La Voz en reflexión

Los buenos son inmensa mayoría

Carlos Moreno | Miércoles, 21 de Enero del 2026
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El accidente ferroviario ocurrido en Córdoba el pasado domingo ha conmocionado a todos. Un trágico suceso que en el momento de escribir este artículo ha dejado cuarenta y dos personas fallecidas y más de un centenar de heridos. Todos los factores se concatenaron en 20 fatales segundos para que descarrillara el tren y chocara con otro que venía en sentido contrario, aunque las causas del accidente todavía no se han determinado.

En una tragedia de estas dimensiones hubieron de multiplicarse los profesionales que acudieron al lugar del siniestro: bomberos, sanitarios, efectivos de los cuerpos de seguridad,  psicólogos, autoridades y operarios de empresas de grúas y maquinaria pesada que se enfrentan a un trabajo muy difícil. Profesionales que ya demostraron antes en la pandemia su gran capacidad de respuesta, también en la dana, la filomena o el volcán de la Palma.

Y todavía emociona la respuesta de toda una población, Adamuz, que se mantuvo en vela toda la noche para socorrer, colaborar en los primeros auxilios y dar cobijo a los heridos llevando alimentos, mantas y, sobre todo, ese apoyo emocional tan necesario e imprescindible en esos durísimos momentos. Tras lo ocurrido empezaron a conocerse las historias de personas que se pudieron a ayudar, como la de un chaval de 16 años que logró sacar a varias personas, trabajadores de supermercados y propietarios de otros establecimientos que abrieron sus puertas en esa terrible noche o la de personas de mayores de ochenta años que también ayudaron en la medida de sus posibilidades. Nadie durmió esa noche en esta localidad cordobesa.

Muchos pensadores han filosofado sobre la naturaleza humana. Los hubo como Hobbes o Maquiavelo que trazaron una concepción más bien negativa, mientras que otros como Rousseau sostuvieron lo contrario “el hombre es bueno por naturaleza” y siglos atrás otro gran sabio como Aristóteles sentenció que el “hombre era un ser social”. Prefiero quedarme con estos últimos, con los que hilvanaron teorías positivas sobre el hombre.  

Frente a los que ayudaron están los que enredan  en la jauría incontrolada de las redes sociales con bulos, falsas teorías, insultos…que tan poco aportan. Mejor una manta o un vaso de caldo caliente que escribir barbaridades para poner malos cuerpos, generar confusión y hacer ruido. Aún así tengo claro que los buenos, los que construyen, siguen siendo inmensa mayoría. Como los admirables vecinos de Adamuz.

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