Opinión

La bandera es de todos, no de una ideología

Ismael Casero Olmedo | Miércoles, 22 de Julio del 2026
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Estos días en los que España ha hecho historia en el Mundial (abro un paréntesis para dejar claro que quien les habla no es nada futbolero; es más, es un deporte que me aburre), tengo que reconocer que me ha emocionado ver la felicidad colectiva de la población en la victoria frente a Argentina.

La visión de tanta bandera nacional en las camisetas de los vecinos y vecinas, en los balcones, en los bares y demás lugares me hace plantearme un tema que me parece de vital importancia.

En este país hace mucho tiempo que la bandera ha sido secuestrada por las derechas, al margen de si desde la izquierda la hemos abandonado en cierta medida al representar un modelo de Estado que no nos gusta, ya que pensamos que el jefe del Estado debe ser democráticamente elegido y no heredar la Jefatura del Estado como si fuera un chalet por línea directa de sangre, de padres a hijos. Pero no me detendré en este tema porque no es lo que quiero trasladar con esta reflexión.

A día de hoy, la bandera que define esta nación es la rojigualda, y esta bandera nos pertenece a todos y todas, independientemente de nuestra ideología. Es por ello que afirmo que las derechas hacen un uso ilegítimo de ella.

Pensemos, por ejemplo, en una manifestación a favor de los derechos del colectivo LGTBIQ+ o un 8M que reivindica la igualdad entre hombres y mujeres. Convendrán conmigo en que es muy difícil ver una bandera de España en dichos eventos; sin embargo, en un acto contra el matrimonio homosexual o en contra del derecho a decidir de las mujeres sobre su propio cuerpo en cuanto al aborto, raro será el manifestante que no porte una rojigualda, si no varias.

¿Qué quiere decir esto? Que desde las derechas se usa la bandera como un símbolo de sus postulados ideológicos; la usan como un elemento excluyente de quien no piensa como ellos.

Las movilizaciones que se hacen contra este Gobierno están plagadas de banderas nacionales que nos dicen, a quienes sí lo apoyamos, que no somos españoles.

Lo que demuestra que en determinado sector de la sociedad queda aún un poso del horrible argumento franquista de los malos españoles.

La bandera rojigualda representa a quienes vivimos o pertenecemos, de alguna manera, a este país, y el motivo por el que nos sentimos orgullosos de él es una cuestión personal; no es algo monolítico y universal: desde quien se siente orgulloso de un país que permite y promueve desde algunas de sus instituciones la tauromaquia hasta los que nos enorgullecemos de un país que posee una sanidad pública que envidia medio mundo.

Qué es España y qué nos enorgullece de ella es una cuestión de cada uno de nosotros, y nace directamente de nuestros valores. Permítanme resumir brevemente algunas cosas que me hacen enorgullecerme de este país: que sea el país que lidera el número de donantes de órganos del mundo, que seamos el país líder en derechos adquiridos para el colectivo LGTBIQ+, que seamos el segundo país de Europa en potencia de renovables instalada (demostrando así la preocupación por el medio ambiente), que seamos referente en el posicionamiento contra el genocidio que Israel está cometiendo contra Gaza... Esas cosas y otras muchas más representan para mí una rojigualda. Para cada persona esos motivos serán diferentes o incluso antagónicos, y no por ello será más o menos español que yo.

Por ello tenemos que entender que la bandera nacional nos representa a todos y todas, seamos homófobos o activistas en la lucha LGTBIQ+, una feminista o un señor que piensa que la mujer está muy bien en su casa obedeciendo al marido, un fan de Manolo Escobar o un fanático de AC/DC.

Y, por ir acabando, una reflexión sobre la acusación que se nos hace a las personas que militamos en la izquierda de tildar de facha a todo el que porta nuestra bandera. Llevar la bandera de España no te hace facha; te hace facha defender los postulados de la extrema derecha o, dicho de otra manera, no te hace facha llevar la pulsera rojigualda, pero sí defender la prioridad nacional o asegurar que el feminismo ha llegado muy lejos.

Para acabar, lanzo una idea: ¿y si dejamos la bandera de todas y todos en paz y la usamos para los momentos de fervor deportivo, por ejemplo, y para momentos en que nos represente a todas y todos, y se deja de usar como un arma para señalar a quien, según tú, no es español porque no le gustan los toros, la copla o la sangría?

Ismael Casero Olmedo

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