Tomelloso

El derribo del Gran Prior pone fin al sueño turístico inconcluso de Ruidera

Tras más de medio siglo de abandono frente a la laguna Colgada, comienza la demolición del edificio que simbolizó las aspiraciones turísticas de los años sesenta

Francisco Navarro | Sábado, 21 de Marzo del 2026
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Durante décadas, quienes visitaban las Lagunas de Ruidera se encontraban frente a la laguna Colgada con la silueta de un gran hotel de lujo que nunca llegó a abrir sus puertas. Aquella estructura, visible desde muchos puntos del parque natural, recordaba un proyecto turístico ambicioso nacido en los años sesenta y paralizado por la crisis económica. Ahora, más de cincuenta años después, el llamado Hotel Gran Prior empieza a desaparecer, poniendo fin a una historia que mezcla desarrollo turístico, abandono y protección ambiental.

El gran proyecto turístico de los años sesenta

El edificio, situado dentro de la urbanización Los Villares, que empezó su andadura en 1961, comenzó a levantarse a finales de la década de 1960. La iniciativa partía de la sociedad anónima Fomentruisa, creada específicamente para impulsar un complejo turístico de alto nivel en el entorno de las Lagunas de Ruidera.

La propuesta iba mucho más allá de un simple establecimiento hotelero. El plan incluía una urbanización turística con chalés, villas, servicios complementarios y equipamientos orientados a atraer turismo de calidad durante todo el año.

El hotel proyectado aspiraba a convertirse en un referente turístico en el corazón del parque. Para la época, el establecimiento ofrecía prestaciones avanzadas: aire acondicionado, piscina, ascensores y un mirador privilegiado hacia las lagunas. Incluso se contemplaban actividades recreativas y cinegéticas.

La iniciativa se integraba en una estrategia más amplia de desarrollo turístico del enclave que preveía bungalós, zonas de acampada, mejoras en los accesos y nuevas infraestructuras para consolidar Ruidera como destino turístico.

Un debate nacional sobre el futuro de Ruidera

El proyecto llegó a adquirir relevancia institucional. Tal y como recogía el diario Lanza, en la II Asamblea Nacional de Turismo celebrada en Madrid en diciembre de 1975, el responsable provincial defendió la necesidad de culminar el hotel y otras actuaciones destinadas a impulsar el potencial turístico de las lagunas.

Entre las propuestas figuraban la creación de un núcleo turístico ordenado, la mejora de carreteras, la evacuación de aguas residuales, la repoblación forestal e incluso la instalación de un pequeño aeródromo en el entorno.

El Hotel Gran Prior aparecía entonces como pieza clave de ese ambicioso plan de desarrollo.

La crisis del petróleo paraliza las obras

Sin embargo, el proyecto no llegó a completarse. A mediados de los años setenta, las dificultades económicas derivadas de la crisis del petróleo y la inestabilidad económica frenaron la inversión prevista.

La sociedad promotora se vio obligada a detener los trabajos cuando el edificio estaba casi terminado y totalmente equipado, quedando desde entonces como una construcción inconclusa.

A partir de ese momento comenzó un largo periodo de abandono.

Décadas de deterioro, expolio y controversia

Durante los años siguientes, el inmueble sufrió un progresivo deterioro agravado por la falta de mantenimiento, los actos vandálicos y el expolio de materiales.

El diario Lanza informaba el 9 de diciembre de 1993 de que el día 3 desconocidos sustrajeron catorce vigas de hierro valoradas en 800.000 pesetas que se encontraban en la obra del hotel, según denunció el consejero delegado de Fomentruisa, empresa con sede en Manzanares.

Las fotos que ilustran este reportaje, de Carlos de la Osa, muestran como en la década de los 90 el hotel todavía conservaba parte de su esplendor. Los huecos y la maquinaria de los ascensores, puertas, instalación eléctrica, pavimentos y la fachada.

Con el paso del tiempo, el destino del edificio quedó ligado a la declaración del Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, que introdujo nuevas limitaciones urbanísticas y abrió un complejo debate sobre la situación legal de diversas construcciones existentes en el entorno.

Durante décadas se sucedieron desacuerdos entre propietarios, administraciones —especialmente la Junta de Castilla-La Mancha— y responsables políticos sobre el encaje del inmueble dentro del dominio público y su posible regularización.

El hotel pasó así a formar parte de las llamadas edificaciones singulares pendientes de resolución, reavivando periódicamente el debate entre quienes defendían su rehabilitación y quienes apostaban por su desaparición para recuperar el paisaje.

El derribo que pone fin a medio siglo de historia

La situación comenzó a desbloquearse en mayo de 2025, cuando se aprobó el plan definitivo de demolición. Tras las amenazas de la Administración de declarar el edificio en estado ruinoso, los propietarios —herederos de los promotores originales— acordaron su venta a la Junta de Castilla-La Mancha, lo que permitió la intervención de la Consejería de Desarrollo Sostenible. El proyecto cuenta con financiación de los fondos europeos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia.

Esta semana han comenzado los trabajos. En una primera fase se está realizando la retirada del fibrocemento y del amianto presentes en la estructura, además de la tabiquería de las habitaciones. Posteriormente, la maquinaria pesada de Tragsa procederá al derribo completo del edificio.

El presupuesto oficial, que incluye la demolición y la restauración ambiental del entorno, supera el millón de euros.

La actuación contempla además la creación de dos miradores públicos en la parcela —uno de ellos de carácter astronómico—, integrados en el paisaje y conectados con la urbanización colindante.

Un símbolo de la tensión entre turismo y naturaleza

El caso del Hotel Gran Prior constituye uno de los episodios más representativos de la compleja relación entre desarrollo turístico, planificación urbanística y protección ambiental en las Lagunas de Ruidera.

Durante más de medio siglo, su estructura abandonada recordó un proyecto que quiso transformar el paisaje y que nunca llegó a culminarse.

Ahora, con su demolición, desaparece uno de los símbolos más visibles de aquel intento de convertir Ruidera en un gran destino turístico, cerrando definitivamente un capítulo que ha acompañado al parque natural durante décadas.

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