CAMETO cumple 25 años. Un cuarto de siglo dedicado a la calderería, la instalación de tuberías y los montajes mecánicos para proyectos industriales, hidráulicos y energéticos, una trayectoria marcada por el crecimiento, la diversificación y la apuesta por los grandes proyectos.
La empresa celebrará esta efeméride el próximo 2 de octubre junto a clientes, proveedores, entidades financieras y, sobre todo, junto a las personas que han formado parte de este recorrido. Al frente de CAMETO se encuentra Antonio Ortiz, quien reconoce que llegar a este aniversario le produce una sensación «grata», aunque también agridulce por el tiempo que el trabajo le ha restado a su familia.
A primera hora de la mañana nos recibe en las instalaciones de la empresa. Habla con la tranquilidad de quien lleva muchos años tomando decisiones y afrontando situaciones complejas. También con la franqueza de quien no necesita demasiados rodeos para explicar cómo ve el mundo empresarial. «Yo tenía una ilusión en mi vida, que era ser mi propio jefe, y llevo 25 años siendo mi propio jefe», explica al echar la vista atrás.
La importancia del equipo la conoce bien alguien que fue un futbolista disciplinado, luchador y aguerrido en la marca de los extremos rivales, valores que, seguro, ha trasladado al mundo empresarial.
El salto del trabajo por cuenta ajena al emprendimiento, recuerda, no fue especialmente complicado. Ramón González le animó a dar el paso y Florencio decidió compartir con él aquella aventura. «Fue sencillo», resume. Lo que vino después, sin embargo, estuvo muy lejos de ser un camino fácil.
25 años de viajes, esfuerzo y equipo
Si tiene que escoger algunos recuerdos de este cuarto de siglo, Ortiz habla de su familia, pero también de los viajes y del esfuerzo realizado por todo el equipo. «Yo he dormido más noches fuera de España que en España», asegura. CAMETO ha trabajado en países como Sudáfrica, Dubái, Costa Rica, Suecia, Colombia o Rumanía, una dimensión internacional que ha acompañado buena parte de la historia de la compañía.
Y en ese recorrido hay nombres que Ortiz considera especialmente importantes. Entre ellos menciona a Miguel Ángel, a quien define como «una persona hasta hoy muy leal».
La dimensión de CAMETO ha variado con los proyectos. Actualmente la compañía se mueve en torno al centenar de profesionales, aunque el volumen de trabajadores ha llegado a ser muy superior en los momentos de mayor actividad. En uno de los grandes proyectos recientes llegaron a trabajar 130 personas y la punta alcanzada este año pudo situarse en torno a las 160.
Ahora, con más actividad en España, CAMETO mantiene también la mirada puesta fuera. «Afortunadamente en España hay más trabajo ahora», señala Ortiz, aunque advierte de que los grandes proyectos que están por venir se encuentran fundamentalmente en otros mercados europeos. «Los siguientes proyectos grandes son fuera de España», afirma.
Alemania, Francia y Holanda aparecen así en el horizonte de una compañía acostumbrada a trabajar en mercados internacionales. Mientras tanto, en España desarrolla nuevos proyectos relacionados con la depuración y la potabilización, aunque Ortiz reconoce que no alcanzan las dimensiones de algunas de las grandes actuaciones en las que CAMETO ha participado.
«A razón del santo, así es el milagro»
Hablar de grandes cifras no intimida a Antonio Ortiz. Su explicación es sencilla: él no trabaja con esas cifras, sino con una parte concreta del proyecto. Y recuerda una enseñanza que le transmitió un buen amigo, Andrés García, cuando CAMETO todavía era un pequeño subcontratista.
«A razón del santo, así es el milagro», le dijo. La frase se le quedó grabada. Al principio, Ortiz le pedía más trabajo, pero García le explicaba que la dimensión de los encargos debía corresponderse con la capacidad de la empresa. Cuando CAMETO creció y completó sus primeras grandes instalaciones, llegó el momento en que pudo recibir proyectos mayores. «Y es verdad», reconoce Ortiz. Una filosofía que resume una de las claves de la evolución de la compañía: crecer al mismo tiempo que lo hacen sus capacidades.
La importancia de la diversificación
CAMETO ha construido buena parte de su trayectoria sobre una actividad diversificada. Depuradoras, potabilización, energías renovables, calderería, tuberías e industria forman parte de un abanico que permite a la compañía afrontar diferentes tipos de proyectos. Ortiz admite que esa diversificación fue «casi una necesidad», aunque con el tiempo se convirtió también en una estrategia empresarial. «La vida misma te enseña que no tienes que poner todos los huevos en la misma cesta», explica.
Uno de los momentos decisivos llegó con el auge de las plantas termosolares. CAMETO decidió especializarse en una parte concreta de ese tipo de instalaciones y, según recuerda Ortiz, «le dimos a la tecla buena». No era una apuesta exenta de riesgo. Algunas empresas que hicieron lo mismo terminaron desapareciendo, pero CAMETO consiguió consolidarse.
La clave, sostiene, estuvo también en las personas. «Teníamos un equipo muy bueno, con profesionales muy buenos», afirma. La compañía llegó a participar en tres de las cuatro plantas termosolares que había entonces en el mundo en ese ámbito. Aquel salto internacional fue considerable. Sudáfrica, Dubái y otros mercados pusieron a prueba la capacidad de una empresa que hasta entonces había tenido una dimensión mucho menor. Incluso algún financiero externo les advirtió de que estaban «locos» por asumir un crecimiento tan grande. Ortiz lo ve hoy con perspectiva y lo resume en una frase: «Con personas y con buenos profesionales se llega al fin del mundo».
Del aeropuerto de Barajas a la planta de reciclaje de residuos electrónicos
Entre los proyectos que recuerda especialmente están dos de los más recientes. Uno de ellos es la instalación realizada en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Desde el aire, explica, puede contemplarse un auténtico «mar de placas solares». CAMETO se encargó del diseño, fabricación y montaje de toda esa estructura, aunque no de los paneles. Para Ortiz se trata de un proyecto emblemático porque, en su momento, fue considerado la mayor planta fotovoltaica instalada en un aeropuerto.
El segundo proyecto que destaca pertenece a un ámbito muy diferente: una planta de recuperación de chatarra electrónica. Una instalación que considera especialmente innovadora y que, según la información que recibió de sus responsables, se encuentra entre las pocas de este tipo existentes en el mundo.
El proceso consiste en triturar ordenadores, teléfonos, cables y otros residuos electrónicos para recuperar los materiales que contienen. Entre ellos, cobre, oro o platino. «Trituran tu ordenador y el mío y otros dos millones y sacan hasta oro», explica gráficamente. La empresa responsable es española, aunque su capital es estadounidense. Para Ortiz, este tipo de instalaciones representan también una muestra de hacia dónde puede avanzar la industria.
Dos crisis y una misma receta: trabajar
En 25 años también ha habido momentos difíciles. Ortiz reconoce que le han tocado vivir dos grandes crisis económicas. ¿Cómo se superan? Su respuesta vuelve a ser directa: «Hemos tenido mucha suerte». Pero inmediatamente introduce un matiz: «La suerte te tiene que pillar trabajando». Una frase que vincula a la conocida reflexión de Picasso sobre la inspiración y que, en el caso de CAMETO, resume una filosofía empresarial basada en mantenerse activo incluso cuando el contexto no acompaña.
Durante la crisis de 2008, cuando España sufrió una fuerte contracción económica, CAMETO encontró una oportunidad en el desarrollo de las plantas termosolares. «Nos incorporamos al mundo de las termosolares, que en ese momento estaba despegando», recuerda. Aquella decisión permitió a la compañía reinventarse y encontrar un nuevo espacio de crecimiento.
Con la pandemia ocurrió algo parecido. CAMETO estaba a punto de firmar un contrato en Rumanía, un proyecto «duro» pero de largo recorrido. El contrato llegó en un momento especialmente complicado y permitió a la empresa afrontar mejor aquella etapa. Además, acababan de trasladarse a sus actuales instalaciones. «Tuvimos esa suerte», reconoce Ortiz. Pero, una vez más, una suerte acompañada de trabajo.
El problema de encontrar profesionales
Uno de los asuntos que más preocupa actualmente a Ortiz es la dificultad para encontrar mano de obra cualificada. Considera que existe una falta evidente de profesionales en determinadas especialidades y cree que sería necesario modificar determinadas políticas para incentivar el acceso al trabajo y a la formación profesional.
En su opinión, deberían impulsarse programas que faciliten que las personas «aprendan a trabajar» y que permitan a las empresas incorporar y formar trabajadores sin que ello suponga un coste excesivo.
Más allá del debate político, Ortiz habla desde la experiencia de una empresa que necesita profesionales preparados para seguir creciendo. Y en este punto vuelve a aparecer una de las ideas que más repite a lo largo de la conversación: el valor de las personas.
La apuesta por el talento forma parte de la filosofía de CAMETO. Ortiz explica que buena parte de esta sensibilidad procede también de su hija, que ya está incorporada a la empresa. Considera fundamental permitir que los jóvenes aporten nuevas ideas. «Hay que dejarles que las pongan en marcha», sostiene. Y lo dice convencido de que existe mucho talento que todavía no ha encontrado el espacio necesario para desarrollarse. «Hay auténticos cerebros por ahí», afirma. Esa renovación generacional aparece así como una pieza importante en el futuro de la compañía.
«El mayor activo son las personas»
El próximo 2 de octubre CAMETO celebrará sus 25 años con un acto sencillo en sus propias instalaciones. Ortiz quiere que sea una celebración compartida con quienes han acompañado a la empresa durante estas dos décadas y media. Están invitados proveedores, clientes, entidades financieras y otras personas que han participado de una u otra manera en la trayectoria de la compañía.
Ortiz concede una importancia especial a los clientes, porque reconoce que sin ellos ninguna empresa puede avanzar. Pero cuando se le pregunta por el principal activo de una compañía, no duda. «El mayor activo yo creo que son las personas, el equipo», afirma.
Eso sí, inmediatamente añade una precisión: «Sin los clientes, las personas poco podemos hacer». Porque, en su opinión, el cliente es quien proporciona «la gasolina para seguir». La frase resume bastante bien su forma de entender CAMETO: personas, clientes y trabajo como elementos inseparables de un mismo proyecto.
El futuro: ilusión, posibilidades y prudencia
Cumplir 25 años invita inevitablemente a mirar hacia atrás, pero Ortiz prefiere dedicar buena parte de la conversación a un futuro que contempla «con mucha ilusión». Asegura que con el paso de los años se adquiere otra perspectiva y otra serenidad. Recuerda una frase que le dijo Pepe Cañas, al que define como «un tipo sabio de este pueblo»: «Antonio, desde los 60 años las cosas son más fáciles». Con el tiempo, explica, se adquiere «otra serenidad», «mucha más experiencia» y una manera diferente de afrontar los problemas. También la empresa ha ganado esa experiencia.
Ortiz recuerda que, cuando llegaron los primeros grandes proyectos, incluso se despertaba por las noches con pesadillas. «Me faltaba la pose, tener la sabiduría y el saber estar», explica. Ahora la situación es diferente. «El pánico ya no nos entra».El futuro, por tanto, se afronta con ilusión, pero también con prudencia. «Lo veo con mucha ilusión, con muchas posibilidades, pero se tienen que alinear los astros», señala.
Porque crecer también significa que los golpes pueden ser mayores. Ortiz sabe que empresas grandes y sólidas han terminado cayendo y reconoce que ningún empresario puede garantizar que algo así no suceda. Lo que sí puede garantizar es la voluntad de seguir trabajando para evitarlo. «Nosotros lucharemos con todas nuestras fuerzas».
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