Si
creen que el episodio del coronavirus o cualquier otro virus futuro supone la
cúspide jerárquica de los peligros a los que nos enfrentamos como especie,
tengo malas noticias, ni de lejos es así. Existe otra pandemia que venimos
sufriendo desde tiempos pretéritos, de la que no hablan los medios de
comunicación más relevantes, ¡demonios! ni siquiera lo hacen quienes la
orquestaron e inocularon, los muy hijos de sus respectivas y santas madres.
Se
llama estupidez, estulticia, falta de un mínimo de sentido común o cualquier
otro adjetivo que les apetezca, y tiene una incidencia notablemente superior a
la media entre nuestros estadistas, tanto patrios como internacionales. Lo peor
es que para esto no hay investigación de posibles fármacos, vacunas o
tratamientos psicológicos que nos saque del luctuoso trance, o sea, que los
grandes emporios farmacéuticos no van a obtener ni un céntimo de ello, lo que
puede resultar hasta reconfortante.
Todo
va mas o menos controlado, con la pareja dándote la lata de que no hay forma de
llegar a fin de mes, los vástagos pidiéndote ropa de marca que cuesta un ojo de
la cara y parte del otro, y mientras intentas hacerle comprender que no puede
ser, de fondo e inopinadamente el
locutor de radio o televisión suelta por su boca pecadora la medida “estrella” que
el primavera de turno con coche oficial se le ha ocurrido mientras tomaba café,
la cual al día siguiente publicará en el correspondiente Boletín Oficial, implosionando
toda tu vida y dejándote con una de esas caras de gilipollas que hacen época.
También
pasa por omisión, así vas tranquilamente a casa, con cualquier fruslería que
viste y compraste para tu hija, pensando en si le gustará o te la tirará a la
cara, y en el camino hay un socavón que no ha reparado el responsable de turno,
quedándote sin coche y sin dentadura en el mejor de los casos. O estas en el
aeropuerto esperando el vuelo que te lleve a la reunión que algún aguafiestas
se ha negado a hacer por zoom o cualquier otra aplicación de videollamada, y de
pronto entran 100 tipos malencarados y armados hasta los dientes, disparando
balas a diestro y siniestro, con la mala suerte de que una de esas balas te da
y te manda al otro barrio, lo cual es estupendo para la pareja con la que estas
en proceso de divorcio, que se quedará con todos los bienes sin deudas por
aquello de los seguros de vida, quizás cobre una indemnización, sea por dichos
seguros de vida sea por el seguro de accidentes laboral y la pensión de
viudedad, ¿tiene o no tiene bemoles la cosa?
Esto
último es lo que está pasando en México, al cual denominan “estado fallido”
los criminólogos y tertulianos multidisciplinares, que sirven para analizar las
mentes más psicópatas de nuestro mundo, las científicas y empíricas causas del
cambio climático, si los amoríos de los personajes más mediáticos son o no son
consentidos, hacer una exégesis de cualquier resolución judicial que se tercie
y deconstruir cualquier otra noticia que pueda surgir en el devenir diario,
haciéndote sentir idiota crónico y envidioso de su asaz erudición. Sea como
sea, parece ser que allí el Congreso, Gobierno y demás instituciones democráticas
son atrezo, y que se hace lo que dice el jefe del Cartel Jalisco Nueva
Generación, cuya actividad principal es el tráfico de estupefacientes, con
presencia en los países mas ricos del mundo, entre otras muchas cosas porque en
aquellos otros países donde la población no tiene ni para un pedazo de pan es
poco probable que estén pensando en fiestas blancas y demás desmanes
recreativos. El caso es el de siempre, dicho jefe del emporio criminal no
conoce las leyes ni tiene intención de perder su tiempo futuro en cuestiones
tan irrelevantes, ya que él es la ley allí.
Pero
no fue eso lo que solidificó mi sangre, fue la respuesta dada por su Ilustre
presidenta, una tal Claudia Sheinbaum, afirmando impertérritamente que una
respuesta violenta no era la solución, que el procedimiento idóneo consistía en
afearles la conducta y reconvenirlos para que depusiesen su actitud. Ello me
plantea el siguiente interrogante: ¿Se trata de pura demagogia o es tan “prima”
para creerse de verdad lo que dice? Lo que si me quedó claro es que, al igual
que el narco no se ha leído una ley en su puñetera vida, la presidenta tampoco
ha leído nada sobre la verdadera naturaleza humana, los fundamentos de la
democracia y, de paso, se ha olvidado de las clases de historia que haya
recibido en su trayectoria académica.
La
eximia presidenta de México confunde las utopías con lo factible. Vivir en un
mundo donde no fuese necesario el uso de las armas ni la fuerza sería el salto
evolutivo más impresionante habido en la historia de la humanidad, pero
desprendernos del poder absoluto de las monarquías del medievo supuso luchas y
muertes, episodios que se repitieron en Europa el pasado siglo con los
regímenes autoritarios de Alemania, Francia, Portugal y España, y sigue pasando
ahora en las autocracias. Así que, si es esa su propuesta, vaya por delante mis
condolencias al pueblo mexicano.
Los
fundamentos democráticos no coinciden con los del pacifismo. En democracia la
fuerza es un medio monopolizado por las instituciones públicas legitimadas, a
las que en casos estrictamente necesarios pueden y deben acudir para preservar
el bien común. El hecho de que existan protocolos que digan cuando y como se
debe usar esa fuerza, incluso procesos de evaluación posteriores, no se puede
equiparar a la anulación de dicha herramienta ni a su renuncia.
Cualquier
territorio carente de medios humanos y técnicos necesarios para impedir que
organizaciones delincuenciales se apoderen de la autoridad real es una anarquía
regida por la ley del más fuerte. El mandatario que este dispuesto a negociar
sobre la ilegítima cesión de facultades de este tipo, está negociando la
aniquilación del sistema, no cabiendo justificación alguna que lo exima de
responsabilidad, ni siquiera el hecho ideológico de que diga ser adepto a ideas
progresistas y pacifistas.
En resumen, otra estulticia más tan propia de la clase dirigente actual. Estoy inmerso en una gran paradoja, no se si alegrarme por ver que el mal no es solo patrio o entristecerme por la alarmante propagación de la falta de sentido común.
Ramón
Moreno Carrasco es doctor en Derecho Tributario
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