Sobre libros el tiempo se detiene,
Una figura lee sin tener voz;
el Mundo, al girar, no la conmueve, pues vive en páginas, no en el reloj.
Quien pasa apenas mira y sigue el día sin ver que allí descansa su razón:
que fuimos letra, sueño y poesía, antes de ser camino en rotación.
A simple vista, la rotonda parece un punto más de paso, un lugar pensado para no quedarse. Sin embargo, basta con detener la mirada un instante para descubrir que allí se levanta algo más que una estructura urbana: una metáfora. Los libros apilados, de colores sobrios y firmes, Evocan generaciones enteras que han construido su mundo a través de la palabra. Cada volumen parece contener una historia distinta, un eco de voces que no se han perdido, sino que se sostienen unas a otras, formando un equilibrio casi imposible.
En lo más alto, una figura sin rostro lee. Esta ausencia de rasgos la convierte en todos. Es el lector anónimo, el curioso, el que encuentra en las páginas un refugio o una respuesta. Es también un espejo: cualquiera que pase puede verse reflejado en esta postura detenida, ajena al ruido, fiel a la calma.
Mientras tanto, la vida gira alrededor. Coches que pasan, días que empiezan y terminan sin ceremonia. Y, sin embargo, en el centro de ese movimiento constante, la escultura permanece. No interrumpe, no exige, no reclama. Solo está. Como los libros: esperando quizá ahí reside su verdadero sentido. Recordamos que, incluso en los lugares de tránsito, hay espacio para la pausa. Que la cultura no siempre se encuentra en grandes edificios o en salas silenciosas, sino también en medio de lo cotidiano, sostenido, que lo tenemos, el peso invisible de lo que somos.
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Jueves, 16 de Abril del 2026
Sábado, 18 de Abril del 2026
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