La Biblioteca Municipal acogió este viernes la presentación de "Hay faros que nunca se apagan", el primer poemario de la joven escritora, diseñadora e ilustradora Ángela Blanco, una obra que nace de una experiencia personal de duelo y que convierte la escritura y la creación artística en herramientas para comprender las emociones y seguir adelante.
El acto contó con la presencia de Carmen Labrador, directora de la Biblioteca Municipal, quien dio la bienvenida a los asistentes y destacó la importancia de ofrecer oportunidades a los jóvenes creadores. Labrador disculpó la ausencia de la concejala de Cultura, Inés Losa, por motivos personales. La autora estuvo arropada por un nutrido grupo de familiares y amigos que quisieron acompañarla en esta primera presentación editorial.
Natural de Tomelloso, Blanco ha estudiado diseño de producto e ilustración, una formación que ha marcado su manera de entender la creación artística, integrando de forma natural la palabra y la imagen. Su trabajo explora la identidad, la memoria emocional y los procesos de cambio personal a través de un lenguaje visual y poético cargado de simbolismo.
La autora explicó que el libro surgió de la necesidad de encontrar palabras para expresar aquello que a veces resulta difícil comprender. «Este libro nace de una experiencia de duelo y del intento de comprender y encontrar palabras a aquello que a veces nos cuesta explicar», señaló, al presentar una obra que recorre las heridas emocionales, la transformación personal y la esperanza.
Un faro interior para encontrar el camino
El símbolo del faro vertebra toda la obra. Sobre la mesa, un pequeño faro ha acompañado a Ángela. Más allá de su significado tradicional como guía en medio de la oscuridad, Blanco propone una mirada hacia el interior de cada persona, hacia esa luz que permanece incluso cuando las circunstancias parecen derrumbarlo todo.
«El faro del que habla este libro es uno que no se ve, pero que llevamos dentro», explicó la autora. Una luz interior que, según expuso, no elimina las heridas, pero puede despertar mientras aprendemos a comprender e integrar nuestras experiencias.
La elección del título está estrechamente ligada al proceso personal que dio origen al poemario. Blanco relató cómo, en uno de los momentos más difíciles de su vida, sintió que las estructuras sobre las que se sostenía se habían roto, mientras algo dentro de ella comenzaba a reconstruirse poco a poco. La naturaleza, el viento, las estrellas y las raíces de los árboles se convirtieron entonces en imágenes con las que representar ese proceso de búsqueda y recuperación.
El libro no pretende ofrecer respuestas definitivas ni presentar el duelo como un camino sencillo. Al contrario, reivindica el tiempo necesario para asumir las pérdidas, aceptar los cambios y aprender a convivir con aquello que deja huella. «No estaba buscando la perfección. Estaba buscando nuevas formas de entender lo que me pasaba y dar forma a todo aquello que llevaba dentro», confesó.
Dos lenguajes que dialogan: poesía e ilustración
Uno de los rasgos más destacados de Hay faros que nunca se apagan es la convivencia entre texto e imagen. Las ilustraciones no se limitan a acompañar los poemas, sino que mantienen una voz propia y abren nuevas posibilidades de interpretación. «La ilustración no pretende explicarlo todo, solo añade otra capa de lectura», explicó Blanco, quien busca que ambas disciplinas funcionen de manera independiente y, al mismo tiempo, adquieran un significado diferente cuando se encuentran.
Su universo visual incorpora rostros, elementos naturales, astros, formas orgánicas y contrastes entre luces y sombras. A través de un lenguaje de carácter surrealista, la autora transforma las emociones en imágenes y deja espacio para que cada lector encuentre su propia interpretación.
«Me interesa que el interior se vuelva visible, pero que siga habiendo espacio para que cada persona encuentre su propia lectura», afirmó.
Durante la presentación, Blanco mostró algunos ejemplos de su proceso creativo y se detuvo especialmente en la ilustración y el poema titulados Soltar, con los que explicó cómo una misma experiencia puede expresarse mediante recursos artísticos distintos. También recitó el texto, en el que aborda la persistencia del dolor y la manera en que, con el tiempo, puede transformarse.
Una obra para acompañar a otros
La presentación permitió conocer no solo el resultado artístico, sino también el significado personal que tiene para su autora publicar este primer libro. Blanco reconoció que dar forma a sus vivencias ha supuesto atravesar una de las etapas más difíciles de su vida y compartir ahora con los lectores aquello que, hasta entonces, había sido un proceso íntimo.
«Publicar este libro significa haber atravesado una de las situaciones más difíciles de mi vida», afirmó. Ahora, su deseo es que la obra pueda trascender su propia experiencia y servir de compañía a quienes encuentren en sus páginas emociones o vivencias con las que identificarse. «Solo espero que encuentre lectores y que pueda acompañarlos, como un día me acompañó a mí», expresó.
La autora quiso cerrar su intervención con un mensaje de esperanza, sin renunciar a la complejidad de las despedidas ni a las preguntas que quedan sin respuesta. «No podemos cambiar todas las despedidas, ni recuperar todas las conversaciones», recordó, antes de reivindicar la posibilidad de seguir adelante sin perder la ilusión.
Y resumió así aquello que le gustaría que permaneciera en quienes se acerquen a su poemario: «Un poco la paz después de la tormenta». Con Hay faros que nunca se apagan, Ángela Blanco debuta en el ámbito editorial con una propuesta que une poesía e ilustración para hablar del duelo desde la sensibilidad, la introspección y la esperanza. Una invitación a reconocer la propia luz interior y a recordar que, incluso cuando no se tienen todas las respuestas, siempre es posible encontrar el camino de vuelta a uno mismo.
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Viernes, 23 de Octubre del 2026
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