Antonio Linares salió a hombros por la puerta grande de
la plaza de toros de Tomelloso tras cortar cuatro orejas en la encerrona con la
que conmemoraba el décimo aniversario de su alternativa, pero el resultado
final no debe ocultar que la tarde estuvo lejos de ser plácida. La lluvia
intermitente, el viento y la mala suerte con la espada condicionaron un festejo
en el que el torero local puso por delante la entrega y el compromiso.
Con media entrada en los tendidos, el ambiente tuvo
desde el inicio un marcado acento tomellosero. Tras el paseíllo sonó el himno
de la ciudad, los rehiletes lucieron los colores verde y amarillo y, sobre el
albero, podía leerse "Gracias Tomelloso".
Linares asumió desde el primer momento la responsabilidad de
una cita especial. Al primero de la tarde, tras una faena de disposición y
firmeza, le cortó una oreja. El segundo de su lote dejó menos opciones. El
diestro brindó el toro a Cristina González, pero el silencio fue el
desenlace de una labor sin el eco suficiente en los tendidos.
Una tarde de compromiso y homenajes
Cuando la lluvia arreciaba, Linares decidió redoblar la
apuesta. Recibió a porta gayola al tercer toro, en uno de los momentos
más comprometidos de la corrida. El gesto elevó la temperatura emocional del
coso, mientras Jesús Lara dedicaba su cante al matador tomellosero. La
presidencia premió la faena con una oreja.
El cuarto, un toro serio, pesado y con evidente trapío,
exigió paciencia y oficio. Linares brindó la faena al concejal Benito Benito.
El fallo con la espada redujo un posible mayor premio a una sola oreja.
También tuvo un destinatario especial el quinto toro,
brindado a su esposa. Fue un animal fuerte y exigente, hasta el punto de romper
un burladero durante la lidia. El desacierto con los aceros volvió a
aparecer, aunque la presidenta atendió la petición mayoritaria y concedió un
apéndice. Durante la faena, Pilar Cano puso voz a la tarde con un fandango
que conectó con el tendido.
El susto final
El sexto y último toro reservaba aún el capítulo más
inquietante de la encerrona. Linares, que había mantenido el nivel de
exposición durante toda la tarde, fue revolcado por el animal en un
momento de evidente peligro. El torero se repuso para continuar la lidia, fiel
a una actitud valiente que presidió todo el festejo.
Sin embargo, la espada volvió a convertirse en su principal
adversario. Los pinchazos, unidos a un aviso, dejaron el premio en silencio
para cerrar una actuación que quizá mereció un balance artístico más amplio de
haber estado más acertado en la suerte suprema.
El torero de Tomelloso ha salido en hombros por la puerta
grande de su plaza de toros entre los aplausos del respetable.
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Domingo, 14 de Junio del 2026
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