Opinión

Cuando la tierra tiembla

Mari Carmen González Navarro | Miércoles, 12 de Agosto del 2026
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Primero fueron esas luces rosas en el cielo. Parecían pequeñas auroras boreales; después surgían del suelo destellos de luz. ¡Qué raro todo! Ninguno de los cuatro entendimos las señales que el universo nos enviaba. Tal vez hubiéramos tenido tiempo de huir a un descampado y ponernos a salvo.

Seguidamente, todo fue muy rápido. Nos miramos confusos; el suelo temblaba bajo nuestros pies. Parecía que una máquina excavadora estaba taladrando justo debajo de nosotros. Comíamos unas pizzas en la terraza de la pizzería, bajo unos soportales. Todo lo que recuerdo después es el crujir de todo en décimas de segundos, la gente gritando. Quisimos echar a correr, pero no dio apenas tiempo. El edificio se vino abajo como una torre de naipes. ¡Dios mío! ¿Dónde están mis amigos?

Apenas puedo respirar. Tengo la nariz tapada por el polvo y los pulmones creo que también.

Todo está muy oscuro. Tengo mucho miedo, me duele todo el cuerpo. Creo que me he hecho pis sin darme cuenta. Una mole de escombros está por encima de mí. ¿Dónde están los demás? Quiero llamarlos, pero la voz no me sale de la garganta. Tengo tanto miedo… que no puedo llorar…

Quiero pensar… Tengo que pensar que pronto vendrán a rescatarnos. Mientras tanto, tengo que tener la mente ocupada con pensamientos positivos para esquivar cualquier sufrimiento innecesario. Buscaré en los rincones de la memoria los momentos más felices de mi vida. Pasearé por los aledaños del alma, esquivando los senderos de penumbra, y trataré de alejar esas sombras mortuorias que me agarran ante un abismo de emociones del que tal vez no salga venturosa.

¿Qué olor tiene el perfume de la memoria? Aquí huele a polvo y a sed. Tengo mucha sed. Tal vez debiera dormir, quedarme dormida en un largo y profundo letargo y así el tiempo pasaría más rápido. ¡Pero no puedo dormir! No debo dormir. Si alguien nos buscara, yo no lo oiría.

Pensaré, recordaré mi vida una y otra vez. Todas las veces que hagan falta. Soñaré despierta con la luz del sol, con el mar, con una tenue lluvia que cae y resbala por mi piel.

Pero ¿y si todos están muertos y me hallo entre cadáveres en estado de putrefacción que se van descomponiendo más y más según va pasando el tiempo, hasta que vengan a buscarme o hasta que esa señora vestida de negro, con la guadaña en la mano, venga a llevarme con ella…?

Mari Carmen González Navarro

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