Opinión

Déjame que te lo explique

Fermín Gassol Peco | Martes, 15 de Septiembre del 2020

Uno de los muchos “amiguetes” que la vida a diario te presenta me comentaba hace ya tiempo, estupefacto todavía, que en un “aciago día” llegó inesperadamente a su casa y se encontró a su mujer “faenando” en la cama con otro. Ante tan imprevisto y sonrojante cuadro, ella, sin embargo, no tuvo ningún empacho en espetarle: cariño, déjame que te lo explique. 

Hace tiempo que leía en el Wall Street Journal un artículo con un sorprendente título:” Porqué los ricos viven más años”. Un artículo que pretendía querer explicar también creo que de una manera innecesaria y como en el caso del cornudo, lo que por otro lado parece evidente. 

Pues bien, como digo, en este estudio se iban desgranando las, por lo visto y hasta ahora “desconocidas” causas por las cuales los adinerados viven una media de seis años más que los más pobres, que ya es afinar también. Y entre los deslumbrantes descubrimientos que explicaban la tesis defendida figuraba que “los ricos llevan una vida más sana y por ende, los menos ricos tienen propensión a un estilo de vida menos saludable”. Aunque eso, añado yo, habría que verlo, barrio a barrio.

Pero los hallazgos no acababan aquí; este estudio descubría también que los ciudadanos más adinerados viven más porque tienen más posibilidades de elegir la manera, y en donde gastar el dinero. Un descubrimiento que a mí al menos me ha puesto los pelos de punta por lo trascendente y novedoso del tema. El  estudio acababa sacando la sorprendente conclusión: La mayoría de las muertes en el Reino Unido en el año 2009 fueron de las personas menos ricas. Sin embargo aún hay más. 

Un eminente economista estadounidense adviertía que estos datos eran verdaderos pero solo en parte, porque, también influye mucho la calidad del servicio asistencial. Morrissey que así se llama este “Séneca”, añadía que el acceso a un servicio de salud de calidad también es un factor importante para vivir más años sea cual fuere el nivel social. 

Menos mal que todos estos estudios están promovidos por entidades sin ánimo de lucro, circunstancia que los exonera de una crítica más cruel. Y es que, ya sabemos, todos tenemos derecho a perder el tiempo como bien nos venga en gana y en el caso que nos ocupa, no diciendo más que inofensivas e infantiles obviedades. 

Y a ustedes señores lectores les pido perdón por haberles quitado unos minutos de su precioso tiempo contándoles esta investigación que se antoja una pequeña tomadura de pelo. Al fin y al cabo en esta vida también hay que encontrar algún momento para dedicarse a leer inofensivas e infantiles historias relatadas por mayores…eso sí, bien es verdad que sin ningún ánimo de lucro tampoco. 


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