No falla el mes de julio con
su mochila de días calurosos imprescindibles en el curso natural del año, hoy
es uno más de ellos. Tampoco fallamos nosotros a nuestra junta. Este tiempo
hace que nos sintamos más optimistas que en las tardes del crudo invierno.
Trae Ciri unas gafas de sol
con cristales oscuros, obviamente. Es algo que los oculistas recomiendan como protección
para contrarrestar la excedencia de luz solar, dañina para los ojos.
Me ha resultado extraño que
no se las quite en el momento de la recepción de las magdalenas y el café. Me
lleva mi curiosidad a preguntar el porqué de su extraño gesto.
—Quiero observar las cosas
como lo hacen los poetas.
Ya estamos…, la pregunta me
salta de inmediato en la cabeza y no encuentro respuesta a bote pronto, por lo
cual se la lanzo sin más contemplaciones:
—¿Pues cómo observan el
mundo los poetas?
—Deben ponerse algún
accesorio mental al levantarse.
Crece mi extrañeza con la
respuesta. Máxime cuando contemplo que mi amigo continúa con su labor de
degustación sin mostrar afección ninguna. Da por aprobada su afirmación y
prosigue con su labor saboreante.
Unos minutos de silencio, se
me hacen eternos, miro por el borde bajo de mis cejas ocultando la mirada
entre los pelos, que por la edad necesitan
recorte de peluquero.
Como os digo, amigo amiga
lectores, Ciri se mantiene impertérrito, con una excepción, le ha costado tres
intentos introducir la cuchara en la taza, con esas lentes y con el escaso
alumbramiento que hay en la sala, es normal, no atinaba en la diana. Espero que
no se equivoque de taza y coja la mía. ¡Hasta ahí podríamos llegar!
No aguanto más y con un tono
de voz rozando la escala de barítono
atacando la partitura le digo.
—O me aclaras tu postura o
me voy con Julián que está en la mesa del rincón escuchando con atención
—aprovecho y levanto la mano saludándolo, nuestro seguidor responde con una
sonrisa.
—¿Es que tú también eres
poeta? Te ha salido un pareado en la última frase, tristemente lo llamaría
ripio. Aunque seamos amigos no puedo calificar tu intromisión lírica de suma
cum laude.
Conozco bien al amigo y
percibe que no me agrada su actitud. Termina con el trozo último de magdalena y
toma la palabra:
—Ay qué poco aguante tienen
algunos… Te explico, querido amigo. Asisto a muchos recitales, encuentros de
poetas, lecturas de poemas. También sigo con mucho interés las publicaciones de
trabajos poéticos en medios de comunicación como La voz de Tomelloso y otros
periódicos digitales.
—A mí también me encanta,
además de estar al día de las noticias, leer los escritos de muchas personas
que, sin ser famosas, lo hacen muy bien.
—Entonces estarás de acuerdo
con mi afirmación, muchos poetas, no digo todos, describen sentimientos y
realidades desde una tristeza especial, una congoja, un sin vivir… Terminas el
texto y te invade una sensación de que estamos asistiendo a una maldición del
Averno.
—Sin exagerar, amigo, estoy
de acuerdo con tu tesis, aunque subrayo que no todos.
—Es evidente que si el tema
a tratar es triste, serán similares los términos que se usen, pero no siempre
estamos de duelo, muerte, sufrimiento, angustia, desesperación.
—También hay quienes
escriben poesía romántica, de amores de felicidad, de encuentro de personas
enamoradas.
—Por supuesto que sí. ¡Menos
mal! Es la que más me gusta con diferencia. De lo contrario me borraría de leer
poesía. Para fortalecer mi opinión te dejo
un ejemplo con un poema, que he nominado: “Armagedón”. Te recuerdo lo que tú ya
sabes, esta palabra y concepto aparecen en el Libro del Apocalipsis, que deriva
de una palabra hebrea que significa Monte de Meguido.
ἉΡΜΑΓΕΔΏΝ O MONTE DE MEGUIDO
El campo sufre endurecida su
epidermis,
las plantas gritan su sed
día y noche
ante la luna brillante como
filo de naja
a punto de degollar sus
gargantas resecas.
Bóreas azota una y mil veces
con su látigo invisible
trenzado de vientos,
azuzando sus caballos Siroco
y Simún,
levantando con sus pétreos
cascos
la calima que ahoga aún más
a la desfallecida y vieja
Madre Tierra.
Cientos de jinetes
apocalípticos
persiguen con saña
al resto de mortales
vivos a su pesar.
Mujeres escuálidas
estrujan sus pechos
en los labios de criaturas
agonizantes y hambrientas.
Una nube contempla
la devastación exterminadora,
llora lágrimas de amargura
que como víctima
propiciatoria
redime al desangrarse
sobre aquel funesto orbe.
Se oyen aplausos.
De pie varios de los vecinos
cafeteros vitorean asombrados al nuevo
Ciri poeta.
No salgo de mi asombro.
Confieso sin rubor que esta faceta de mi amigo la desconocía, sobre todo el
énfasis y entonación con que ha remarcado su escrito.
Noto una mano en mi hombro,
es de mi amigo Julián Sánchez Moya, toma del brazo a Ciri y con su sonrisa
siempre agradable nos dice por bajinis:
—Para cambiar de partitura os
invito a unos helados de los que os gustan, pero no arméis barullo no vaya a
ser que se nos encariñen el resto de los presentes.
Obedecemos en total
silencio. Aprovecho la salida para darle un pellizco al colega en el costado y
decirle:
—Con que poetas escritores
de poemas tristes… y tú ¿Dónde te sitúas derroche de jolgorio?
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Viernes, 10 de Julio del 2026
Sábado, 11 de Julio del 2026
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