Tomelloso

Antonio López: “Mi vínculo con Tomelloso es indestructible”

La Voz reflexiona con el maestro manchego sobre la edad, la pintura y el nexo indeleble con su tierra

Francisco Navarro y Carlos Moreno | Lunes, 23 de Marzo del 2026
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Hemos mantenido un cercano encuentro con el genio de Tomelloso, Antonio López. Aprovechando su estancia el sábado en la ciudad nos acercamos al artista, que formaba parte del jurado del I Certamen Cultural Inclusivo de AFAS. El fallo tuvo lugar en el Museo Antonio López Torres y el maestro manchego saca unos minutos para atendernos, a los periodistas y a Inma Chacón. La fotógrafa quiere retratar al pintor en un gesto no sabemos si hiperbólico.

López se deja hacer, sonríe, saluda, habla con el numeroso público que ha acudido al museo. Vinieron de Guardamar del Segura, de Escocia, de Valdepeñas, para admirar la luz manchega de López Torres y que, sorprendentemente, se han encontrado con el otro López. Todo el mundo quiere inmortalizar el encuentro y Antonio López accede a hablar con todo el mundo.

Pepe Carretero y Andrés García Ibáñez, que van a participar más tarde con el maestro en un coloquio sobre arte; Fermín García Sevilla, Caroline Culubret, María Jesús Martínez y Ángel Pintado, además de los representantes de AFAS, Luis Perales, Bernabé Blanco, Rocío Carretero y Pilar López, son los nombres que han formado el jurado junto con el genio manchego.

María Teresa Lozano, la diligente responsable del museo, se ha tenido que multiplicar este sábado dada la afluencia de visitantes.

El director de Lanza, Jacobo Pérez Miró, ha hecho entrega al artista —que recibe con gratitud y sorpresa— de dos portadas del diario enmarcadas, que recuerdan una feria de Tomelloso en la que tío y sobrino fueron protagonistas y la primera plana de la concesión al tomellosero del Premio Príncipe de Asturias.

Crear a los 90 años

Rompemos el hielo preguntándole por cómo ve la creación a los 90 años. Seguro, responde que “como la veía a los 70 o a los 50. El mundo del arte es muy viejo, más que yo. Es un mundo precioso… pero es caótico, como la vida.”

No idealiza el paso del tiempo, pero tampoco lo dramatiza. “Claro que el tiempo te condiciona. Necesitas ayudas, que te lleven en coche a algunos sitios… pero eso no te hace buscar caminos más fáciles.”

Una reflexión sobre el arte y el error

Su presencia en el jurado de un certamen inclusivo da pie a una certera reflexión de nuestro interlocutor: “El que se equivoca siempre es el profesional. La persona que no es pintor profesional no se equivoca nunca. La falsedad está en el profesional… y también la virtud”. Lo dice despacio, sin énfasis, como quien deja una verdad encima de la mesa y sigue hablando.

El museo, López Torres y la arquitectura de Higueras

El museo en el que estamos —obra del arquitecto Fernando Higueras, amigo de Antonio López— cumple cuatro décadas. Inevitablemente, nuestra charla nos lleva a su tío, Antonio López Torres.

“Mi tío era un pintor de un nivel muy alto, como Dalí o los grandes de su generación. Y este museo es una joya. El contenido es maravilloso, pero el edificio también lo es.”

La pinacoteca este sábado está llena de gente, y se lo hacemos notar.  “Lo importante de un museo es que tenga algo que pueda servir a los demás. En el resto… no hay que meterse mucho.”

Tomelloso, un vínculo indestructible

Tomelloso aparece en nuestra charla, es inexcusable no hacerlo, “he estado muy enamorado de Tomelloso. Yo soy de Tomelloso. Por muchos años que lleve en Madrid, no me noto de Madrid. Mi vínculo con esta tierra es indestructible.”

Recuerda que tuvo que marcharse para aprender, para hacerse pintor, para vivir. Pero no para dejar de ser quien era. “La vida tenía que hacerla fuera, pero los vínculos no se pueden borrar.”

Más de cien obras empezadas

La última pregunta es casi obligada. ¿En qué trabaja ahora Antonio López? Sonríe —ha sido la tónica durante toda la charla— “puede haber más de cien cosas empezadas, entre pinturas y esculturas. Tengo facilidad para comenzar y dificultad para continuar. Voy saltando de una a otra.”

La gente sigue esperando para saludarle. Y él sigue haciendo lo mismo que ha hecho siempre: detenerse, mirar y hablar despacio. Porque, incluso a los 90 años, el maestro sigue mirando el mundo como si aún estuviera empezando.

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