Podríamos llamarlo así tal como es decir suerte... pero sería una palabra pequeña para un comienzo enorme en el recorrido de la vida. A menudo lo imaginamos como un golpe inesperado, un premio que llega sin avisar o una desgracia que aparece sin explicación. Decimos tuvo suerte... como si se tratara de una fuerza caprichosa ajena a la voluntad humana, que reparte favores y castigos al azar. Sin embargo, cuando observamos con atención la suerte rara vez actúa sola.
Muchas veces está ligada a la preparación, a la constancia y a la actitud con la que nos enfrentamos a la vida, a eso si se le puede llamar suerte. Quien se esfuerza en aprender y persevera, suele estar más atento a las oportunidades cuando aparece ese momento, esa atención y esa disposición a actuar, para transformar una simple posibilidad en un resultado positivo, así lo llamamos destino.
En cambio, quien espera pasivamente a que la suerte cambie su destino, suele confundir en el azar con la esperanza. También existe la mala suerte, que nos recuerda que no todo depende de nosotros. Los imprevistos, las pérdidas y los fracasos forman parte del camino y nos enseñan a adaptarnos. Quizá la verdadera suerte, no sea evitar los problemas acaso es tener la fortaleza para superarlos cuando llega el momento.
Al final, la suerte puede entenderse como el encuentro entre lo que ocurre y lo que hacemos en el momento para mejorar o en tender la situación presente. No siempre podemos elegir las cartas, pero sí cómo jugarlas en cada momento que nos presenta la vida: nos presenta una decisión, y es cuando la llamamos suerte... o mala suerte.
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Viernes, 30 de Enero del 2026
Sábado, 31 de Enero del 2026