“El
espíritu de la cooperación como el pensamiento cooperativo, ha de ser nuestro
modo de gestionar los bienes colectivos, esos caudales que no deben ser sólo la
propiedad de unos pocos y, aún menos, deben perseguir fines especulativos”.
Confieso que me apasionan las gentes, ya sean jóvenes (la
fuerza para ir adelante) o mayores (la memoria del pueblo, la sabiduría), que
fomentan el trabajo conjunto para el bien común. Bravo por ellos, que hemos de
ser todos nosotros. La cuestión es mantener vivo el camino recorrido hasta
ahora, pero con la mirada dirigida al futuro. Pensemos en el porcentaje de muchachos
que, en este momento no tienen donde caerse muertos, cuando el trabajo es un
derecho y una obligación, que a todos debe incumbirnos. Por tanto, si el asunto
laboral es muy sustancial, ya que va unido a la decencia y a la dignidad del individuo,
el cooperativismo es un modo socioeconómico y un método realmente solidario,
donde la ciudadanía se une de forma voluntaria para satisfacer necesidades
comunes.
Desde luego, no existe una mejor prueba del adelanto de una
civilización que la del avance del cooperativismo, con su acción recíproca, en
la cual todo se gestiona democráticamente, priorizando el bienestar colectivo
sobre el lucro individual. El camino no puede ser más saludable; es,
precisamente, la senda para la igualdad, no para la homogeneidad, sino para un
paralelismo en las diferencias, ya que los mismos beneficios se reparten de
forma equitativa o se reinvierten. Indudablemente, hoy más que nunca tenemos
que centrarnos en las personas, comenzando por generar confianza entre
nosotros, fortaleciendo la cohesión social y uniendo a las comunidades en torno
a las insuficiencias y a las aspiraciones compartidas.
Nuestra misión es la de compartir y moverse cercanos. Al
fin y al cabo, hay que tener el valor y la creatividad de construir la senda neutral
para integrar, en el mundo, el desarrollo, la justicia y la paz. Lo importante,
pues, no es el dinero, que lo único que hace es esclavizarnos; sino el afán
cooperativista que debe perseguir finalidades transparentes y claras, a fin de inspirar
la economía de la honradez. El espíritu de la cooperación como el pensamiento cooperativo,
ha de ser nuestro modo de gestionar los bienes colectivos, esos caudales que no
deben ser sólo la propiedad de unos pocos y, aún menos, deben perseguir fines
especulativos. Sin duda, hemos de pasar a una hacienda del don, o sea, a una
riqueza capaz de dar vida a empresas inspiradas en el principio de la
solidaridad.
La cobardía es un consentimiento a lo perverso. Que nadie
se haga ilusiones de que la simple ausencia de guerras, sea el equivalente al de
una paz efectiva. Es evidente que hemos de evolucionar hacia lazos de simpatía
humana, de entendimiento con todas las naciones y todas las lenguas. Ahora
bien, no hay fidedigna quietud, sino viene acompañada de equidad; al tiempo
que, acompasada por lo auténtico, por lo justo y adherente. Reunirse para
unirse es la primera fuerza cooperativista. Estar conectados y saber convivir
es la segunda fuerza de superación y mejora. Trabajar con decencia y afanarse
en extender la cultura del abrazo para la concordia, también es la tercera
fuerza vital, la de convertirnos en promotores de la paz, facilitando el ánimo
conciliador, con el brío reconciliador.
Tampoco hay tres pujanzas, sin un espíritu que nos
fraternice, reconduciéndonos a no hacer para los demás lo que no queramos que
hagan con nosotros. En este sentido, el movimiento cooperativo, el cooperativismo
o la corriente de cooperativas, es trascendental en un orbe marcado por
conflictos, desigualdad, fragmentación social y una disminución del soplo
predispuesto a la colaboración, más allá de las divisiones sociales y
económicas, que convierten la vida en un infierno. En efecto, el mayor tormento
existencial es sentirse solo, abandonado y sin fuerzas para enfrentar cualquier
tipo de dificultad y esfuerzo. Sin embargo, caminando y trabajando juntos,
advertimos el gran prodigio de la esperanza: todo parece posible una vez más.
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Martes, 30 de Junio del 2026
Jueves, 2 de Julio del 2026
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