Opinión

La mentira como acto de cobardía

Fermín Gassol Peco | Sábado, 24 de Enero del 2026
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 Si tuviéramos que buscar una disciplina que resultara ser antítesis a lo que tratan las ciencias exactas encontraríamos en la política uno de sus más acertados reflejos. Y es que lejos de pretender ser una materia que busque la exactitud, la política es el mundo de las indeterminaciones y ambigüedades, cuando no de las contradicciones que resultan no pocas veces incompatibles.
Cuando recurrimos a la frase de que algo es políticamente conveniente, estamos dejando entrever que no responde a la lógica inmediata, al sentido común o al proceso mantenido con otros asuntos y problemas surgidos en la cotidianidad, sino a algún motivo meramente subjetivo y etéreo, a veces con vocación de futuro ignoto o probable, algo que, sin tener carácter de imposible, escapa al razonamiento más próximo. Esta falta de concreción e indeterminación da pie a la ambigüedad como un estilo de lenguaje que resulta práctico, pues todo aquello que se dice puede contestarse dependiendo del momento y ángulo estratégico.
Más allá de la ambigüedad están en cinismo e hipocresía conceptos que a veces no resultan coincidentes, no siendo este el momento ni lugar para aclarar sus matices, pero que políticamente consisten en recriminar al otro aquellos extremos que el denunciante ha dicho o hecho antes o después en iguales o parecidos ámbitos y circunstancias. De tal manera que el cinismo o hipocresía política resulta ser una práctica generalizada, aunque con distinta intencionalidad, desfachatez y gravedad en sus consecuencias.
Más allá de la ambigüedad, cinismo e hipocresía, está la mentira. Si la ambigüedad tiene la ventaja de no ser irreversible, el cinismo e hipocresía el atenuante de encontrarla a distintos niveles y frecuencias también en el adversario, la mentira es una vía dialéctica que mantiene siempre una sola dirección y por ello sin posibilidad de retorno, siendo los únicos elementos que la hacen más o menos grave las materias y el número de personas a las que se intenta confundir.  La mentira como un acto de cobardía.
Un acto de cobardía que en política aparece a posteriori. Cuando se difiere o se niega la verdad de un hecho, por grave que sea con la cobarde intención de no perder votos o eludir responsabilidades, civiles o penales. La mentira trata de la inadecuación de aquello que pensamos con lo dicho o hecho. Pero en política, la mentira es un arma utilizada para intentar eliminar aquello que antes dijimos con mayor o menor verdad sin el menor empacho.

La mentira es la tergiversación mental de la verdad, por eso la convierte en el arma más peligrosa para la deriva del ser humano, tanto a nivel individual como social; supone someter a la mente a un proceso erróneo que da como resultado desembarcar en un lugar equivocado. Cuando la mente es subyugada y sometida de manera constante a la mentira, la conciencia acaba perdiendo el sentido, el norte de la realidad y como consecuencia el comportamiento moral presenta un encefalograma plano.

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