El escenario de este viernes es muy parecido al pasado por las bajas temperaturas que estamos disfrutando.
Habrá quien diga, según la esquina mental en que se halle, mejor el calor. Experimentar los dos extremos térmicos presentes en nuestra Mancha es una delicia. Para mí que soy optimista disfruto de las ventajas de ambos. Los pesimistas ya tienen suficiente con lo pernicioso de su inclinación negativa.
En resumen, queridos lectora y lector, es el primer comentario de mi amigo Ciri al encontrarnos en la repetida cafetería. Tengo que deciros sinceramente que me ha hecho pensar, si no puedo hacer nada por trocar la climatología, mejor disfrutar lo que se pueda de ella.
—Una ventaja simple y sencilla es que nos hemos librado por una temporada de las pegajosas moscas y de los silbidos mosquiteros interrumpiendo el sueño —añade complacido el compañero, mientras se despoja de las ropas de abrigo, que no son pocas.
El café bien calentito nos reconforta enormemente, la expresión facial de mi amigo no engaña y, sin hablar, nos comunicamos los sentimientos intangibles, pero a la vez disponiendo de las sendas magdalenas tan apetitosas que nos han servido.
Nos satisface enormemente la decisión tomada con el tiempo: No hablar de política durante el trascurso de nuestra tertulia, aún con la tentación que ofrecen y obligan los acontecimientos contemporáneos.
Adivino que mi amigo no para de pensar en ellos, le cuesta morderse la lengua cuando algo se le impone en la mente, sin embargo es fiel y cumple. Pone cara interesante y lanza la pregunta:
—¿Qué tal llevas el “Blad Friy”, digo “Blaz Fairy”, o sea el “Fari Balnd”, no… el día este donde te animan o casi te obligan a comprar? Nada que no termino de aprender el jodío nombre.
—¿Quieres decir Black Friday? En español significa viernes negro y el origen de su nombre nada tiene que ver con las compras. Bien, sin ninguna connotación importante —le respondo masticando e incumpliendo la regla de urbanidad y a la vez reprimiendo las ganas de reír viendo a Ciri con todas su intención queriendo pronunciar el nombre inglés y rojo por no conseguirlo.
—¿Te has parado a pensar por qué queremos comprar la infinidad de cosas que nos ofrecen los comercios en directo y mediante los medios de comunicación? ¿Nos hacen falta para vivir el día a día? ¿No te sientes atosigado por tanta propaganda a veces acogotante? ¿Tanto dinero tiene la gente como para gastar a manos llenas?
Muy serio se ha puesto Ciri para lanzarme esta andanada de preguntas y no sé por cuál de ellas comenzar, por lo tanto le refiero yo otra:
—¿Tú crees que tan tonta es la gente que gasta hasta endeudarse sin necesidad ninguna?
—Si admito la información de la tele desde luego que sí. Tontos estamos suficientes para alicatar la Tierra y sobraríamos… Hay quienes compran de modo compulsivo si les afirman que aquello es un chollo, aunque la evidencia declare que es inútil, otro trasto inservible para atiborrar el mueble del salón.
—A ver amigo, no seas dramático, los comercios deben ayudarse de la publicidad, para hacer que su negocio prospere y puedan vivir los dueños y sus familias.
—Sí, si te comprendo, —contrapone el compañero haciéndose el cercano al acatar lo que le digo, aún sin convencerse—. No me negarás que comenzando por el “Fris Blac” que me has corregido, siguiendo por la fiesta de la inauguración de las luces navideñas, continuando por los aguinaldos, el Papá Noel y los Reyes Magos, cuando alcancemos San Antón en los bolsillos no nos va a quedar más que pelusas.
—Qué exagerado eres cuando quieres, amigo Ciri. Quien más quien menos hace sus cuentas e intenta ajustar los gastos navideños a la fuerza de su cartera. No creas que todas las personas son manirrotas y compradoras compulsivas. Es que me vas a salir de los del puño cerrado, siempre o casi siempre has sido modelo de generosidad —le respondo con suficiente ironía para no molestarlo pero sí que recapacite.
—Mi posición no es de tacaño, no quieras confundirme. Lo que me pone de los nervios es que engatusen a la gente con argumentos falsos de chollos, rebajas y otras zarandajas para sacarles el dinero.
—Como te oiga algún comerciante te va dar una somanta de palos, bien merecidos, por hablar de esa manera —respondo a carcajada limpia. De sobra sé que a mi amigo no le van las ofensas y menos las injurias, no las pronuncia ni a su peor enemigo.
—Hoy no terminas de entenderme, compañero —me dice con compungida apariencia en el intento de dar lástima,— Mi postura es defender al comerciante y al comprador pero sin agobios incitando al gasto y teniendo cabeza para saber que el dinero es para gastarlo con mesura.
—Te he comprendido perfectamente desde el principio y para demostrar que el dinero hay que gastarlo con medida…, invita esta tarde a este amigo tuyo de toda la vida —lo provoco mientras le guiño un ojo en señal de complicidad—. Si acatas mi deseo, pago yo los copas de mistela.
Se ríe Ciri. Me río yo y disfrutamos entrechocando las copas en brindis de amigos cercanos a la Navidad.
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Jueves, 27 de Noviembre del 2025
Sábado, 29 de Noviembre del 2025
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