Opinión

El Cristo de la Merced de Argamasilla de Alba

Pilar Serrano de Menchén | Viernes, 27 de Febrero del 2026
{{Imagen.Descripcion}} Foto de Lucas López Carretón Foto de Lucas López Carretón

Importante e interesante para nuestra localidad es el Cristo de la Merced o Cristo de la Buena Muerte, como popularmente era conocido en los s. XVII-XIX. Imagen que fue llevada en varias ocasiones al Castillo de Peñarroya y en el año 2006 fue trasladada a instancias del párroco Juan Carlos Torres y la Cofradía de la Virgen de Peñarroya, para que fuera restaurada y pudiera salir en procesión por las calles de Argamasilla.

En cuanto a la talla de este Crucificado, junto con una Cruz que también pertenecía a la parroquia de Argamasilla, era el que presidía antiguamente en nuestra localidad  la procesión de Viernes Santo, la cual, como veremos más adelante, tenía un privilegio (12/10/1612) otorgado por el Príncipe Enmanuel Filiberto de Saboya, Gran Prior de la Orden Militar de San Juan, a la que pertenecía nuestro territorio: procesión que, en el s. XVII era organizada por el Convento de los Mercedarios y por la Cofradía de la Vera Cruz. Sin embargo, para llegar a procesionar dicho Crucificado el día de Viernes Santo, los mercedarios tuvieron que pleitear con los sacerdotes parroquiales; ya que éstos se negaban a que los frailes tuvieran prerrogativas en la organización de procesiones.

El escollo se suscita, porque el Ayuntamiento de Argamasilla de Alba había estipulado en la Escritura de Fundación del Convento, que los mercedarios, no pudieran salir: “de su casa y cementerio con Cruz alta”.

Pese a dichas negativas, los frailes mostraron un Testimonio otorgado por el Príncipe Enmanuel Filiberto de Saboya, que les concedía: el 27/10/1612 “Algunos Preceptos y Constituciones”. En dichos acuerdos se regulaba la forma de realizar las procesiones de Viernes Santo, Asunción de Nuestra Señora y Octava del Corpus Christi, autorizando  a que el Crucificado de la Merced procesionara y los mercedarios sólo portaran: “Su  Cruz en compañía de la de la Parroquia y no de otra manera”. Otras cláusulas decían: “Que el Viernes Santo [...] la Cruz de la Parroquia vaya detrás y en mejor lugar que la del Convento, y si entrare en el dicho Convento o sitio propio en forma de procesión, se dé el mejor lugar a la del Convento, la cual se entienda a la salida y a la entrada, pues dentro del Convento y sitio es justo que presida con su Cruz”. 

Una vez se aceptan dichas normas, la Cofradía de la Vera Cruz y los frailes mercedarios, con las preeminencias del orden establecido para las dos cruces, siguieron celebrando, ininterrumpidamente, la procesión de Viernes Santo, Octava del Corpus y Día de la Asunción de Nuestra Señora, hasta la supresión de los Conventos en 1821. Después, casi milagrosamente, el Cristo de la Merced se salvó de la recogida de todos los bienes pertenecientes a los monasterios que hizo el Gobierno.

Decimos se salvó, porque cuatro años más tarde del famoso Decreto (1825), según el investigador local Juan Alfonso Padilla Cortés, al margen de una partida de bautismo, (Archivo de la Parroquia), halla una nota que dice: “En este año se demolió el Convento de Mercedarios Descalzos de esta Villa por la mano impía de Dn. F.P., hombre poco querido de estos vecinos”. Lo firma el párroco “señor Núñez”.

 

Decreto de supresión de Mayorazgos y Vinculaciones

 

Pero antes de explicar, aunque sea brevemente, el Decreto por el que se suprimieron monasterios e iglesias, es necesario anotar, que los mercedarios, desde su llegada en 1607, desplegaron su socorro espiritual a la sociedad. Por otro lado, el convento, apoyado por los vecinos, creció notablemente, no sólo en bienes materiales sino en frailes, ya que en 1752 tenía 18 religiosos 4 legos y dos donados. Posteriormente (1781) la cifra de frailes y sacerdotes decrece notablemente, al menos en el número de confesores, ya que en esa fecha eran cuatro, incluido el Prelado y otro sacerdote de más de 60 años.

Lamentablemente, no sólo para la labor de los mercedarios, sino para el devenir espiritual de los vecinos de Argamasilla,  el 27/09/1820 (la Orden se inserta en la Gaceta del Gobierno el 20 de Octubre), se publica el Decreto de Supresión de Mayorazgos y Vinculaciones, que en el Art. 15 decía: “Quedan suprimidas las Iglesias, monasterios, conventos y cualesquiera comunidades eclesiásticas, así seculares como regulares, los hospitales, hospicios, casas de misericordia y de enseñanza, las cofradías, hermandades, encomiendas, y cualesquiera otros establecimientos permanentes, sean eclesiásticos o laicales, conocidos con el nombre de manos muertas. No pueden desde ahora en adelante adquirir bienes algunos raíces o inmuebles en provincia alguna de la Monarquía, ni por testamento ni por donación, compra, permuta, ni por otro título alguno.”  

Entre los conventos suprimidos se hallaba el de Argamasilla de Alba, el cual, en las fechas que decimos sólo tenía: “Cuatro individuos, siendo los cuatro secularizados”, y enviados, según los documentos, al Convento que la Orden de la Merced tenía en Ciudad Real.

Respecto al inventario realizado para cumplir el decreto antes comentado, a pesar de nuestro interés no ha sido posible aún averiguar: las alhajas, muebles, libros, cuadros, imágenes y otros bienes requisados por el Gobierno al monasterio argamasillero y el lugar donde fueron llevados. Sólo hemos hallado una nota escrita en un inventario, realizado el 23/06/1842 (22 años después de ser suprimido el Convento) en el que textualmente dice: “Inventario de los Conventos suprimidos de esta provincia y efectos científicos y artísticos inventariados de que se hizo cargo el Gobierno Político, según resulta del Expediente en el de Argamasilla de Alba no existe nada”.  Y era cierto; ya que anteriormente el monasterio había sido quemado y demolido totalmente (1825).

Sin embargo, por comentarios escritos en documentos de la época que no tienen que ver con los mercedarios, tenemos constancia del destino de dos piezas, que en principio pasaron a la parroquia de Argamasilla y después fueron depositadas en la ermita del Castillo de Peñarroya (creemos que se llevaron a dicho lugar para salvarlas del requisamiento efectuado por el Estado en monasterios e iglesias y por ser dicha ermita el lugar donde los mercedarios, desde siglos, venían celebrando misa y otros cultos religiosos los domingos y días festivos). En cuanto a las dos piezas que decimos, la primera es un altar del s. XVIII dedicado a San José, que, después de rehabilitarse por la Cofradía de la Virgen de Peñarroya,  se halla en la ermita del Castillo; y el segundo es el Cristo de la Merced, llamado así popularmente por la gente del pueblo.

Este Crucificado, después de la Guerra Civil de 1936, durante un tiempo, presidió el Altar Mayor de la Parroquia; aunque en este caso fue vestido con un faldón que le cubría las caderas y llegaba hasta las rodillas. Más tarde, cuando se instaló el retablo actual del Altar Mayor (1954-55), dicha Imagen, de nuevo, es llevada a la ermita del Castillo de Peñarroya, donde permaneció hasta las vísperas de la Semana Santa de 2006, fecha en la que, ya lo hemos comentado, se trasladó a la parroquia de nuestra localidad a instancias del párroco Juan Carlos Torres y la Cofradía de la Virgen de Peñarroya. 

Datos artísticos sobre el Cristo de la Merced 

En cuanto a la recuperación de tan importante talla, tuvo un proceso minucioso; pues ya fue intervenido en el año 1998 por el Taller CB Equipo de Restauración de Madrid; posteriormente, año 2008, por las monjas Mínimas de Daimiel y en 2011, por Raquel Racionero Núñez.

Un lugar destacado tiene en la parroquia dicho Cristo; pues está instalado en una capilla titulada “de la Reconciliación”, por dedicarse a la penitencia.

Respecto a la importancia artística, según A. Ruiz, en el diario  (Lanza: 12/02/2012), el Cristo de la Merced o Cristo de la Buena Muerte, es una talla de madera noble del siglo XVII y posee gran valor artístico y pertenece a la Escuela Andaluza. Se trata de una obra manierista de potentes proporciones clásicas y una equilibrada carnación que mueve al espectador a un diálogo entre la talla y quien la contempla.

Tiene gran valor histórico, al ser la única talla escultórica de importancia conservada en Argamasilla de Alba de antes de la Guerra Civil, la obra tiene un marcado carácter devocional, el cual se aprecia en el propio desgaste de los pies, besados o tocados por los fieles antes de santiguarse. La factura de esta talla de madera, de estilo barroco y creada en el siglo XVII, es “magnífica” y responde a un realismo estilizado que muestra a Jesús Crucificado en la agonía. La Imagen mide unos dos metros de altura. Se trata de un Cristo de tres clavos, de cuerpo estilizado, con rasgos italianos y una caída de ojos que indica la proximidad de la muerte, pero con la mirada fija y “muy penetrante” en el fiel que se aproxima.  

Se muestra azotado y con la marca de la lanzada en el costado, la talla es de un tono de la carne blanquecino y amoratado por los golpes que refleja la cercanía de la muerte. En cuanto  a la caída del pelo es muy real y tiene zonas en las que se notan las venas. El Cristo va sobre una cruz plana que es la original y destaca la rica decoración en la zona del perizoma (paño de pureza) que está dorada y estofada, indicando que este tipo de tallas solían estar financiadas por mecenas que realizaban donaciones de bienes muebles de carácter religioso a conventos como el que los Mercedarios tenían en Argamasilla de Alba.

La talla, como ya hemos anotado, permaneció después de la Guerra Civil durante décadas en el Castillo de Peñarroya hasta que se procedió a su traslado a la parroquia, lo que ya de por sí supuso una medida de conservación preventiva y la salvaguardia de la pieza.

Impulsada también por el párroco y Cofradía de la Virgen de Peñarroya, se procede, ya lo he comentado, a la restauración de la talla:  principalmente en la limpieza mecánica de toda la pieza y una leve limpieza química en zonas puntuales donde se observaban repintes que enmascaraban al original.

Fue en febrero de 2012, cuando finaliza la restauración, procediendo a la consolidación del soporte, asentamiento de los estratos de color, reintegración pictórica y protección final de la obra.

Esta es, a grandes rasgos, la historia de un Cristo (la imagen más antigua de la parroquia de Argamasilla de Alba) que, actualmente, se muestra en la Capilla de la Reconciliación, y, éste año, de nuevo, volverá a procesionar en la Semana Santa.  Laus Deo. 

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