Opinión

Un cadáver en la sala (IX)

Juan José Sánchez Ondal | Domingo, 17 de Mayo del 2026
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CAPÍTULO IX.- Donde se cuentan las sospechas de culpabilidad del hermano Segundo

La tarde avanzaba rápidamente y el caso no evolucionaba al mismo ritmo; permanecía estancado. Había que agotar todas las fuentes de información posibles por si alguna arrojaba algún rayo de luz ya que los pálpitos de “Plinillo” parecía que no eran de la calidad de los de su paisano.

    —Llama al hotel Los Vuelos a ver cuántos días estuvo Segundo y a qué hora lo abandonó, le pidió Cervera.

    — ¿Ahora sospecha del hermano, jefe?

    —Qui prodest? Es la pregunta que siempre, en estos casos, hay que hacerse.

    —Jo, desde que es “licinciao”, como dicen en mi pueblo, en derecho, no desperdicia ocasión pa soltar latines. Pues que sepa que sé lo que significa el prodest ese: ¿a quién engorda el bolsillo?, le respondió “Plinillo”.

    — ¿A quién? Que sepamos solamente al hermano y ahora hasta con testamento.

    —Pero si salió ciscao pal aeropuerto, jefe. Claro que pudo dejar a un encargao, pero el personal del cine no da pistas fiables de sicario ninguno.

    —Haz también las indagaciones pertinentes respecto del coche, que ya te he pedido más veces; en Tráfico y en el aeropuerto, a ver dónde está, y en este último, de todo detalle del vuelo en que viajó el Segundo: destino, horas de salida y llegada, compañía, ya sabes.

Como pasaba el tiempo y el tomellosero no aparecía con la información solicitada, Cervera, impaciente, desde su semidespacho le gritó:

    —Ramiro, ¿Qué pasa con la información que te he pedido?

    —Voy, jefe, que estoy esperando la del coche. Hay datos curiosos.

Al rato acudió con el entrecejo fruncido y cara de confundido.

    —Jefe, usted que tiene carrera a ver cómo encaja to esto:

    —El oficial de la notaría dice que el don Segundo llevaba un traje gris marengo como el de su hermano y camisa blanca, como si a pesar del tiempo que no se veían se hubieran puesto de acuerdo pa ir igualicos como los llevaba su madre cuando eran chicos.

    —¿Eso te ha dicho el oficial?

    —Eso es de mi cosecha.

     —¿Tú qué sabes cómo los llevaba?

    — A los gemelos toas las madres los vestían igualicos, jefe.

    Ahora vienen los vuelos: Primero tan tanto y luego tan na.

    Uno: Ninguno que saliera para Colombia, Venezuela ni ninguna de las Américas del norte, del centro o del sur, hasta las 10,40 de la noche., con lo que resulta que el Segundo mentía más que el hermano Fullero con lo de las prisas.

    Dos: En ningún vuelo de los que salieron de Barajas, a ningún sitio desde las cinco de esa tarde, hasta hace un rato que he hablado, figura, pasajero alguno, con su nombre y pasaporte. ¡Que ¿qué me dice?!

    — ¿Y el coche?

    —Es un Mercedes, gris claro, matrícula EWK..9. Figura a nombre de MAVAL, S. L. (Maquinaria Agrícola Valderrocas) que es la empresa del finado. Y, jefe, no está en ninguno de los aparcamientos del aeropuerto, ni en el de la T 4 ni en el de la T 2. Allí no ha entrado nunca ni hay ningún coche con esa matrícula.

    —Claro, que si no entró no puede estar.

    —Usted me entiende, señor letrado.

    — ¡Coño, a ver si es que no lo cogió y está todavía en el aparcamiento de la notaría! ¡Pregunta a ver! Ah, y lo que no hemos hecho: A ver si en la notaría hicieron, como suelen hacer, fotocopia del pasaporte del Segundo o si la hicieron los del control de entrada del aeropuerto la otra noche y nos pueden mandar copia, que hemos estado enseñando la foto del finado, pero no la del vivo. ¿Y has obtenido información del hotel en que se hospedó?

    —Aún no, jefe, doy de mí, lo que doy de sí o doy de sí, lo que doy de mí, como se diga.

    — Pues llama a ver.

Cervera se quedó pensando, tratando de coordinar la información de que disponían. La simulación de las prisas por perder el vuelo ¿qué propósito podía tener? ¿Tenía algún significado el hecho de que el cheque a instancias e insistencia del vivo, se expidiera al solo nombre del muerto para cobrarlo más fácilmente? Es la primera vez que veía una cosa así y que el notario decía que no era usual, pero sí legal. El portero hablaba de dos señores que ayudaron a la anciana mareada que se esfumaron de su vista sin poder dar descripción de ninguno de ellos ni la dirección que tomaron. Sólo que uno era más alto que el otro y de edades diferentes. El joven argentino tenía coartada para haberse marchado del cine antes de terminar la película. Y siendo profesional del medio, tenía sentido que volviera a verla. El que ningún pasajero con la identidad de Segundo haya volado desde Madrid ¿supone que puede encontrarse aún en la ciudad? El coche no ha aparecido, de momento. Podría haberse dirigido a otro aeropuerto. Y no es imposible, dada la catadura del sujeto, que hubiera salido con pasaporte falso bajo otro nombre. Si el asesino era Segundo, por la mitad del precio del solar y el patrimonio del hermano ¿cómo pensaba hacerse a ello con un proceso penal abierto? El mendigo ese que pedía y dormía en la puerta del cine se había esfumado como por ensalmo desde la noche del crimen.

En estas reflexiones se encontraba cuando irrumpió “Plinillo”:

    — ¿A qué va a tener razón, jefe, con lo del qui prodest ese? El coche sigue sin aparecer, pero no está en el aparcamiento de la notaría. Y ayer, ¡agárrese!, a las 17,49 horas, le cascaron una denuncia por estacionar sin distintivo en la calle del General Pardiñas, a na de la notaría, y a na y medio del cine de autos. ¡A las 17,49! Y el coche no está allí ahora, ni grúa ninguna se lo ha llevao al depósito municipal.

    “Oscuro y tormentoso se presentaba el reinado de Witiza” escribió mi paisano García Pavón, en el caso de su novela, y oscuro se nos presenta a nosotros éste, jefe. No aparece el coche, ni sicario alguno, ni el gemelo superviviente; ha desaparecido el “Tetrabrik” de los alrededores y no sabemos quién apioló al valderroquero cinéfilo. Sólo tenemos suposiciones e indicios como usted dice. ¿Por dónde tiramos?

    —Por la calle de en medio,” Plinillo”. La solución suele estar en línea recta y, a veces, andamos dando vueltas alrededor de la diana. Tenemos que encontrar el coche que no se lo puede haber tragado la tierra y de ese cabo ir tirando hasta dar con el ovillo y desenredarlo. Antes o después tiene que aparecer. Insiste en Tráfico.

    Oye, aunque no creo que revele datos definitivos del asesino, no tenemos el resultado de la autopsia y debemos conocerla. Si está, reclama una copia. Cuando tengamos toda la información y la procesemos, quiero que tengamos una nueva reunión con los del cine: taquilleros, empleada del bar y portero. El administrador no se enteró de nada. Ve ordenando la información disponible y completando la que falta. Coche, hoteles, fotografías, descripciones, personajes, todo.

    — A la orden, jefe. Aquí tiene fotocopia del pasaporte del vivo que ha mandado el de la notaría.

    — ¿Han localizado al mendigo? ¿Tienes sus apellidos y sus datos?

    —Según el administrador se llama Eutimio Casado Peláez. Voy a ver qué antecedentes tenemos de él.

Mientras, Cervera desplegó sobre su mesa un plano de Madrid sobre el que fue situando a los personajes y trazando sus itinerarios. Hoteles en que se albergaron los dos hermanos, notaría, cine, lugar en que fue denunciado el coche, fechas y horas. Después las informaciones obtenidas de cada fuente: Notaría, inmobiliaria, hoteles, administrador, declaraciones de los empleados. Quería una nueva reunión con los del cine de inmediato para precisar detalles. Luego la información de las instituciones: Comisaría de Valderrocas, base de datos policiales, Interpol, control de pasaportes del aeropuerto, informes de policía municipal y ORA, informes de los vuelos, parte de la doctora del SAMUR. Faltaba la autopsia y la información del hotel Los Vuelos. ¿Algo más que se le hubiera pasado? Informe de hoteles y residencias en que pudiera estar alojado Segundo, ¿vuelos de esos días de otros aeropuertos?

    —Jefe, ni el sospechoso ni el coche aparecen por ninguna parte, pero hay dos nuevas pistas: Informan del Hotel Los Vuelos que continúa allí alojado. Anoche ha dormido en él en la habitación 419 en la que permanece desde que llegó y esta mañana, sin desayunar, ha salido escopetao y no se ha despedido.

    — ¿Has preguntado por el coche?

    — Sí, tienen aparcamiento, pero como hay sitio suficiente en los alrededores, los clientes no suelen hacer uso de él y este parece ser su caso.

    Y otra: nueva denuncia por el mismo motivo que la anterior, el mismo día, a las 18. 21, en la calle del Doctor Fleming. ¿Que, qué me dice?

    — ¿A qué hora has dicho?

    —A las 18,21, que son las seis y veintiuna de la tarde. Minuto más o menos del que dieron de baja del censo de los vivos al concesionario valderroquero.

    Y otra cosa. Ya los periódicos dan información más detallada del deceso. Mire lo que dice éste: “Como adelantábamos en nuestra anterior edición, anoche, en el cine El Descanso, hallaron muerto a un espectador que responde a las iniciales P.A.B. Se trata de un conocido comerciante de Valderrocas, que en dicha ciudad tenía un floreciente negocio de maquinaria agrícola. Según hemos podido saber resultó degollado, habiéndose desangrado en el asiento en un charco de sangre”.

    —Claro, si se desangró del to formaría un charco, mira tú, comentó “Plinillo”. Sigo:

    “El cadáver lo descubrió, con el consiguiente susto, la limpiadora tras la última sesión de la noche, aunque, al parecer, llevaba horas muerto. Fueron avisados la policía y el SAMUR pero cuando los efectivos de éste acudieron al lugar no pudieron hacer otra cosa que certificar la defunción. Tras levantarse el cadáver fue trasladado al Instituto Anatómico Forense en el que se le practicará la preceptiva autopsia. La policía investiga el móvil del delito que pueda conducir al autor de tan sangriento asesinato”.

    Y creo que también, han dado la noticia en la radio y en la tele. Así es que preparémonos. ¿No le ha llamado el jefazo?

    —Aún no, pero llamará.

En ese momento la oficial de identificaciones, Elvira Orestes, les pasó los antecedentes de Eutimio.

Eutimio Casado Peláez, nacido en Valderrocas, el 4 de julio de 1966, exlegionario. Varias detenciones por alteración de orden público y una condena de dos años por delito de lesiones. Sin domicilio actual conocido, siendo el último en Madrid en la calle Mariano Reguera, 17. Se acompaña fotografía.

    —¡Del mismo pueblo que el apiolado!, exclamó “Plinillo”. Qué casualidad.

    — ¿Le han localizado?, preguntó Cervera.

    —Me informo al contao, pero me da que no, porque no me han dicho nada, contestó González.

Al momento volvió informando.

    —Hasta ahora no lo han encontrado. No ha dormido en la puerta del cine.

    — Que sigan buscándole, ordenó Cervera. A ver si acude esta noche a dormir allí.

    — Me da que va a ser que no, comentó Ramiro.

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