Remontémonos por un instante al año 2019. Marvel había tocado techo con Vengadores: Endgame y DC estaba pasando por una crisis interna, a la par que ofrecía productos mediocres. Es ahí cuando ocurre lo que se conoce como la saturación del género de superhéroes y también fue cuando llegó una serie por parte de Prime Video para romper las normas. Esa es The Boys.
Creada por Eric Kripke y con un reparto estelarizado por Karl Urban, Jack Quaid, Anthony Starr, Jensen Ackles, Laz Alonso, Tomer Capone, Karen Fukuhara, Erin Moriarty, Chace Crawford, Giancarlo Esposito, Jessie T. Usher, Claudia Doumit, Dominique McElligott, Valorie Curry, Cameron Crovetti, Colby Minifie, Nathan Mitchell, Shantel VanSanten, Elisabeth Shue y Susan Heyward, además de cameos de Simon Pegg, Jeffrey Dean Morgan, Haley Joel Osment y Shawn Ashmore, entre otros muchísimos. Bienvenidos a un mundo donde los súper son como estrellas de cine, pero detrás de eso son unos prepotentes con poderes, y ahí es donde entra el grupito formado por Billy Butcher, conocido como The Boys, cuyo objetivo es, básicamente, machacarlos.
Antes de hablar de la serie hay que hablar de su autor: Garth Ennis.
Para quien no lo sepa, Ennis no es amante de los superhéroes. Por eso, cuando estuvo tanto en Marvel como en DC, decidió escribir historias de personajes humanos. Fue quien nos dio la mejor versión del Castigador en su saga de MAX Comics y también nos dio lo mejor de John Constantine con Hellblazer.
Con el cómic de The Boys, Ennis pretende ridiculizar y parodiar a todos los grandes héroes. La historia está plagada de violencia explícita, sexo y muchísimo humor negro, todo para cumplir la fantasía oscura de su autor, que es cargárselos de uno en uno.
Sabiendo cómo es el material original, la serie se distancia bastante y toma como referente quizá la mejor novela gráfica que he leído, Watchmen. Esta novela de Alan Moore cambió la forma en que se leían los cómics de superhéroes. En el año 86, que es cuando se publicó, los superhéroes no eran más que historias para niños, pero Moore demostró que podían ser para adultos y es, junto a El regreso del Caballero Oscuro de Frank Miller, la obra que definió su género.
Alan Moore no pretende hacer una parodia; es una desmitificación de los superhéroes.
Watchmen transcurre en unos Estados Unidos que no conocemos: unos Estados Unidos donde Nixon es presidente y, de paso, ganaron la Guerra de Vietnam, todo gracias al Doctor Manhattan.
¿Por qué estoy refiriéndome a Watchmen si estoy hablando de The Boys? Porque la serie juega a ser Watchmen.
Volviendo al mundo, en The Boys no es tal cual nuestro mundo, pese a estar contado en nuestra actualidad; es un reflejo del nuestro, pero con superhéroes, y, sin embargo, no son más que un producto sacado de una empresa como Vought. De hecho, ni siquiera pueden ser llamados héroes como tal, sino súper. Además, no son poderes naturales o con los que hayan nacido, como por ejemplo los X-Men en Marvel o los metahumanos si nos referimos a DC, sino que son dados a partir de un compuesto conocido como Compuesto V.
Los súper en The Boys no son más que mascotas de Vought. Los de menor rango sirven para publicidad, como por ejemplo A-Train o Deep, mientras que los de mayor rango, como Queen Maeve o Homelander, villano principal de la serie, sirven para propuestas militares.
Me gustaría centrarme en quizá uno de los mejores villanos que he visto en una serie de superhéroes. Homelander no es tal cual una parodia de cierto salvador con capa que vuela; es lo que pasaría si Superman viviera en nuestro mundo: sería arrogante, narcisista, con mommy issues y prácticamente un dios entre humanos. Homelander, en las primeras tres temporadas, es un villano a temer, alguien que no dudaría en calcinarte con su rayo láser a la primera de cambio si le miras mal, y todo eso es gracias a la increíble interpretación de Anthony Starr.
Para detenerle está Billy Butcher, que, si al principio nos lo presentan como el héroe de la historia, no deja de ser la cara opuesta de la misma moneda, porque quién mejor para detener a alguien malvado que otra persona que es igual o peor que el propio villano.
Hablando de la serie en general, tiene toda la esencia del cómic de Ennis: está la violencia explícita y su humor negro, pero lo que mejor hace es satirizar momentos que han pasado en nuestro mundo. Voy a tomar como ejemplo el famoso accidente de avión. No solo es un error de Homelander matar al piloto, sino que también deja morir a todos los pasajeros y, para más colmo, Vought lo hace pasar como un ataque terrorista, haciendo que Homelander dé un discurso al estilo de George Bush cuando ocurrió el 11-S. También está la burla a Gal Gadot cuando cantó Imagine de John Lennon junto a otros actores, el corte de Zack Snyder de La Liga de la Justicia y, cómo no, la famosa parodia de la escena de todas las mujeres unidas en Vengadores: Endgame, una escena innecesaria, además de todas las pullas a las plataformas digitales.
Entonces, si es tan buena, ¿por qué sus dos últimas temporadas han aburrido a los fans?
Bien, volvamos un momento a 2024. En Estados Unidos están de campaña electoral y Donald Trump se postula de nuevo a la presidencia. Eric Kripke, quien es demócrata, decide que la siguiente temporada de The Boys sea una advertencia de lo que pasaría si Trump llega al poder. Esto hace que los personajes cambien su desarrollo y, para más colmo, Homelander, quien era una sátira de Superman, ahora no es más que una parodia de Trump.
¿Cómo hemos llegado a esto? La tercera temporada la considero el culmen de la serie y, en parte, también se siente como un final, pero también hizo que el público y los fans amasen a Homelander. Recordemos que es un narcisista y ególatra con poderes, así que los guionistas, en vez de seguir con un desarrollo natural del personaje, lo convierten en una parodia del presidente de Estados Unidos y, de paso, cuelan sus ideas políticas, por lo que la serie pasa a convertirse en un panfleto político.
La cosa no acaba ahí y en esta última temporada se ve unos Estados Unidos dictatoriales, algo demasiado parecido a lo que vemos hoy en día.
Esto es uno de los grandes errores, porque se suponía que el mundo de The Boys no es el nuestro, sino parecido al nuestro. Entonces, ¿por qué los eventos que ocurren en nuestro mundo también pasan en su mundo? Y sí, ya he mencionado los ejemplos de burla, pero ahí está la gracia: mientras que los primeros no son más que una coña, el hecho de que Homelander gobierne nuestro mundo no es más que el showrunner diciendo que esto es lo que pasa cuando votas a los republicanos.
Cuando hablé en su día de Bojack Horseman comparé su desarrollo con el de Tony Soprano y Walter White, y que cuando el público empezó a quererlos, o más bien a sentirse identificado con ellos, los creadores tomaron la decisión de mostrarlos como son de verdad. En el caso de Bojack, como un actor equino cuya personalidad se basa en la autocompasión y en arruinar la vida a los demás a base de malas decisiones, incluyendo sus problemas con el alcohol y las drogas; con Tony Soprano siendo más violento que antes y Walter White convirtiéndose en Heisenberg y haciendo un acto más que cuestionable, como envenenar a un crío.
La gran diferencia es la siguiente: mientras que los otros creadores ya mencionados dieron un desarrollo natural a sus personajes, Kripke convierte a su villano principal en una parodia de la parodia y hace que ahora se crea un dios en la Tierra y, peor aún, convertirlo en un niño rencoroso. Eso y convertirse en un meme andante; no es por nada, pero en la última temporada hay un metachiste relacionado con los memes de Homelander.
También he de decir que lo que la propia serie juró destruir acabó abrazándolo. Nada más terminar la tercera temporada, los guionistas, y parte de culpa también la tiene Amazon, deciden hacer un spin-off como es Gen V, error número uno, y peor todavía cuando tropieza con los tropos y estereotipos de los muchos productos de superhéroes, además de estirar de más el chicle.
La temporada cuatro es un relleno innecesario, pero su final deja por sentado que la siguiente será el gran final.
La quinta y última temporada, estrenada hace poco y que ha concluido el 20 de mayo, podría decir que es un desastre total, salvo por el hecho de que su final me ha gustado. Me atrevería a llamar a la temporada final la temporada del potencial desaprovechado. Nos prometieron ver a Homelander desatado y no lo tuvimos; grandes muertes de personajes importantes, y no hubo tantas.
Retomando su final, no es perfecto, como sí lo son, por ejemplo, los finales de Los Soprano, Breaking Bad, Better Call Saul, Six Feet Under, Mad Men o Succession, pero tampoco llega a entrar en el podio de peores finales de la historia, como Perdidos, Juego de Tronos o Stranger Things.
Como diría Marge Simpson: «Es un final, ¿qué más da?».
The Boys es una buena serie; no es perfecta, pero diría que es un producto de nuestro tiempo. Quién sabe, a lo mejor un día echaremos la vista atrás y la volveremos a ver con otros ojos, pero de momento The Boys ha terminado y quizá lo mejor que nos ha dado son los memes de Homelander, además de un gran villano, y eso sí es lo que voy a echar de menos.
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