Tomelloso

Irina Migallón o la juventud que desmiente todos los tópicos

La última "Magnífica" de la temporada deja una lección inesperada: hay jóvenes que no pasan de puntillas por el mundo, sino que quieren retratarlo para comprenderlo y transformarlo

Francisco Navarro | Jueves, 11 de Junio del 2026
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Vivimos en unos tiempos en los que abundan los discursos que caricaturizan a las nuevas generaciones como apáticas, distraídas o descomprometidas. Basta una conversación con Irina Migallón para desmontar el prejuicio. A sus 23 años, esta estudiante de Fotografía, que ha realizado sus prácticas en La Voz de Tomelloso, habla de guerras, de memoria, de responsabilidad social y de la necesidad de mirar de frente la realidad. Lo hace con la serenidad de quien todavía está empezando, pero también con la convicción de quien ya sabe hacia dónde quiere caminar.

La última entrevista de la temporada en Los Magníficos, el espacio que José Luis Fernández y un servidor gobernamos al alimón en la SER de Alcázar, terminó convirtiéndose en algo más que una despedida radiofónica. Fue la reivindicación de una juventud que piensa, trabaja y sueña sin pedir permiso.

"Me han abierto un mundo que no sabía que podía existir en una ciudad pequeña"

Irina Migallón llegó a la redacción de La Voz de Tomelloso con la curiosidad de quien quiere aprender y la cámara como herramienta para contar historias. Durante dos meses ha recorrido, Tomelloso sobre todo, retratando desde actos políticos hasta celebraciones populares.

La romería, confesó, fue uno de esos escenarios donde comprendió que detrás de cada acontecimiento hay personas cuya labor suele permanecer invisible. "Llegamos a sacar un pequeño reportaje sobre los muleros, para profundizar en aquellos que hacen posible la fiesta. Los ves, pero nunca te planteas qué hay detrás de todo ese trabajo".

También asistió a inauguraciones, actividades culturales o exposiciones como Primada, dedicada al octavo centenario de la Catedral de Toledo. En definitiva, como diría un mulero castizo, "la hemos trotado".

Y, pese a las bromas sobre lo mucho que habría tenido que soportar a Carlos Moreno y a este cronista, la joven fotógrafa nos devolvió el cumplido. "Ha sido al revés. Me han abierto un mundo que yo no sabía que podía existir en una ciudad pequeña como Tomelloso".

La fotografía como memoria y compromiso

Irina —a diferencia de otros fotógrafos que persiguen la belleza o buscan la noticia— aspira a documentar la condición humana. Cuando José Luis Fernández le preguntó qué tipo de historias le interesaba contar, su respuesta dejó una madurez impropia de quien apenas comienza.

"A mí me interesa la fotografía social, donde se muestran realidades. Los fotoperiodistas somos testigos obligados, entre comillas, a capturar y dejar memoria de esos acontecimientos que pasan".

Y añadió:

"Vivimos en una sociedad llena de realidades que, sean mejores o peores, hay que dejar guardadas y dejar constancia de qué ha podido pasar".

Preguntamos a Irina por sus referentes y nos Habló de Lynsey Addario, fotógrafa de guerra estadounidense, Premio Pulitzer, secuestrada en Libia y autora de algunos de los testimonios visuales más contundentes de nuestro tiempo. "Me fascina su capacidad para mantener la cordura y controlar la cámara en situaciones extremas, sin perder el gusto por la estética".

No sabe si acabará cubriendo conflictos bélicos. De hecho, reconoce que cada vida encuentra su propio itinerario. "Puedo pautarme según sus pasos, pero sé que mi camino será diferente".

Una generación con ganas de comerse el mundo

Hubo un momento especialmente revelador durante la charla, cuando José Luis le comentó que veía en ella ese impulso juvenil por cambiar el mundo. Irina sonrió antes de responder. "Es un poco como los jóvenes que dicen: 'Me voy a comer el mundo'. Pues mira, sí. Voy a intentarlo. No lo voy a lograr, pero lo voy a intentar". Quizá ahí resida precisamente el secreto. No en la ingenuidad, sino en la determinación.

Con frecuencia escuchamos que los jóvenes son unos desinteresados, que viven ajenos a lo colectivo o que solo miran la pantalla del móvil. Pero Irina Migallón —y tantos y tantos— nos obliga a revisar los prejuicios.

Hay jóvenes comprometidos, trabajadores, con sensibilidad social, con vocación y con talento. Jóvenes que quieren contar el mundo para entenderlo mejor.

Por supuesto, como padre, uno preferiría recomendarle una tranquila carrera entre bodas, bautizos y comuniones antes que imaginarla en una trinchera. Aunque, bien pensado, cualquiera que haya cubierto una boda multitudinaria sabe que tampoco está exenta de riesgos.

La última "Magnífica" de la temporada nos recordó algo que conviene no olvidar, las nuevas generaciones no necesitan que les demos lecciones constantes; a menudo basta con escucharlas para recuperar un poco la esperanza.

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