de las Viñas alquiló esta  cueva en uno de los años de gran cosecha. 

Las tinajas fueron construidas por José María Díaz Benito alrededor del año 1930. La cueva cuenta con una lumbrera de desgarre trapezoidal y el techo se encuentra en la pura tosca. “Estamos en una de las zonas de la ciudad que más grosor de tosca tiene”, precisa José María. El balaustre, está en perfecto estado y observamos también una original moldura dentro del empotre de la cueva. Las tinajas están separadas con unos rabos estriados.

Andando sobre el empotrado nos llama la atención una delgada canaleta que encauzaba el vino que se derramaba y sobre una de las tinajas vemos un montón de serillas apiladas y alguna tapa de la tinaja. A Pilar le viene rápidamente el recuerdo de esas vendimias en las que llenaban las serillas y las cargaban a los  carros. “Pesaban mucho, pero mi hijo tiraba del gancho y mi marido y yo empujábamos. Acababan subiendo”, recuerda con cierta nostalgia.

 Pasamos también al jaraíz que Pilar utiliza como desahogo de la vivienda. Y desde allí subimos ya al patio. En el porche nos topamos con una mangueta sobre la que giraba el eje de la rueda de los carros. Hemos visto una auténtica cueva tomellosera, y a pesar del paso del tiempo, parece como si los bodegueros hubieran estado trabajando hasta hace bien poco. Vinateros de la ciudad que guardaban ese mosto al que cantó el poeta Eladio Cabañero. 

“El mosto tiene un potro prisionero

relinchante y valiente, encabritado,

tiene un potro inexperto, dominado,

y un juvenil arranque de guerrero

 


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