Tomelloso

David Castillo: «Esta función tiene mucho de juego y de diversión»

El actor interpreta al protagonista joven en «Mihura, el último comediógrafo», que el próximo sábado llega al Marcelo Grande.

Francisco Navarro | Domingo, 4 de Octubre del 2026
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El próximo sábado 10 de octubre llega al Teatro Municipal Marcelo Grande de Tomelloso «Mihura, el último comediógrafo». La obra, escrita por Adrián Perea y dirigida por Beatriz Jaén, es uno de los estrenos más esperados de la nueva temporada. Hablamos con David Castillo, que interpreta al dramaturgo en su juventud, muchos años antes de convertirse en el hombre que encarna Rulo Pardo. El actor habla del proceso de creación, de la complicidad con su compañero de reparto y de ese juego entre dos edades de un mismo personaje que es una de las claves del montaje.

David Castillo se enfrenta en «Mihura, el último comediógrafo» a un personaje que, en realidad, son dos. Él interpreta al escritor en su juventud; Rulo Pardo, en su madurez. Entre ambos construyen el recorrido de un hombre que todavía está lejos de ser el autor que acabará conociendo el público.

Castillo reconoce que, al acercarse al personaje, también tenía en la cabeza la imagen del Mihura mayor, el escritor de carácter difícil que forma parte del imaginario colectivo. El reto consistía en encontrar al hombre que había antes de todo aquello.

«Todos tenemos esa imagen de ese señor mayor, con su cojera, testarudo y cascarrabias, pero todos hemos pasado por otro lugar hasta llegar ahí», explica. La obra permite precisamente asomarse a ese momento anterior, cuando todavía están por delante muchas de las experiencias que acabarán marcando su vida.

La relación entre los dos actores es fundamental para contar ese recorrido. Durante los ensayos, Castillo y Pardo intercambiaron los textos y trabajaron juntos para encontrar la conexión entre las dos etapas del personaje.

«Hacíamos ejercicios en los que nos íbamos diciendo el texto el uno al otro. Al final, con la complicidad de los propios ensayos, se genera esa conexión», cuenta.

Esa conexión aparece de forma muy concreta sobre el escenario. En dos momentos de la función, ambos personajes se pasan el testigo y aparecen los papeles de Tres sombreros de copa, la obra que marcará de manera decisiva la trayectoria de Mihura.

«Hay dos momentos en los que directamente, sobre el escenario, le paso el testigo a Rulo. Nos pasamos los papeles de Tres sombreros de copa. No hay una manera más bonita de representar ese relevo», señala Castillo. Es un gesto sencillo, pero cargado de significado. «Es muy sutil. Hay que estar atento, porque no es algo que se señale de una manera obvia, pero sí se muestra ese relevo generacional», apunta.

El montaje también se enfrenta a una cuestión inevitable cuando se recupera hoy a un autor como Mihura, cómo mirar desde el presente un humor escrito en otra época. Castillo cree que hay que conocer el contexto antes de juzgarlo con los ojos actuales.

«Cada uno somos hijos de nuestra época y hay que saber cuándo se hicieron las cosas», sostiene. En la propia función han querido jugar con esa cuestión y revisar algunas situaciones desde la mirada contemporánea. «La obra ya ha revisitado esos lugares. Incluso nos reímos un poco de eso y le damos la vuelta».

Ese juego es, de hecho, una de las palabras que más aparecen cuando Castillo habla del montaje. La obra no pretende convertir a Mihura en una pieza de museo. Hay humor, movimiento y una complicidad constante entre los actores.

«Es muy fácil que cualquier trabajo, por muy divertido, ilusionante y querido que sea para uno, termine convirtiéndose en un trabajo con todas las connotaciones negativas que tiene esa palabra. Y esta función tiene mucho de juego y de diversión», explica. Por eso intentan conservar esa actitud en cada representación. «Le hacemos mucho caso a Miguel Mihura y nos lo tomamos todo como un juego», dice entre risas.

Después de más de un año de recorrido, la función ha encontrado su propio camino y Castillo valora especialmente la respuesta del público. «Está teniendo una vida muy bonita. Tuvo una acogida preciosa y es una alegría», asegura.


El actor llega a Tomelloso con una trayectoria que combina teatro, cine y televisión. Ha trabajado en montajes como Retorno al hogar, RUN (Jamás caer vivos), Lulu, Pedro de Urdemalas o Emilia, y en series como El tiempo que te doy, La última, El Cid, Amar es para siempre o Aída. En los últimos años ha alternado ambos medios, sin entender el escenario y la cámara como territorios enfrentados.

La llegada a Tomelloso tiene además una curiosa conexión con Emma Suárez, con quien Castillo ha trabajado y que mantuvo una estrecha amistad con Marcelo Grande, el artista cuyo nombre lleva el teatro municipal. La actriz estuvo vinculada durante años al escenógrafo y pintor tomellosero, una coincidencia que añade un pequeño vínculo con la ciudad a la visita de la compañía.

El próximo sábado, David Castillo será el Mihura joven. Rulo Pardo, el hombre en el que acabará convirtiéndose. Dos edades, dos actores y una misma historia que permite mirar al dramaturgo antes de que se convierta en el personaje que todos creemos conocer.

Y, sobre todo, recuperar al hombre que estaba detrás. «La persona que de joven tenía ese viaje alegre», resume Castillo.

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