Opinión

Una historia amable... que bien pudo suceder

Fermín Gassol Peco | Viernes, 23 de Octubre del 2026
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"Agua y música, sinfonías que el horizonte enlaza, almas anhelosas de encontrarse en las que el ser humano reconoce la grandeza, la belleza y también la fragilidad y levedad de su existencia".

Hace un tiempo la ciudad de Miami se despertó una mañana con la noticia de la misteriosa aparición de un piano que emergía en medio de la bahía de Biscayne.

Algunos oportunistas quisieron aprovecharse y aparecer ante la opinión pública como los autores de este extraño y rocambolesco suceso, sin duda que, para hacerse famosos, pero ninguno logró convencer a las autoridades de esa emblemática ciudad. Tras unos días de incertidumbre, al fin supieron la identidad de quien tuvo la idea de depositarlo en aquél sorprendente lugar, un piano de cola que festivo, tocaba y danzaba junto al mar...

...Cierto día, un niño llevado por la curiosidad, abrió la puerta del desván allá en la casa que sus padres mantenían en la costa americana y a través de una tenue luz pudo ver un piano que arrinconado lloraba en silencio su prolongada soledad.

Depositado en el olvido, el rey de los instrumentos lacado en blanco veía pasar los días sin que nadie recordara su existencia. Solo muy de tarde en tarde la madre, afamada pianista, recalaba en esa casa y desempolvaba las teclas que calladas y ansiosas de sonar, la aguardaban.

Amarillentas, algo canosas ya, agarrotadas por la ausencia de unas manos que las acariciasen y les devolvieran su razón de ser, permanecían tan prietas como aisladas, tan mudamente silenciosas que ni ellas mismas recordaban ya el sonido ni el sentido que tenía su existencia.

El niño, viendo el estado de abandono en que se encontraba el rey de los instrumentos se acercó intrigado, levantó la tapa para quitar el polvo que lo cubría y con su dubitativa mano apretó una de esas teclas que agradecida entonando su nota lo miró. Conmovido, quiso ver mejor a quien así le hablaba y presuroso fue a abrir de par en par el cerrado ventanal que daba al mar.

El sonido de las olas inundó entonces el desván y la música que el oleaje depositaba en la cercana orilla llegó a los oídos del olvidado piano. Con la luz llenando la estancia el piano cobró vida. El niño no lo dudó un instante, llamó a unos amigos, esperaron a que el mar se calmara y lenta e ilusionadamente transportaron el piano hasta la orilla del mar.

Las olas cadenciosas y rítmicas salpicaban las teclas con sus gotas cada vez más vivas y chispeantes al compás de la marea; fue entonces cuando el piano musitó una bella melodía, inundando así de sonido aquella playa.

Y piano y mar tocaron la más bonita sinfonía de agua y luz que en Miami se recuerda.

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