Opinión

Derechos humanos violentados

Joaquín Patón Pardina | Sábado, 7 de Febrero del 2026
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Resoplando entra Ciri hoy en la cafetería. Con una mano se sujeta la boina, bien ajustada a la cabeza. 

El viento ha emprendido una cruzada contra las personas y los árboles, los mueve como muñecos de guiñol.

Me río al verlo y le comento si se ha colocado a rosca el birrete ya que le roza el borde las cejas.

Ha tenido que repeinarse con las manos una cabellera todavía abundante, el resultado es parecido al final de una tormenta en un trigal.

Qué bien cae esta tarde el café con leche bien caliente, nos entona en un santiamén y brotan al instante las ganas de conversar. Miro al compañero goloso abrazando con los dedos la magdalena y le comento:

—Ciri, ¿has tenido la experiencia de ver como normal algo que al  principio te sorprendió y que con el tiempo y las repeticiones se convirtió en rutinario y como establecido de antemano?

—No termino de captar lo que quieres decirme, pon un ejemplo, por favor —responde mi amigo limpiándose las manos en una servilleta con la inscripción: “Nada nuevo bajo el sol”.

—Imagínate que instalan  un puesto de churros en la plazoleta de tu casa, los primeros días te sorprendería, la observarías, la visitarías, eso seguro… pero transcurrido un tiempo, por resultarte habitual, te habrías acostumbrado a su presencia.

—Ya te entiendo. Se trata de algo que al ser repetitivo, pierde la novedad —responde Ciri con gestos de pensador.

—Lo has comprendido perfectamente. Ahora dime si estos dos titulares te parecen normales —conecto el móvil busco la página del periódico digital La Voz de Tomelloso y se la muestro: “Tomelloso se moviliza contra el cáncer con la inauguración del Rastrillo Solidario de la AECC”.  “El Café Solidario de Manos Unidas abre en Tomelloso la LXVII Campaña contra el hambre”.

Fija la vista con las “gafas de leer” y responde:

—Totalmente normales, yo añadiría que muy elocuentes y certeros, su sola lectura te da una idea de la noticia, cosa que no pasa en otros diarios digitales, donde el periodista marea la perdiz sin explicar nada.

—Pues no te deberían parecer “normales” —lo incito con voz tajante.

Mi amigo detiene la taza en el aire presta para el trago, me mira de reojo con el empeño de descubrir qué le estoy ocultando; se toma unos segundos, disfruta del sorbo y responde con calma:

—Ilumina esta mente obtusa, oh gran maestro de las ciencias arcanas, y saca del atolladero con tu verbo fluido —apunto está de iniciar la risa, pero se contiene a duras penas.

—El asunto es muy serio y triste. Los titulares son como los has definido, en eso estoy de acuerdo, pero vete al mensaje que están dando: Una Asociación y una ONG removiendo a las personas y sus conciencias para conseguir sus objetivos de modo altruista: Mantener viva la lucha contra el cáncer apoyando la investigación. La otra, unir a las personas para erradicar el hambre en el mundo; ya sesenta y siete años.

—Ciertamente, así es. Sigo sin comprender el porqué siendo repetitivo se hace normal como me indicabas hace un rato.

—A donde quiero que lleguemos es a observar que nos parece normal concienciar a la sociedad en la investigación para la salud, del mismo modo que para erradicar el hambre en el mundo, cuando esos dos objetivos estaban recogidos en la Declaración Universal de los Derechos humanos.

—No había relacionado nunca estas ideas. ¿Podrías aclararme más?

—Con mucho gusto  te recuerdo una cita histórica: El día diez de diciembre del año 1948 en una Asamblea General de las Naciones Unidas celebrada en París, se hizo la declaración que ha sido importantísima para la Historia de la Humanidad y que es materia de enseñanza en la asignatura de Ética en institutos, además de iluminadora en muchas constituciones sociales.

—Conforme vas hablando voy recordando esos detalles —expresa como para sí mismo haciendo memoria el compañero.

—Son treinta enunciados que recogen los derechos básicos e inalienables de cualquier ser humano, sin importar raza ni religión ni credo político, por eso se llaman “universales”. Te recuerdo el que me parece más apropiado en el caso que nos ocupa, se cita en el nº 25. NIVEL DE VIDA DIGNO: Salud, alimentación, vivienda y vestimenta. Más claro imposible. Son los gobiernos de cada nación los responsables directos de que estos derechos humanos se cumplan, de tal modo que relegar esas obligaciones a Asociaciones y ONGS es una de las mayores injusticias que pueden sufrir los ciudadanos.

—Te añado que es digna de alabar la labor de esas personas voluntarias poniendo  trabajo, ideas, ilusión y muchas ganas de hacerlo bien en favor de sus semejantes.

—Coincido contigo, querido Ciri, y completo, es hora de que no veamos como normal lo que es obligación en justicia de los  gobernantes. Que haya quienes los sustituyen, como ocurrió en los siglos XIV y XV con el surgimiento de las hermandades, ahora casi exclusivamente religiosas, no minimiza la responsabilidad que conllevan.

Se silencia mi amigo meditando este tema tan importante. Mueve la cabeza asintiendo, creo que reafirmando lo que piensa, me mira como pidiendo mi consentimiento y dice:

—Se me ocurre que podemos repetir lo que hemos hecho otras veces, donar cada uno a las entidades mencionadas el coste de nuestra merienda añadiendo un pellizquito más de la cartera.

—No podría estar más de acuerdo contigo y de nuevo te insisto con una de mis convicciones: “Para hacer caridad,  exigir  justicia”.

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