“Nuestra
época tiene que pasar de los hechos a la realidad, también de las palabras al
combate, sin volver a la ley del más fuerte”.
Necesitamos movernos y removernos, pasar a la acción y no
quedarnos pasivos ante un futuro que nos pertenece reconstruirlo y que depende
de nuestro compromiso conjunto, para defender los derechos de cada ciudadano,
en todas partes. La tarea no es fácil, pero tampoco nunca lo ha sido, lo que
debe hacernos meditar en ese reencuentro de uno consigo mismo, junto a los
demás, tomando la orientación debida y el orden preciso. Ciertamente, ahora que
estamos globalizados, hemos de escucharnos mutuamente, proponer siempre y no
imponer nada. Lo importante es que cada cual ordene su existencia y organice su
vida, desde la inquebrantable consideración de hacerse valer y valorar, bajo el
sustento de la búsqueda de dignidad, igualdad y justicia por parte de las
personas.
Nuestra época tiene que pasar de
los hechos a la realidad, también de las palabras al combate, sin volver a la
ley del más fuerte. Es público y notorio, que algunos utilizan su poder
económico como arma; mientras otros, difunden desinformación para entretenernos
mirando las musarañas, silenciándonos o arrinconándonos. Ante esta situación,
únicamente la innovación puede mantenernos activos y no parados. No
olvidemos que el avance radica en reverdecer. Lo que jamás será de recibo, es
dejarse morir en vida y no brotar. Cada cual tenemos una misión y no podemos
adormecerla, hay que darle continuidad a este proyecto viviente inspirado en el
amor, sabiendo que la fe mueve montañas para proteger, defender y promover la
concordia, el desarrollo y los derechos humanos.
En efecto, abriendo el horizonte de lo armónico y
comenzando por uno mismo, es como se entiende la creación de una Alianza Global,
estimulada por los compromisos generales, de modo que constituya un dinamismo
de constante renovación humana, espiritual, intelectual y social. Así,
conseguiremos mantener la mente y el corazón en la dirección correcta, a pesar
de las dificultades que la subsistencia puede depararnos. Destronemos, pues, de
nosotros aquello que nos enemista. Seamos gente de palabra y de clemente ejercicio.
Además, la crisis de confianza entre análogos, provocada por realidades
inhumanas e inmorales que nos vertemos unos sobre otros, nos están dejando sin
pulso ni aliento.
Realmente, cuesta entender, la proliferación de absurdas
contiendas y divisiones. No tiene sentido batallar con este tipo de lenguajes
mortecinos y totalmente destructivos. Nos faltan ministerios de la paz para
presentar una visión de un mundo mejor y nos sobran gabinetes de discordias. El
peligro de crear un aluvión de descontroles con una Inteligencia Artificial sin
control, nos excede, lo que generará aún más polarización y nuevas invasiones que
ya no están verificadas por humanos. Sólo el rechazo de la deshumanización y
del conformismo, nos servirán para reconciliarnos entre sí, pero no será fruto
de negociaciones y acuerdos diplomáticos basados en intereses mundanos, sino en
el desprendimiento de uno mismo, que es como realmente se afianzan la comunión
de latidos.
No hay otra dinámica, por ello, que la convivencia. Es lo
que nos rehace los vínculos humanitarios y nos hace tronco pensativo. Bajo este
retoño fraternal, comienza la verdadera transformación, porque nuestros
progenitores no son únicamente engendradores de vida corporal, sino también cultivadores
de alientos conjuntos, como la regeneración de un nuevo hálito, perpetuamente en
ronda y en labor inspiradora. Sea como fuere, los individuos debemos continuar
o emprender con determinación, el camino de la ejemplaridad, para llegar a ser
cada día mensajeros de la aproximación, la ecuanimidad y el acuerdo. Desde
luego, no hay mejor restauración de verbo, que cultivar el abrazo del verso; y,
de esta manera, iluminarnos para atendernos y entendernos entre sí.
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Miércoles, 25 de Febrero del 2026
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