Cuevas

En la cueva de Jesús Perona y Felicidad Martínez

Carlos Moreno | Lunes, 24 de Abril del 2023
{{Imagen.Descripcion}} Cueva de Jesús Perona. Reportaje fotográfico de Adrián Molina Cueva de Jesús Perona. Reportaje fotográfico de Adrián Molina

Para el periodista ha sido un momento delicioso visitar la cueva de Jesús Perona y Felicidad Martínez, entrañables vecinos de toda la vida, gentes que acaban siendo como de la familia y de las que se disfruta por esa sencillez y sentido común del que hacen gala. Felicidad, de todos conocida, como Fili, nos recibe en su casa con sus noventa años recién estrenados y una memoria y capacidad de razocinio que nos llama poderosamente la atención. Poco después se incorpora su hijo, Jesús, con el que bajamos a una cueva que nos impresiona por su dimensión y la perfección de sus formas.  José María Díaz, nuestro experto tinajero; la arquitecta, Ana Palacios, y el joven fotógrafo que realiza sus prácticas en La Voz, Adrián Molina, son los otros integrantes de esta visita.

La cueva tiene más de cien años.  La suegra de Fili, la Visita, y su marido fueron los primeros propietarios de una construcción. La familia no hizo vino, pero se la alquilaron a otros vinateros de Tomelloso que pudieron guardar sus caldos en siete tinajas de cemento de entre 450 y 500 arrobas de capacidad y otra más pequeña que se utilizaba para el gasto.  Fueron construidas por José María Díaz Benito.  La cueva tiene una zona donde están las tinajas y otra zona que está vacía, algo que explica José María, por las previsiones que hacían los propietarios para ir metiendo nuevas tinajas poco a poco. Dos lumbreras de desgarre trapezoidal interrumpen el techo de una cueva que está en la tosca, con unos colores terrosos que se combinan con los negros del humo de las lumbres que se prendieron para combatir el tufo. El suelo aparece en tierra compactada.

El desgarre de las cuevas permite ver con claridad la alternancia de vetas de tierra y zonas de tosca. La cueva contiene curiosos aperos como una prensa y algunos más que se mezclan con el herramental del constructor, Jesús Perona,. Su hijo recuerda numerosos juegos e historias a la que bajaba siendo un niño con su hermano, José Mari. “Mi madre me escondía los balones detrás de las tinajas”, recuerda.

La cueva va en línea con la fachada de la casa en la calle Santa Elia y llega casi hasta la mitad de la calle.  La cueva  no presenta humedad , se encuentra en  muy buen estado. Celebramos con el propietario que las cuevas hayan resurgido. “El mundo del vino y del enoturismo está en alza y eso ha venido muy bien a las cuevas”, nos dice nuestro magnífico anfitrión.


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