En un día en el que celebramos el amor… ¿pero qué amor?
No concibo otro amor que no sea el de uno mismo: quererse
más que a nadie. Si eres capaz de eso, eres capaz de querer todo y a todos los
que te rodean.
Y hoy, que de nuevo estoy pasando por la experiencia de
vivir un cáncer, me encantaría explicarles esa vivencia a través de mis ojos y
de mi corazón, para que entendáis lo importante que es quererse.
No es por egoísmo, sino por amor propio.
Vivir un cáncer puede convertirse, sin que nadie lo elija,
en una experiencia que desnuda la vida hasta lo esencial, rompiendo las
inercias con las que solemos vivir: el automatismo, las prisas, el control…
De pronto, el tiempo deja de ser una carrera y se convierte
en un espacio consciente.
Estoy en ese punto en el que el cáncer deja de ser un
enemigo a combatir y lo reconozco como un mensajero; no como un castigo, sino
como una interrupción que me obliga a escuchar mi cuerpo y a sentir de nuevo
mis emociones.
Te pide descanso, tranquilidad y calma. Escucharlo es el
primer acto de conciencia.
Esto no significa negar el miedo, la rabia o la tristeza.
Al contrario, implica que estén ahí sin ser juzgados ni
reprimidos. La conciencia crece cuando uno se da permiso para sentirlo todo,
sin identificarse completamente con ello: no soy miedo, pero tengo que
reconocer que el miedo vive en mí.
La idea del “más adelante lo hago” se vuelve frágil y el
presente toma un valor radical.
Un día sin dolor, una caricia, una respiración tranquila, un
momento de calma dejan de ser detalles y se transforman, para mí, en
experiencias sagradas.
Cuando se deja de dar la vida por sentada, empieza a vivirse
como un acto deliberado.
¿Quién soy más allá de mis roles, mis logros y mis obligaciones?
He descubierto que cuando mi cuerpo se debilita hay algo que
siempre permanece intacto: la capacidad de amar, de agradecer, de elegir la
actitud con la que se atraviesa cada día difícil. Esa pequeña pero poderosa
elección es una forma de soberanía interior.
Esto no significa tener que ser positiva siempre; más bien
es ser clara y auténtica. Es simplemente un proceso de simplificación donde lo
superficial cae y lo que yo considero esencial permanece.
Dejas de idealizar una vida y empiezas a hacerla real,
intentando emerger de nuevo con una forma de plenitud más profunda y, si cabe,
más humana.
Hoy, mi acto de amor —además de a toda la gente que me rodea
y a la que amo de forma incondicional— va para todos aquellos que mostraron lo
más duro, la parte más vulnerable y, a la vez, el mensaje más hermoso y
profundo de la vida; para quienes dejaron en esta sociedad una huella
imborrable y un ejemplo intachable, como Xisco Quedada, Pablo Ráez, Jesús
Candel, Elena Huelva, Hilda Siverio y todas aquellas personas anónimas que han
dado ejemplo en su entorno y han provocado una reacción de ternura y amor en el
ser humano.
Porque para poder amar y querer de verdad a lo que nos rodea, primero hay que aprender a amarse y quererse a uno mismo.
Montserrat Jiménez García
{{comentario.contenido}}
Eliminar Comentario
"{{comentariohijo.contenido}}"
Eliminar Comentario
Sábado, 14 de Febrero del 2026
Sábado, 14 de Febrero del 2026
Sábado, 14 de Febrero del 2026