Opinión

La arquitectura brutalista y sostenible de Higueras en el Museo Antonio López Torres

María Teresa Lozano López | Viernes, 20 de Marzo del 2026
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Fernando Higueras fue un buscador de equilibrios, respetuoso con la naturaleza y su integración en el paisaje. Considerado una figura imprescindible de la arquitectura del siglo XX, Higueras fue un Espíritu libre, adelantado a su tiempo. Premio Nacional de Arquitectura en 1961 con el anteproyecto del Centro de Restauraciones de Madrid, conocido popularmente como "Corona de espinas", con la colaboración de Rafael Moneo, es considerado uno de los arquitectos más brillantes de su generación, la promoción del 59, destacando por su enorme creatividad y un gran sentido artístico con visión de futuro.

Cuatro décadas de historia

El Museo Antonio López Torres empieza a construirse en 1981 sobre un terreno utilizado durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, para otras finalidades. Un espacio donde hoy se puede disfrutar de una gran cantidad de obras donadas por el artista. En las que ambos, pintor y arquitecto, ponen de manifiesto su diversidad en un conjunto homogéneo. El pintor, creando atmósfera con su paleta llena de sol, midiendo la calima en la llanura con resolución y maestría. El arquitecto, conectando con el paisaje manchego, para introducirlo con el menor impacto posible buscando la armonización con el entorno. Dos fuerzas creativas y heterogéneas, unidas bajo el paraguas de su independencia artística, que coinciden en un punto concreto para aunar contenido y continente en un ambiente apacible y luminoso.

Fue Antonio López García quien le habló al arquitecto (gran aficionado a la pintura) de la construcción del citado museo, una vez que el Ayuntamiento acordó su construcción con la obra donada por su tío. Al cargo de la dirección y ejecución estuvo el arquitecto José Benito Román. Considerada una de las disciplinas de las bellas artes, no podemos obviar que la arquitectura deja la

impronta del lugar en un momento específico en la historia de cualquier ciudad. Puede ser algo puramente práctico sin expresividad, o ir más allá de la edificación e influir de una forma u otra en el urbanismo, buscando elegancia y estética: las formas, la luz entre sus diferentes ángulos o voladizos, como se trabajan los distintos materiales. La sensación que nos da el Museo Antonio López Torres nada más entrar con su escalera de caracol es de rotundidad, pero al mismo tiempo sorprende el refinamiento de su impoluta ejecución.

El 19 de abril de 1986 es inaugurado el Museo de Antonio López Torres. El discurso de apertura estuvo a cargo del académico de Valdepeñas Francisco Nieva. Al acto asistieron numerosas personalidades del mundo de la cultura como Antonio López García, Félix Grande, Eladio Cabañero o Francisco García Pavón, entre otros. Asimismo contó con la presencia de políticos como José María Barreda (en aquel momento consejero de Cultura de Castilla-La Mancha), el gobernador civil de Ciudad Real o el presidente de la Diputación Provincial, además del alcalde de la ciudad de Tomelloso, Pedro Carrasco Valderrama.

El refugio de Fernando Higueras

Hace varios años tuve la ocasión de visitar en la calle Maestro Lassalle de Madrid lo que el arquitecto llamó el “Rascainfiernos”, sede hoy de la Fundación que lleva su nombre. Es en 1972 cuando inicia la construcción de la pequeña vivienda subterránea convertida en estudio y hogar hasta el final de sus días en 2008. Su nombre va en clara contraposición al cielo ya que se sumerge 7 metros hacia abajo en el jardín de su casa. Son varias las claraboyas que proyectan una luz vertical que inunda la estancia, donde la temperatura siempre es agradable. Sus muros de hormigón abrazan las dos plantas que componen tan curiosa creación.

Mi visita a este espacio me dio una cierta perspectiva de la visión del arquitecto y me recordó el tragaluz del Museo Antonio López Torres con esa luz cenital tamizada por las “tabiquillas” que logran un espacio acogedor y de singular belleza. Resaltar que “La Casa de la Arquitectura” hace mención en su página

a varias obras de este genio del hormigón caravista donde, entre otros edificios, introduce imágenes del lucernario que ilumina el López Torres.

Un lugar para sentarse a esperar el tiempo.


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