Opinión

La muerte de un torero o el Manzanares de Picasso

Bernardo Fernández-Pacheco | Viernes, 10 de Julio del 2026
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No faltan en la vida oportunidades para presenciar todo tipo de fraudes, bien se sabe que es así. Son tan frecuentes y habituales que muy pronto  quizás desde la niñez ya nos damos cuenta de ello. El famosísimo cuadro de Picasso, conocido por el sobrenombre de  Guernica, que para muchos representa el terrible bombardeo que, durante la Guerra Civil, sufrió esa población vasca, posiblemente sea el mayor fraude de la historia del arte; ya que al conocido mural del pintor malagueño, nada más colgarse en el pabellón de España en la exposición internacional de París de 1937, se le tergiversó la intencionalidad y, como todo cabe en la pintura simbólica, fue presentado al público bajo un marchamo falso que ocultaba su razón de ser original.

No entraremos aquí a juzgar las cualidades artísticas del gigantesco lienzo; sobradamente conocido y famoso es el cuadro como para que abordemos nosotros  esa cuestión. Allá cada cual. Pero sí lo haremos respecto de lo que representa, por su posible relación, no con un pueblo vasco, sino con uno manchego, Manzanares, que fue donde un conocido torero, amigo del pintor, sufrió la cornada que le produjo la muerte.

Reconocemos de antemano que resulta imposible llegar al fondo del asunto, entre otras cosas, porque el propio pintor nunca dijo que representara el bombardeo de Guernica. Poco hablaba de ello D. Pablo cuando se le preguntaba, prefería eludir el tema. En cierta ocasión, simplemente dijo que “el toro es un toro, el caballo es un caballo... es necesario que el público, los espectadores, vean en el caballo, en el toro, símbolos que interpreten como ellos los entiendanque el público vea aquello que quiere ver (Picasso 1947). Siguiendo esa advertencia o consejo, cada espectador se convertiría en juez de pleno derecho de la controversia.

Guernica

El País Vasco Reclama el famoso cuadro del pintor malagueño, cuando la comunidad autónoma que debería hacerlo es Castilla la Mancha.

Sin embargo, hay detalles en el cuadro y alrededor de él que dejarían ver con claridad que esa obra pictórica, por muy surrealista que sea, no se concibió ni se realizó en absoluto pensando en el bombardeo que sufrió la población de Guernica ni es una denuncia a los desastres de la guerra, sino que es una alegoría inspirada en la muerte de un torero. Un suceso que conmocionó a España y, muy en especial, a los círculos artísticos y literarios. Veamos esos detalles:

Los símbolos: En el cuadro destaca la significativa falta de símbolos vascos. No hay nada que permita la clara identificación de los elementos de la pintura con el triste acontecimiento del bombardeo perpetrado por la legión Cóndor. Por no estar, no está ni el árbol de Guernica; pero tampoco hay identificadores secundarios, ni de la ciudad ni de la región vascongada. Algunos, en el colmo del disparate y de la desesperación, han querido ver en la bombilla una bomba.

Las fechas: El gobierno republicano encargó al pintor, con la debida antelación, un gigantesco cuadro para la Exposición Internacional de Paris, inaugurada el 25 de mayo de 1937. El bombardeo tuvo lugar en 26 de abril del mismo año. Suponiendo que Picasso se hubiera puesto a trabajar el mismo día 26, no parece que sea tiempo suficiente  para realizar una obra tan grandiosa, que, por su propia envergadura y dimensión, exige estudio, ensayo y ejecución de bocetos antes de realizarse.  Más lógico resulta interpretar que la elección del tema y la preparación de un proyecto de esa naturaleza se hicieran con otros plazos, no con la premura de menos de un mes.

El tema: No tendría nada de extraño que el pintor, relacionado con el mundo del toro y amigo de toreros, hubiera elegido el lado trágico de uno de los emblemas españoles en el extranjero: la fiesta taurina. Máxime cuando él frecuentaba esos círculos, conocía a los toreros más famosos de la época y captaría directamente la conmoción del país ante la muerte de Joselito (1920) o la posterior de Sánchez Mejías (1934).

Lo que se ve: Todos los elementos que suelen aparecer alrededor de las muertes trágicas en las plazas de toros están presentes en el cuadro: toro, caballo, matador con espada en mano, llanto, mujer e hijo, amante, amigos, allegados, lámpara de una sórdida enfermería de pueblo, etc. Es evidente que el cuadro refleja una luctuosa tragedia, pero ¿no es acaso la catártica y magnificada muerte de un torero en el ruedo una tragedia de dimensión nacional en España?

En definitiva, que todo apunta a que no fue el bombardeo de Guernica el acontecimiento que diera origen al mural, sino que la ambigüedad del tema y el simbolismo elegido (la tragedia ante la muerte inesperada) permitieron el cambiazo.

 En aquel momento, para los intereses de la República venía mucho mejor presentar en París la matanza vizcaína que recrear el manido tópico carpetovetónico  del llanto por la muerte de un torero. Asunto éste, sin embargo, no menor ni baladí, al que no hacían ascos ni artistas ni intelectuales de la generación del 27, entre otros el mismísimo García Lorca, quien también abordó la muerte del torero amigo con un conocido poema.

Diversas fuentes apuntan que la idea de llamar al lienzo de Picasso, que representa la muerte de un torero, Guernica fue del representante de la Generalitat de Cataluña en la Exposición Universal de París. Lo hizo cuando la obra ya estaba colgada en el pabellón de España, y, como es de suponer, la audaz ocurrencia tuvo plena aceptación entre los representantes del gobierno español.

El cuadro permitía el canje y todo quedaba bajo secreto inexpugnable; mejores siete llaves no había, ya que si desde los organismos oficiales se afirmaba que aquello representaba el bombardeo de Guernica, ¿quién se iba a atrever a discutirlo? En otros tiempos y ante otras telas, la cuestión no hubiera tenido lugar por obvia y evidente. Con La rendición de Breda, u otras obras similares, por su carácter realista e inequívoco mensaje, no se hubiera podido realizar el cambio.

¡La pintura surrealista y simbólica lo permite todo! Y, acogiéndose a esa cualidad, Picasso, aunque se lo pidieron, nunca dio explicaciones sobre el cuadro ni sobre los motivos que lo llevaron a pintarlo. “Mejor no meneallo”, diría para sí el genial malagueño, mientras los más aguerridos esnobs (papanatas que, en estos casos, nunca faltan) rondaban por los museos y las exposiciones donde el cuadro se exhibía retorciendo simbolismos y rebuscando significados ocultos.

Y, puestas así las cosas, ¿por qué no suponer que el contexto del cuadro recoge la enfermería de la plaza de toros de Manzanares, el 11 de agosto de 1934, y que el herido es el propio Ignacio Sánchez Mejías, en representación de la saga mítica de toreros muertos, por ser el último de los caídos  en los ruedos?

Si atienden las razones expuestas y, sobre todo, si miran el cuadro con el debido detenimiento, fácilmente se puede comprobar que la hipótesis no es en absoluto descabellada y que el Guernica es un “gato” interesado que corretea cual “liebre”, campando descaradamente por la Historia.

*Bernardo Fdez-Pacheco Villegas es psicólogo y escritor.


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