No es lo habitual —más bien al contrario— que las calles
lleven el nombre de la gente corriente, del pueblo llano, que diría Bertolt
Brecht. En Tomelloso, sin embargo, hay excepciones que dicen mucho de cómo se
mide aquí la importancia de las personas. Algunas ya existían —como me apuntaba
el investigador de nuestras rúas, Ángel Morales—: Pablo “Cota”, Marquina el de
la Huerta, Antonio el “Candojo”… Y desde hace unos días hay una más. Una calle
con nombre de hombre corriente, y además por aclamación popular: Jesús Andújar.
Desde el pasado sábado, la calle Zahorí ha pasado a llamarse
Jesús Andújar Madrigal. El acto de dedicación fue multitudinario, celebrado
precisamente en ese espacio donde Jesús —el recordado Jesús— cuidaba a sus
animales, guardaba el legado de Tomelloso y de quienes lo hicieron grande, y
grababa sus chistes, tan originales como, a veces, interminables. Allí estaban
sus amigos del Museo del Carro, que desde 2022 son dúo en lugar de terceto, Zoilo
Manteca y Ángel Canuto. También Los Canuthi, la peña que ayudó a fundar y que
hoy entrega los premios que llevan su nombre. Y, cómo no, asociaciones de
carreros y representantes políticos de todas las “confesiones” del consistorio.
Un acto bonito —como contaba Carlos Moreno en La Voz—, de esos que
logran algo cada vez más raro, reunir a gente muy distinta en torno a un
recuerdo compartido.
En la placa, descubierta por el alcalde y el hijo de Jesús,
puede leerse: «Calle de Jesús Andújar Madrigal, una persona llena de humor,
gracia y simpatía, amante de su pueblo y sus tradiciones, que tantos ratos
buenos nos ha regalado». No hace falta mucho más para entender de qué iba
todo esto.
Jesús Andújar fue, como tantos, un hombre hecho a base de
trabajo y de circunstancias. Empezó de vaquero, repartiendo leche en bicicleta
o Mobyllette, hasta que la vida obligó a cerrar su pequeña granja urbana. De la
leche pasó al mármol, hasta que un maldito infarto puso fin a su vida hace
cuatro años. Su historia —la de su infancia, su juventud, su barrio de San
Antonio— quedó fijada, con humor y exageración mediante, en esos chistes
autobiográficos que hoy son casi un archivo oral de aquel Tomelloso de los años
60, 70 y 80.
Fue miembro fundador de la Asociación de Amigos del Museo
del Carro, pieza clave de la peña Los Canuthi, y un defensor incansable de las
tradiciones. Amaba las mulas y todo lo que las rodea, mantuvo y mejoró el
esquileo artístico y lo transmitió a nuevas generaciones —ahí está Manuel
Ortega como prueba—. Y, al mismo tiempo, supo asomarse al presente: ahí queda
su canal de YouTube, donde su voz sigue contando historias como si no se
hubiera ido.
Contaba Moreno que, en los corrillos del convite posterior,
flotaba una sensación compartida: la de estar recordando a un hombre bueno,
trabajador, de los que dejan huella sin proponérselo. Algunos lamentaban que no
hubiera podido vivir este homenaje. Pero quizá no le habría dado mayor
importancia. Otro Manteca, Jesús en este caso, resumía bien el espíritu con una
frase que podría haber sido suya: «¿Y para qué quiero yo una calle sin hipoteca
ni ‘na’?».
Uno tenía previstos para esta semana asuntos de mayor
voltaje político —ahí sigue, sin ir más lejos, el debate del tren en la
Diputación—, pero hay ocasiones en que conviene detenerse. Porque no es poca
cosa que una ciudad como Tomelloso decida que una de sus calles lleve el nombre
de un tipo corriente.
O tal vez sí; quizá eso, sea lo más importante.
{{comentario.contenido}}
Eliminar Comentario
"{{comentariohijo.contenido}}"
Eliminar Comentario
Jueves, 2 de Abril del 2026
Miércoles, 18 de Marzo del 2026
Viernes, 17 de Abril del 2026
Viernes, 17 de Abril del 2026
Viernes, 17 de Abril del 2026